lunes, 29 de septiembre de 2014

Libro dos_ El neófito del vampiro



Capítulo 1
Las soledades se encuentran

Es de noche, como la ha sido para mí desde hace siglos. Las estrellas brillan en lo alto del cielo y la brisa nocturna mueve la tela de mi gabardina negra. El sombrero acomodado de medio lado y un cigarro en la boca, cosa necesaria en este año de  1940 si deseas no llamar demasiado la atención.

La molestia sensación en mi garganta me recuerda que pronto me será imposible negarme a la alimentación. El solo hecho de beber de un cuerpo tibio, en lugar de excitarme como le ocurre a otros vampiros, me asquea. Es increíble cómo a pesar de los años la sigo extrañando tanto que mis brazos duelen al ser consciente de que nunca más la tendré conmigo.

—¡Señor! — una mujer enfundada en un vestido, de esas que usan las damas para bailar charlestón en los clubes nocturnos, me hablo apenas doblar la esquina— Necesita compañía…

—No, señora— recalque mis palabras con un leve movimiento de cabeza. Como esa mujer hay muchas por esta ciudad, en los últimos dos años han aumentado tanto como los niños hambrientos. Si esta guerra dura un poco más el mundo entero se vendrá abajo.

Un automóvil negro, un elegante mercedez se detuvo justo en la esquina que yo acababa de dejar. La mujer joven subió apenas intercambiar algunas palabras con el chofer, para luego subir en asiento de atrás.

Mi caminar por la ciudad no tenía un rumbo fijo, simplemente quería estirar las piernas y fingir ser otro humano más hundido en la desesperanza que da el ver como Gran Bretaña sufre en carne propia los bombardeos de los enemigos. En una o dos semanas mi hijo y yo nos trasladaremos a América, el viejo mundo no soportará durante mucho tiempo y no me apetece acabar bajo la autoridad de Adolfo.

Unas cuantas calles más y logro llegar a uno de esos lugares donde las cosas definitivamente no son lo que parecen. Al acercarme el portero me observa de arriba abajo, quizás extrañado de que un hombre con mi porte y mi ropa cara ande deambulando por mi propio pie a esas horas de la noche. No lo puedo culpar, la ciudad se ha vuelto un lugar peligroso, sino te mata un bombardeo, lo hará algún hambriento desesperado por algo de dinero para alimentar a su familia, eso sin contar a los maleantes que desde tiempo inmemoriales  han existido en este mundo.

Con un leve asentimiento de cabeza, se retira y me deja libre la entrada. Una vez pasada la puerta el olor pesado a trabajo satura el aire confundiendo a mis finos sentidos. La música de un grupo en vivo hace bailar a la gente que habla y ríe como si todo fuera bien, como si la destrucción de ciudades enteras fuera un cuento para asustar a los niños traviesos.

Un joven mesero llega hasta mi, vestido con una camisa blanca y corbatín me sonríe, aunque el gesto no llega a sus ojos. Algo en él me llama la atención lo suficiente como para darle una segunda mirada. Es demasiado bien parecido para ser un hombre, tiene el cabello rojo recogido en una coleta corta, los ojos tristes y una manera de moverse pausada. Al darse la vuelta para guiarme a mi mesa, descubro que su esbelta espalda termina en un culo redondito y respingón.

—Yo seré su mesero— la voz suave me llega clara a pesar de la música  bailable que llena el lugar— espero que esta mesa sea de su gusto.

Una de las grandes cosas que tiene el dinero es que te asegura siempre un buen lugar, me imagino que hasta en el infierno eso ha de hacer alguna diferencia. Había venido en varias ocasiones a beber unas copas y a conseguir alguna dama dispuesta a compartir su tiempo conmigo— No te había visto aquí antes— no pude evitar comentar.

El joven espero que me pusiera cómodo en mi silla, abriendo la cartilla del menú la puso frente a mí— Tengo apenas una semana de estar aquí.

—Es extraño que un muchacho joven como tú no esté defendiendo su país— comente sin ningún espíritu patrio, era simple curiosidad. El país que yo llamé mío alguna vez ya ni siquiera existe más que como leyenda.

—No tengo la salud necesaria para ser un soldado— su pálida piel se tiño de un adorable sonrojo— Tengo unos pulmones débiles.

La sed que resecaba mi garganta me exigió alimento— ¿Cómo te llamas? — quise saber.

—Dimitry— espero que me dijera su apellido, pero esto nunca sucedió.

—Puedo recomendarle un buen vino— su voz adquirió un tono profesional, que tengo que admitir, no me agrado— Es de una cava que apenas logró salvarse del último bombardeo y su dueño nos la vendió al restaurant antes de marcharse.

Con cierta parsimonia le dije que deseaba, una copa de buen vino nunca esta demás. Vi como el joven se alejaba en busca de lo que ordene, su culo oculto bajo las telas del pantalón se movía a un ritmo que me pareció provocador. Una desacostumbrada sonrisa se adueño de mi cara, ese mocoso sin duda era uno de esos pajaritos que revoloteaban en la cama de hombres adinerados. Aunque esta generación lo niegue a muerte, muchos de los respetables ciudadanos masculinos disfrutan de las gracias de un buen culo apretado. Llamando a esos chicos dispuestos como mariquitas o cosas peores.

Hombres y mujeres estaban de pie en el centro de la pista de baile, un jazz dulzón invitaba a los cuerpos a moverse, yo encendía mi segundo cigarrillo desde que había llegado allí. No es que a mi cuerpo inmortal le haga falta la nicotina, pero al menos me entretiene en las largas horas sin nada interesante que hacer.

—Si desea algo más— la voz del mesero llamó mi atención.

—Deja la botella— le ordene. Los ojos del joven eran una mezcla curiosa entre gris y verde, todo dependía del ángulo en que le diera la luz.

—¿Supongo que sabe cuánto cuesta? —el chico no se pudo contener en preguntar.

—Puedo— le sonreí sin planearlo. El gesto fue hecho sin mostrar mis dientes, ya que la sed estaba causando que mis colmillos salieran de mis encías en toda su gloria.

—Lo siento—, trato de disculparse, su sonrojo era adorable, la piel de su rostro tomaba el mismo color que el de su cabello— yo no quise poner en duda…

—Tranquilo—, aún a mismo me pareció extraño que me preocupara por el bienestar de este humano, por lo general evitaba tener contacto amistoso con criaturas perecederas— sé que en estos tiempos de crisis ya nadie tiene para derrochar.

El muchacho me mostro sus blancos y parejos dientes en una sonrisa apenada— Usted es muy amable—, se encogió de hombros— espero seguirlo viendo por aquí.

            Sin darme tiempo para decir nada, el joven pelirrojo de mirada triste navego entre las mesas, su culo respingón me hizo pensar que tal vez había cosas de las que me estaba perdiendo. Una trompeta ronca rasgo el aire, me recordó el gemido de un amante al llegar al cielo acompañado de su pareja, apurando la copa de vino, esto me hizo sentir más solo que nunca.

            Los vampiros somos seres extraños,  no lo digo solo por la necesidad de beber sangre, la inmortalidad o el temor bien fundado a la luz del sol, sino por nuestras manías. La botella de vino se fue vaciando, copa tras copa el líquido carmesí recorrió mi garganta aumentando mi sed. Una dama de cuerpo esbelto, piel color chocolate, ojos negros como la noche que me da resguardo, todo esto acompañado de una voz sensual, me trajo viejos recuerdos. Su canción hablaba de un amor triste, rasgado por la indiferencia y el miedo, de una partida a la guerra y de una mujer que eternamente  espera, como pretenden levantar el ánimo de sus congéneres con letras así.

            —¿Desea cigarros, señor? — Una cigarrera se me acercó con la bandeja con cajetillas.

El busto que parecía saltar del escote fue lo primero que noté de la joven, pero fue la imagen del dulce camarero quién me hizo suspirar realmente— Deme una caja del más caro que tenga y un encendedor.

Los ojos aburridos de la chica se abrieron embelesados al ver los billetes que puse como propina justo en el valle entre sus senos— Averigua donde vive y  a qué hora termina su turno ese camarero de allí— señale con un movimiento disimulado el lugar donde el pelirrojo servía mesas— Si lo haces antes de qué marche te daré el doble.

—Como usted guste, señor— respondió de una manera bien ensayada. Cuando menos era lo suficientemente inteligente para saber que algo era de su entera conveniencia. La mayoría de personas, aún los que trabajaban en cabaret de mala muerte, señalaban con el dedo a quién se relacionaba con su mismo sexo. En los burdeles eran putos mal pagados y maltratados por ser hombres y por ende aguantar lo que viniera, olvidando que también eran seres humanos.

Apenas pasaron unos minutos cuando llegó mi camarero, una fina arruguita entre sus cejas me dejó saber que algo no le tenía para nada contento— ¿Desea que le traiga algo para cenar? — sus palabras, aunque corteses, carecían de esa delicada deferencia que antes me dedicara.

Estuve tentando a decirle que él sería mi cena ideal, el mejor de los vinos debía ser aquello que recorría sus venas he hinchaba su corazón latido a latido— Algo de conversación estaría bien— señale la silla vacía frente a mí.

Los ojos grises parecieron confundidos, durante una respiración o dos guardó silencio— No sirvo de esa manera— los labios carnosos formaron una línea terca.

Una carcajada como no podía recordar haber tenido antes, broto de mi pecho hasta desbordarse en mi boca— De seguro tienes sangre irlandesa—, comente cuando logré calmarme— esa enciende como yesca.

—Si hubiera tenido padre— se enderezo tanto como su pequeña estatura se lo permitió— tal vez podría darle alguna razón, pero de seguro él era un tipo como usted, que piensa que todo tiene precio, hasta la dignidad de una persona.

De inmediato mi buen humor se esfumó— No quise ofenderte, mocoso— yo nací en una época donde los plebeyos conocían su lugar, hay viejas costumbres que no pueden perderse fácilmente— así que vete a atender a otros clientes y déjame a mi solo con mi botella, que bastante cara me ha costado como para no tomarla a gusto.

El chiquillo se giró furioso, de no ser por mi vista vampírica quizás hubiera pasado por alto el brillo de lágrimas que vi en esos ojos gris verdoso. Caminando entre las mesas nuevamente él me dejó solo, la única diferencia es que esta vez me sentía como un autentico imbécil.  

La joven cerillera llegó cuando ya estaba pensando en marcharme cansado de que el diablillo de cabello rojo me ignorara, a mí, a Gregorius Kaelo.

Entregándome un papelillo doblado, me dedico un guiño mientras masticaba chicle de una manera que pretendía ser sensual— Al jefe le gusta que si algún negocio se realiza en su cabaret, él tenga parte de las ganancias— Entregándome una nueva caja de cigarros agregó— si no quiere meter al chico en problemas debe de ser discreto.

Como pago a sus servicios le entregué una buena propina, cosa que hizo sonreír al tipo gordo que nos vigilaba desde una de las mesas cerca del escenario. Al parecer la cerillera tenía razón, esa sabandija tenía puesta la marca de la avaricia en su frente, de la misma manera que Caín tuvo la suya.   

La chica se marchó contoneando las caderas, aceptando con aires de aburrimiento los pellizcos y nalgadas de los que se llaman a sí mismos caballeros. Tomando mi sombrero me lo acomodé sobre la cabeza, arropándome en mi gabardina me enfrente  a otra noche más en esa vieja ciudad. El papelito que la cigarrera me había entregado seguía firmemente custodiado en la palma de mi mano cerrada. No había caminado más de dos cuadras cuando bajo la luz de una farola, leí su contenido.

Arto de vagar pensé en marcharme a mi mansión, en unas cuantas noches más sería nuestra despedida, el nuevo mundo me espera a mí y a mi hijo. Dejando de lado el paseo, noté como mi cuerpo me advertía de la pronta llegada del amanecer, era hora de beber algo antes de irme a dormir. 

Según el papelito que me había entregado la mujer, el joven pelirrojo vivía en una mala zona de la ciudad, de seguro ya debía ir camino a su departamento. El solo pensar en probarlo hizo que mis colmillos emergieran  y la sed volviera a patearme la boca del estomago, quizás beber un poco de esa sangre ardiente ayudara con mi mal genio de esa noche.


Con una decisión tomada, una que ni de cerca tomaría si me hubiera detenido a pensar con otra cosa que no fueran mis bolas, me dirigí donde el destino me esperaba. 

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Los que leyeron el libro 1 de esta serie, sabe quienes son estos personajes que serán pareja en la nueva novela...

Recuerden el concurso, si ganan pueden escoger un libro de los que yo he escrito...

Con cariño:
Milagro Gabriel Evans

22 comentarios:

  1. guau Milagro ¡que inicio!, mil gracias

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  2. Gracias por el capitulo ha estado fantastico espero seguir leyendo la historia, besos

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  3. *-* que capitulo tan genial!!!... (ese dimitri es el que trabaja en la casa de dante el que?)cada vez que saques un libro nuevo sera una tortura para mi T.T ... Dios! que envidia de las personas que podran comprarlo u.u .

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  4. Gracias Milagro por esta nueva historia. Muchas bendiciones

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  5. Genial Milagros gracias por compartir este capítulo y espero que podamos seguir leyendo más besos y éxitos

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  6. criaturas perecederas jajajajaja ay Gaby!!! me he partido de la risa con eso jajaajaja
    excelente el comienzo de la historia como siempre, besosss

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  7. hola gracias Milagros , me gusto la historia gracias por compartir el capitulo espero poder ser leyendo ;)
    ath prisci

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  8. Hola!
    Me a gustado el capitulo pero me gustaria saber cual es el libro anterior

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  9. Muchas gracias Milagro por compartir tus escritos me encantan.

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  10. Holaaaa Milagroo!! ahhhhhhhhhhh me encantoooo el inicioo!!!gracias por compartir lo que escribes!!!!!!

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  11. oye cabrita..lo que se empieza se debe terminar...jojojojoj...que comienzo..siempre que te leo..me engancho de una...se ve entretenido...sigue así..y seré adicta....jiji..bss..

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  12. Hola
    Me gusto mucho el incio ,gracias por compartirlo.
    Buena semana

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  13. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  14. Olá Milagro, sou brasileira e recentemente adquiri todos os seu livros em Nueva Editora Digital, gostaria de parabeniza-la pelas belíssimas historias.....e não vejo a hora de poder adquirir a continuidade dos seus livros....Gracias....
    Elizangela Ferreira...

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  15. Un gran inicio Milagro, gracias por compartirlo!!!

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  16. Me ha encantado....yo ya lei el primero y me suponia que esta seria la segunda pareja asi que estoy encantada...gracias y estoy deseando seguir leyendo,besos

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  17. Hola, me gusta mucho la temática y la historia está progresando interesantemente :P
    Espero que la continúes.
    Muchos saludos y abrazos!!
    Bye ^.^

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  18. Me ha encantado el comienzo, estoy deseando seguir leyendo, me muero por saber como sigue. Me compré el primer libro de la saga y también me encantó, me alegra que esta pareja tenga también su historia. Un saludo.

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  19. *0* waaaaaaaaaaaaa, ya hay la continuación , se ve genial el comienzo <3.<3

    Yo tambien me compre el primer libro y me gustó mucho.

    Ahora toca el turno de Dimitry, que me dejo con ganas de más cuando el hijo lo descubre en actitud sospechosa y al padre también xD que se me hace que se andaban metiendo mano? xD

    Estare a la espera de nuevo capi *-*.

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  20. Buen día Milagro, es emocionante conocer esta nueva historia, moría de ganas por saber mas de Dimitry, en encanto su ternura y fuerza en el primer libro, solo espero que termine super bien y feliz su historia (creo que tiendo a ser diabetica, me encanta lo dulce, jajajaja), espero ansiosa el siguiente capitulo, no tardes mucho,bendiciones.

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  21. Hola Milagro, me encanto la primer historia y estoy super ansiosa de leer esta, ya me imaginaba que esos dos se traian algo y Dante ya sospecha jejeje!!! espero pronto saques a la venta el libro me gustaria mucho adquirirlo!!!

    cuidate

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  22. Muy buena la historia, me encanto, espero con ansias el siguiente capitulo. Un abrazote y que tengas un hermoso dia.

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