jueves, 13 de junio de 2013

Gancho al corazón_ Relato Corto



Gancho al corazón
Les voy a contar mi historia, y como todo lo que tiene que ver conmigo, es genial, por decir lo menos. Bien es cierto que mi vida ahora no es como la soñé mientras crecía o reinaba en la escuela, pero sigue siendo fuente de envidia para muchos y de total espanto para otros. Suerte para mí que en estos momentos me importa una mierda lo que piensen los demás, ahora que, esto me lo enseño mi amante.    

         Mi hombre tiene apenas veinticinco años, piel ligeramente achocolatada y serios ojos azules, pero lo que más me gusta de él es su altura, metro noventa de músculos fibrosos y huesos sólidos. Amo peinar su largo cabello rubio en cientos de trenzas apretadas, las cuales caen como cascada hasta su media espalda. Nosotros hacemos un lindo contraste, donde su piel es morena, la mía es blanca, siendo él una torre, yo mido apenas  metro setenta y cinco de cuerpo esbelto. Nos vemos hermosos al estar juntos. Hasta mi cabello negro recortado por un profesional se ve interesante junto a las trenzas largas de mi amor.

El cómo estamos juntos, cómo termino este rudo deportista emparejado con un “niño bien” como él me llama. Es sencillo, algo de artimañas de mi parte, sexo rudo de la suya, que puedo decir, lo amo, aunque no siempre fue así.

Recuerdo como si fuera ayer cuando  tenía  mis recién  cumplidos dieciocho años, estudiaba en una prestigiosa escuela europea, lugar donde las más prestigiosas y blasfemamente ricas familias enviaban a sus jóvenes vástagos. Yo era uno de esos chicos afortunados, jamás se me negó dinero, caprichos o lujos, reinaba sobre mis compañeros varones, ya que era una escuela de hombres. Lo único que no conocí fue el amor, la idea de una familia siempre fue para mí una asociación de personas que perpetuaban la riqueza recibida generaciones atrás.

Dentro de las paredes de la escuela se te permitía conocer a otros chicos de una manera íntima, pero una vez graduados, sería con una joven apropiada con quién acabaríamos casados, la riqueza va aunada a la responsabilidad de dar herederos, jamás se me ocurrió pensar en una opción de vida diferente.

Vestido con mi uniforme verde, donde lucía bellamente bordado el escudo de armas de la escuela, caminaba con mi séquito al comedor donde se servía el desayuno a los seiscientos estudiantes. Al ser mi familia una de las  fundadoras de tan prestigiosa institución, tenía un lugar de honor en la mesa más cercana a la de los profesores, justo a la derecha. Ese sería el lugar donde mi descendencia también se sentaría.

El desayuno fue servido por el personal, vestido como lo harían los camareros del más fino restaurante, no se podía pedir menos para los nenes de papá. Estaba bebiendo mi té, cuando al levantar la vista lo vi, era el chico del que mis compañeros no dejaban de hablar desde que llegue el día anterior de las vacaciones de verano.

Ese era el pobretón del que te hable— me susurro al oído Jorge Damian Sterios III, como si temiera que el gigante al descubrirnos en la insidia se levantara de su mesa  y viniera a partirnos el cuello— tiene una beca deportiva— agrego dándole una mirada disimulada al chico que desayunaba sin percatarse de nada a su alrededor—, será el campeón de boxeo, o algo así.

En ese momento entendí por que la buena voluntad de nuestro magnánimo Consejo Escolar, esa era la solución ante las constantes palizas que la escuela de San Miguel le daba a nuestro equipo de boxeo, ahora que en cuanto al de futbol, se necesitaría algo más que la llegada de un gigante de piel color caramelo y cabello rubio para mejorar las perspectivas. A los “niños bien” no se les da mucho sudarse la camisa. Nuestro fuerte estaba en las competencias de debate o en cosas parecidas. Al parecer la escuela había tomado medidas al respecto.

Cuando estaba por levantarme de la mesa, llego hasta mi el secretario del director, me indico que debía asistir a la oficina del señor Dantino, ya que tenía algo urgente que hablar conmigo. Al notar las miradas preocupadas de mis compañeros, simplemente me encogí de hombros, que podía hacer el buen Dantino en mi contra, sabía un par de historias que eran mi seguro.

—Iré después de terminar aquí— le hable al hombre con mi mejor tono de superioridad, era bueno que el tipo no olvidara cual era el lugar de cada uno en el mundo.

—Al director Dantino no le gustará que le haga esperar— insistió el secretario, creyendo que follar con su jefe le daría un salvoconducto, ignorando que a una palabra mía y su jueguecito estaría terminado.

—Iré en su momento— salí del comedor dándole la espalda al chico, demostrándole lo poco que me preocupaba su rabieta. Con una sonrisa pude sentir las dagas de sus ojitos verdes en mi espalda. Pobre diablo. Lo dejaría patalear un poco más, al menos que su impertinencia me fuera demasiado molesta.

Después de mi clase de matemática y antes de la de literatura, decidí honrar al director con mi presencia. Tengo que admitir que me preocupo un poco la mirada exultante del hombre, la que trataba de disfrazar tras una sonrisa serena. Como todo en la escuela, la oficina del director se veía, sobria, elegante y antigua, el señor Dantino hacía juego con el mobiliario.

Al salir de la oficina, tuve que respirar profundo para no caer de rodillas sobre la alfombra, la presencia del secretario sentado tras su escritorio, fue lo que acabo por darme la fuerza necesaria para no hacerlo. La sonrisa burlona tras sus ojitos verdes, fue un golpe al hígado, me prometí allí mismo que acabaría con esa parejita de amantes de mierda.

Salí de allí con paso lento, la espalda recta, la mirada altiva. Podía estar pasando un mal rato, pero eso no quería decir que le daría el gusto a nadie de adivinarlo. Al ver en mi reloj de platino la hora, me di cuenta que no valdría la pena entrar a la clase de literatura, así que me encamine a mi habitación, la que contrario al resto de los estudiantes, no compartía con nadie.

Al cerrar la puerta, recosté mi cabeza a la madera, mientras pensaba en la manera de vengarme del director. El maldito me tenía por las pelotas y yo tenía que obedecerlo, mi padre podría perdonar uno o dos devaneos con otro chico, pero de allí a un escándalo, sería exigirle demasiado a mi suerte. Sabiendo que no podía hacer otra cosa, pensé en que excusa  les daría a mis “amigos” ante el hecho de  ser la niñera del boxeador.

Quitándome la chaqueta del uniforme, le deje sobre la silla del escritorio, sintiéndome frustrado y furioso al mismo tiempo, camine al baño. En el lavado me refresque la cara, dejando a propósito que el agua helada golpeara mi piel. La vista que me dio el espejo era tan buena como siempre, mis ojos claros, mi piel color crema, mi cabello negro y mis ojos rasgados, mis amantes siempre decían que yo tenía mirada de gato. Nunca supe si enfadarme o sentirme alagado por eso.

En ese tiempo el conocimiento de mi propia grandeza, condimentada con mi belleza física, el capital de mi familia y el temor con el que algunos me trataban, me hacía pensar que todos estaban por debajo de mí. Ahora sé que todo eso me convertía en una copia al carbón de mi propio padre. Hombre que odiaba en los días buenos y que detestaba en los malos. Así que con todo eso, esperaba que el boxeador pobretón se convirtiera en mi sirviente, en mi esclavo personal.

Al salir del baño encontré que una pequeña maleta estaba colocada sobre la otra cama, confeccionada con una mala imitación de cuero, que parecía tener más años que la Capilla Sixtina. De seguro alguno de los sirvientes entro y dejo ese pedazo de basura sobre la fina tela de hilo. La idea de compartir habitación hizo que se me revolviera el estomago, pero con una sonrisa me di valor a mí mismo. Eso solo sería el precio que tendría que pagar para tener a mi propio perro.

La mañana termino, el almuerzo fue mi rutina de siempre, chicos dándome miraditas pidiendo un oportunidad en mi cama, otros tantos tratando de congraciarse con el heredero de la mayor fortuna familiar de la escuela, que podía decir, disfrutaba de reinar sobre todos esos idiotas. Al levantar la mirada, descubrí que era observado por el boxeador desde la mesa que estaba frente a la mía, el uniforme del tipo parecía estar a punto de reventarse en los hombros, era como una bestia apenas contenida por la tela. Lo que más me impacto era la mirada burlona en sus impactantes ojos azules, como si pensara que yo era algo menos que una mierda en su zapato, yo le devolví una de las mías, no me faltaban de esas. Al parecer el perro era de los que mordían.

El día transcurrió entre clases y comentarios murmurados por lo bajo al verme pasar por los pasillos. Eso debía agradecérselo al secretario chismoso, el mocoso estaba haciendo su trabajo en fastidiarme, una vez controlado mi problema con el boxeador, iría por el pellejo de ese inútil.

Al llegar a mi santuario de tranquilidad, entiéndase mi habitación, al abrir la puerta quedé hecho de piedra, sobre la cama vecina a la mía, encuentro a un metro ochenta de hombre acostado sobre mi cama, como si fuera algo que tuviera todo el derecho de hacer.

  —¿Qué hace aquí? — Chillo más que preguntar, aún a sabiendas de que ahora es también su dormitorio. Esperaba que se acercara a mí, me pidiera algo parecido al permiso para entrar en mi territorio o algo, jamás que llegara y se instalara como si estuviera en su propia casa.

—El director dijo que este sería mi dormitorio de ahora en adelante— hablo sin levantar la vista del libro que leía. Su descaro hizo apretara los puños contra mis costados, pensando en lo que le respondería, deje que mis ojos vagaran por sus piernas largas y musculosas, su cadera vestida con una pantaloneta corta de deporte y su camiseta sin mangas tan ajustada que se podía contar los músculos del vientre, sentado allí era como un león en descanso.

—Al menos debió haberse presentado— refunfuñe mientras me quitaba la chaqueta y la dejaba cuidadosamente sobre la silla de mi escritorio—. Era lo menos que podía esperarse de una persona con la mínima educación.

El enorme costal de músculos solo emitió algo parecido a un gruñido mientras yo me cocía en mi propia cólera. Teniendo suficiente experiencia en discusiones, supe que no le ganaría esta al tipo, el se negaba a discutir. Sin saber muy bien cómo actuar en compañía de otra persona con la que no planeaba tener sexo, decidí que si él no era respetuoso, yo tampoco tenía obligación de serlo. Con suerte era algún homofóbico, de esos machitos que se espantan con la hombría de otro más atrevido, mi padre podía darme una paliza si lo deseaba, pero dejar que alguien le ponga  una mano encima a su heredero, era totalmente distinto.

Con una sonrisa en mis labios, pensé en darle al chico todo un espectáculo, lentamente me quite la corbata, colocándola cuidadosamente sobre la chaqueta. Sintiendo la mirada del boxeador a mi espalda, me negué en darme por aludido. Sabiendo que tenía la total atención de mi compañero de cuarto, comencé a desabotonar la camisa blanca, lentamente la deslice por mis hombros, dejándole ver mi espalda esbelta cubierta por tersa piel blanca.

Con tiempo, estudiando cada movimiento, coloque la camisa doblada sobre el resto de mi ropa. Mojándome los labios con la punta de mi lengua rosa, me prepare para el estelar, colocando mis manos en el cinturón, lo quite, acomodándolo sobre el respaldar de la silla. Al poner mis manos sobre el broche de mi pantalón, escuche la voz neutra del hombre — Te cuidado, niño bonito— me advirtió como si yo debiera tomar en cuenta sus palabras— no vaya a ser que encuentres más de lo que estas buscando.

A veces me pregunto cómo pude ser tan idiota, o tan afortunado, si lo miró en perspectiva, pero en ese momento lo que obtuve no era precisamente lo que esperaba.

—¿No me puedo desnudar en mi propia habitación? — le pregunte dedicándole un guiño— si te molesta te puedes marchar, no te detengo.

La risa ladeada del boxeador me advirtió lo que estaba por venir, lástima que mi enorme ego no me permitiera ver el matiz que estaban tomando las cosas — De que puedes, puedes— me aclaro el boxeador mientras dejaba el libro que estaba leyendo sobre la mesita de noche— Lo que te trato de explicar, niño bonito, es que no te lo recomiendo.

Ese era un reto, no había duda de ello, ese era mi maldito problema, caer en picada cuando alguien sabía golpear donde dolía — ¿Qué hará?... ¿Golpearme?— lo rete con mi mejor tono de superioridad, todo mientras comenzaba a bajar los pantalones del uniforme, permitiéndole ver mi trasero firme.

—¿Cómo te llamas? — me pregunto en un tono de voz bajo. Al volverme para mirarlo, descubrí que sus ojos azules ya no eran helados ni me miraban con burla.

—Damiam Antoneth Delorca IV— le respondí dando un paso atrás, algo me decía que era mejor si comenzaba a ser un poco amable con el tipo.

—Jamás me follo a alguien sin saber su nombre— se levanto de la cama con tal lentitud, que por primera vez en toda mi vida realmente supe que era tener miedo— Mi abuela me educo bien— agrego, mientras se acercaba hasta donde yo estaba.

Conforme el venía a mí, yo daba un paso hacia atrás, el sentir la pared a mi espalda supe que el espacio se me había acabado. Los casi dos metros de músculo sólido cubierto por piel color caramelo me acorralaron, dos brazos anchos como trocos se situaron uno a cada lado de mi cabeza, reteniéndome en el lugar.

—¡Vete a la mierda! — gruñí colocando mis manos sobre el pecho de mi captor, el que amenazaba con aplastarme contra la pared.

La risa ronca me hizo levantar la mirada, los ojos azules brillaban como si dos ascuas estuvieran encendidas en lo profundo — Esa boquita tan linda no creo que este hecha para ser tan grosera— tomo mis manos y las retuvo una a cada lado de mi cabeza, una de sus musculosas piernas se metió en medio de las mías, acariciando mis bolas.

—¿Qué haces? — Logre que las palabras salieran de mi boca. La desnudez ya no pareció tan buena idea, él estaba vestido y yo tan desnudo como cuando vine a este mundo.

La pierna que estaba entre las mías se levanto logrando que yo quedará prácticamente sentado sobre él— Te estoy mostrando por qué no es bueno que te desnudez en mi presencia— Esas fueron las últimas palabras que escuche antes de saber cómo besa un chico malo. La lengua del hombre cepillo mis labios, por puro instinto los abrí dejando que él me invadiera. Mientras mi boca era violada mi culo fue masajeado sin tregua por las manos grandes de mi boxeador, una mezcla entre el placer y el dolor que me hizo jadear.

—Déjeme— le grite justo antes de que su lengua entrara hasta llegar a mi garganta, todo mientras sus brazos me levantaban en vilo. Yo para evitar algún accidente, acabe enrollando mis piernas en sus caderas, los penes se rozaban a través de la fina tela de mi ropa interior y del pantalón corto.

Siempre he sido el de arriba, me encanta sentir que tengo el poder sobre otro, pero con el boxeador, eso era francamente imposible. Sin ceremonia ni falsas ternuras, fui arrojado a la cama. Esto hizo que me diera cuenta de lo que estaba a punto de suceder, y eso no era algo que yo permitiera, poniéndome de cuatro patas trate de escabullirme del colchón, pero unas manos grandes me halaron por el tobillo haciéndome caer de panza sobre las mantas. El picor sobre el trasero me dio una pista de que acababa de ser nalgueado.

—Maldito muerto de hambre— chille al sentir el peso del hombre más grande sobre mi espalda, su mástil se restregaba sobre mi pobre culo virgen—¿Quién te dijo que me gustan los hombres?

—Cualquiera que mueva el culo como tú lo haces al salir de sus pantalones— me dio un mordisco suave sobre mi hombro— merece que lo follen.

—Mi padre te despedazara— evite gritar por todos los medios, temía que alguien nos escuchara y entraran a la habitación para ver que sucedía. La escena se explicaría por sí misma.

—Aquí no está tu padre— metiendo una mano entre mi vientre y la cama, encontró mi pene que ya tenía mojada la tela— Yo solo sigo las ordenes de tu cuerpo caliente.

Como si yo pesara lo mismo que una brizna de paja, me dio la vuelta, quedando de frente a él. Su boca tomo la mía, su lengua imitaba lo que su sexo le haría a mi temeroso culo. Mi pene totalmente desnudo fue estrujado por sus manos.  

Si algo me quedaba de autocontrol, se fue al diablo cuando mi torre de músculos me mordió una tetilla, el escozor me hizo gritar, si no fuera por su mano colocada en mi boca, hubieran venidos todos los encargados a ver dónde era el incendio.

— Contigo no voy a necesitar lubricante —, me susurro al oído mientras embarraba sus dedos de liquido pre-seminal— con lo mojado que estas no hará falta.

—¡Suéltame! — Me sofoco al sentir como un dedo entra en mi canal— Alguien puede venir y vernos — le advierto con lo único que me queda de control. Todo se fue al drenaje cuando la boca golosa recorrió mi pecho hasta llegar a mi pene, que para ese momento destilaba en su desesperación.

La boca me devoro hambrienta, mi sexo fue consumido, pude sentir como me deslizaba por su garganta, este chico sabía lo que hacía.  Mordiéndome los labios ahogue sollozos, dos dedos jodían mi culo, mi pene apunto de soltar su carga fue abandonado sobre mi vientre. Me reí de mi mismo ya que pensé en que ese hombre era hetero.

—¡No! — Me queje, en ese momento me di cuenta de que había cerrado los ojos para no ver al hombre que me estaba sometiendo.

—¿No, qué? — Me pregunto antes de volver a tomar mi boca, sabiendo perfectamente lo que me hacía. Aferrándome a sus hombros abrí las piernas, él se acomodo entre ellas, su pene grueso amenazando mi entrada— Pídelo y te lo daré.

Mi mente dijo “jamás”, pero mi boca tomo su propia decisión— Por favor—, suplique para mi total vergüenza— entra.

El hombre me tomo la palabra, usando el líquido que escapaba de mi eje, termino de lubricar mi agujero, una vez que estuvo satisfecho de mi rápida preparación, me estaco sin ningún reparo. Justo antes de que dejara escapar un grito de dolor, cubrió mi boca con la suya, tragándose mis gemidos desesperados. Quedándose quieto, le permitió a mi cuerpo acostumbrarse al duro invasor. Apenas estaba sintiendo como mis tejidos se extendían alrededor de su enorme miembro cuando él comenzó a envestir en mi.

Lo que jamás llegue a imaginar posible, ahora estaba gimiendo como una puta, Damiam Antoneth Delorca IV le suplicaba a un boxeador de los barrios bajos que le diera duro por el trasero. El mundo jamás volvería a ser el mismo, casi me daba miedo por lo que encontraría al salir del dormitorio.

—¿Te gusta? — me pregunto soltando mis manos que tenía apresadas contra la cama— tócame y demuéstramelo—. El deseo ardía en mis entrañas, mi pene ya no podía estar más duro, toda la piel de mi cuerpo hormigueaba con cada caricia suya, hasta el peso que me aplastaba contra la cama aumento lo erótico del acto. Clavando mis uñas en el redondeado trasero, las clave hasta traspasar la piel. El dolor pareció excitar todavía más a mi semental, que cambiando de posición dentro de mí, golpeo mi próstata de la manera más sucia que un ser humano pudiera.

Aferrado al cuerpo de mi bruto, trate de sostenerme de algo para evitar perderme en ese mundo de placer que me daban sus dientes al marcar mi piel pálida, sus manos  al estrujar mis costados, su pene como una espada venciendo al rebelde dentro de mí. La soberbia de generaciones de Delorcas se diluyó al sentir como  él marcaba mi cuello con una mordida que estuve seguro hizo sangre, mis bolas se apretaron contra mi cuerpo, dejando salir largos hilos blancos de semen.

—Eres mío— sentenció cuando los últimos chorros de semen ahogaban mi pobre culo— de ahora en adelante este culo será solo mío— un golpe a palma abierta pico en mi cadera— y si descubro que juegas a las manitas con alguien, te juro que le arranco las pelotas al pobre infeliz.

Después de eso, las cosas corrieron de una manera que no hubiera podido detener, así lo quisiera. Mi boxeador le pateo el trasero a dos tipos que en su momento quisieron pasarse de coquetos conmigo. Al llamar el director a las víctimas a la dirección, los pobres estaban tan asustados que no se atrevieron a decir nada. Desde eso, nadie me mira dos veces, no sé en qué momento, pase a ser propiedad de chico de barrio pobre. Durante un tiempo fingí que aceptaba sus constantes folladas por simple necesidad, ya que ningún chico que apreciara su vida se me acercaba.

Y ese fue el comienzo de la historia con mi boxeador. Esta demás decir que mi hombre le dio una buena golpiza a los chicos de la otra escuela, a mi me follaron religiosamente todas las noches, el envidioso secretario le conto a mi padre que yo era la perra de un chico de las clases obreras. En fin, tuve que escoger entre una tonelada de dinero o vivir con el amor de mi vida. La decisión llego demasiado fácil, desde ese día deje de ser Damiam Antoneth Delorca IV, para convertirme en Damian, la pareja del tres veces campeón de la liga de boxeo.

Hoy escribo esto cuando mi amor está preparándose para su última pelea, yo estudie artes plásticas, él saco su maestría como preparador físico, el boxeo fue un medio para un fin. Si me preguntan si me arrepiento, les puedo decir que comencé a vivir el día que él me miró a los ojos y me demostró que yo era un ser humano, no un número de cuenta bancaria. Lo amo y él me ama, qué más puedo pedir.
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Hola otra vez!!!!!
Espero que les haya gustado este relato corto, fue entretenido escribirlo... 
Con cariño:
Milagro Gabriel

37 comentarios:

  1. gracias por la historia me gusto mucho esta y la del vampiro y el lobo pasada mmmm por que no continuas la historia de taren el tigre , andrew el zorro y damian el humano convertido en tigre ath prisci

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  2. Hola!! Me encanto mucho este corto!! Gracias por la historia!! Cuidate mucho!! Besos

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  3. Hola Milagro gracias por el corto muy bueno.
    besos

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  4. a mi me encanto! gracias milagros por compartirlo!!un beso enorme .

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  5. aaahhhhh me encanto Gaby!!! ame la actitud de ultima coca-cola de Damian jajajaja
    ojala lo puedas colgar en pdf para descargarlo, mil gracias Gaby, besos <3

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  6. Fina. WWWUUUAAAUUU esta buenisimo, por fa podrias pasarlo a pdf, es diverito poder leer que le pasa a los creidos, mil gracias por tus historias, por compartir, besos, chao

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  7. Hola Milagros me ha encantado tu historia. muchas gracias por ella.

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  8. Muy bonita la historia Milagro .Muchas gracias por ella.Un beso muy grande.

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  9. Muchas gracias Milagro!!!!espero que estes bien!!!
    Me ha encantado,aunque sea un relato corto es una pena que no hagas un poco mas de historia con el,croe que tiene mucho gancho,como bien dice el título,jajajaja....
    Besos!!!!

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  10. Me ha encantado!!!!!!!!!!!!!! Muchas gracias milagros por compartirlo.
    Besosss

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  11. Hola Milagro
    Me gustó, corto y preciso. Algo distinto, después de esas historias más largas, pero no menos entretenida. Gracias, pero sigo esperando al tigre y sus problemas. Saludos

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  12. AAAAAAAAAH, Me ha encantado, eres genial Milagro, si hay alguien capaz de meternos en una historia apasionada eres tu, felicidades por tu trabajo, eres genial, un abrazo

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  13. muchas muchas gracias por este relato corto ♥
    me encanto :)
    porfa ponlo en pdf lo quiero tener para leer muchas veces mas...me gusto mucho :)

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  14. Holaa muchas gracias Milagroo!!!! me re gustooooo!!!! escribes genial!!! muchas gracias por compartirlooo con nosotras!!

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  15. Me encantó la historia!, claro, me habría gustado más que se hubiera vengado del secretario, ese tipo me cayo mallll!

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  16. Cada vez nos sorprendes con historias tan entretenidas que dan ganas de seguir leyendo,me encanto,gracias por compartirla con nosotros. Que tengas un maravilloso dia. Un abrazote.

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  17. Nunca dejo de admirar la facilidad que tienes para escribir, pienso según leo que como en tus historias todo es posible, que los personajes son reales y eso me anima a seguir adelante con mi propia historia. Lo que tienes es un don.Gracias por compartirlo

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  18. Hola Milagro, muchas gracias por compartir el corto, muy bueno, me ha gustado mucho. Un abrazo :D

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  19. Gracias Milagros por este hermoso corto nos enseña q el dinero no lo es todo en la vida y q el amor es lo mas importante por lo menos para mi

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  20. Precioso relato, me encanta. Muchas gracias.

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  21. Hola Milagro, genial relato, muy bonito, me gusto mucho.
    Muchas gracias por compartir, besossssss.

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  22. Muy bonito relato, me ha encantado. Un gran abrazo.

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  23. He vuelto a disfrutar con uno de tus relatos, gracias por seguir compartiendolos

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  24. fina. Hola muchisimas gracias por compartir, besos.
    Que todos pasen un feliz fin de semana, besos, chao

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  25. Hola! Muy lindo relato. Gracias por compartirlo, besos

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  26. bueno milagro niña cuando te inspiras, te inspiras estuvo genial saludos y besos

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  27. la verdad es que le hice el quite varios dias hasta que hoy ya me decidi y lo lei.Me fascino es demasiado linda la historia.podrias tranquilamente haberla escrita en muchos capitulos.preciosa historia me encanto.

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  28. ¡MADRE MÍA! EL RELATO ES INDISCUTIBLEMENTE DELICIOSO. TE HA QUEDADO DE MUESTE. ME ENCANTA. UN BESOTE MUY FUERTE.

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  29. Gracias por las dos historias como siempre las he disfrutado mucho, la verdad sea dicha los gatitos están a morir, me encuentro enganchada con la historia y esperando contar con más de la misma, besos y mucho cariño.

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  30. Fina. Hola que todos pasen un maravilloso fin de semana, besos, chao

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  31. Original, y muy muy caliente ¡Bravo!

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  32. Fina. hola que todos pasen un lindo dia, besos, chao
    Hola Milagro por fa lo podria spasar a pdf (es tan diveritido, hot que da gusto leerlo), besos, chao

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  33. Gracias por compartir la verdad el relato me encanto, la historia me parecio sumamente interesante. La verdad me gusto el tema del niño rico y su perspectiva.

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  34. Hola!!!!!!!!!!!!es hermoso me encanto, acabo de leerlo se q hace rato esta publicado pero la falta de tiempo impidió leerlo antes..........te felicito eres mejor y mejor escritora, adios

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  35. Hola, me encanto este cortito. Saludos

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  36. Komka

    Muy buen relato, corto, candente y muy intenso, vale cada una de sus líneas saborearlas... gracias Milagro Gabriel, siempre es un placer leerte y espero que vuelva pronto tu inspiración para leer la tercer parte de la trilogía de los bellos "gatitos" sobrealimentados, o bien dicho esos leones sexis y desmelanados, con el sexi zorrito.

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  37. Muy, muy, muy pro requete muy bueno, me encanto saboree cada linea jaja jugo con fuego y salio bien chamuscado jajaja aparentemente le salio alrevez las cosas pero no, salieron como tendrían que salir :D con un final feliz, solo me hubiera gustado que le dieran su merecido al director y el secretario pero, pensandolo bien le hicieron un favor al hacerlo mas humano y un hombre muuuy amado. Gracias Milagro por compartir tu inspiración. Un beso.

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