domingo, 10 de julio de 2016

Entre el mar, musas y recuerdos (Nina Küdell)

Buen día/tarde/noche para quienes me están leyendo.
Hoy, diez de julio comienzo a colaborar en este maravilloso espacio proporcionado por la gran escritora Milagro Gabriel Evans, quien me ha brindado la oportunidad.
Como primer aporte, les quiero compartir un escrito que realicé un tiempo atrás para un reto de escritos vampíricos. Espero que sea de vuestro agrado.

          
            Entre el mar, musas y recuerdos.



Aún puedo percibir el calor que solo hacía unas horas era amo y señor de las soleadas playas de Bahía Inglesa.

Amaba la calidez de la región del norte. Sentir esa brisa tibia del anochecer sobre mi rostro luego de una noche de cacería o de yacer en el lecho de una bella damisela.

Hace veinticinco años era impensado que cualquiera de nosotros tan solo imaginase permanecer en un clima que podría ser un suicidio para nuestra especie. Pero era la mejor manera de mantenernos ocultos ante nuestros enemigos, y más allá de eso, de aquellos amores que aún calaban tan profundo como una estocada en el corazón.

El amor no era parte de mi vida inmortal, pero sí de la que me vio nacer, que si bien era cierto, alguna vez, mi romanticismo era la piedra de tope de cualquier caballero con guantes y voluptuosa cartera, pues daba la casualidad que sus mujeres me preferían más a mí, a pesar de ser solo una muchacha con desgastados pantalones de cuero y una sonrisa pícara con dotes plausibles para la conquista.

Para ese entonces muchas mujeres de la época se escondían bajo finos trajes, perfumes costosos y uno que otro matrimonio arreglado con un vejete calvo y de frondoso vientre, y que estaría más decir con una fortuna que alimentaría al país por al menos mil años, y aún así, Laura elegía una caminata nocturna por alguna playa de Valparaíso a la luz de la luna bajo sonetos y poemas recitados con la dedicación propia de un príncipe.

Ese era mi mayor recuerdo. Ese pensamiento lastimero que sangraba cada vez que visitaba el balneario de La Piscina. Imaginaba cómo hubiera sido si Laura se hubiera decidido en acompañarme en esta aventura.

Sus ojos, ¡su brillo! Hacía que su rostro se iluminara y de paso el mío. Cada vez que le decía que se animara, que lo dejara todo, pero era más fuerte el poder, las buenas costumbres y el qué dirán lo que predominaba en mi preciosa muchacha de cabello oscuro y ondas que me envolvían como tentáculos cada vez que la besaba.

¿Qué podría entregarle yo? ¿Mi amor? ¿Unos bolsillos que solo contenían algún caramelo o una nota desgastada confiándole todo lo que significaba ella para mí?

Pero ahora, ¡yo poseía la vida eterna!

¿Qué mayor tesoro y deseo humano por permanecer bello, joven y fuerte por los siglos de los siglos?

Y yo pensaba que sería mi mayor regalo, sin pensar que ella me odiaría con todas sus fuerzas, apartándose y condenándome a vivir lejos de su amor.

—¡Eres un monstruo! —chillaba descontrolada—. ¡No me toques!

—¡Laura, amor mío! —Caía ante sus pies entre sollozos y lamentaciones—. Soy, yo ¡Simone!

—¡Eres todo lo que menos esperé!

—¡Te lo imploro! —rogaba llorando lágrimas de sangre—. ¡No me dejes! ¡Deja que te demuestres que yo...!

La muchacha limpiaba su rostro empapado de sudor y sollozos, empujándome con desprecio.

—No vuelvas a buscarme —dijo, ahora con altivez—. Si osas en hacerlo, juro por el Altísimo que no volverás a ver la luz del sol.

La miré con el más profundo amor que le tenía, pero esta vez con un dejo de burla.

—Créeme, amada —suspiré largo—, que la luz es lo menos que me importa.

Pude notar un dejo de culpabilidad en sus palabras, lo que intentó acercarse, siendo yo la que la rechazara esta vez.

—¡No te acerques, Laura! —Mi voz se quebraba y oscurecía—. Ya tu sola presencia me mortifica. Tan solo, ¡vete!

—Simone...yo

—¡Que te largues! —Mis ojos se enrojecieron y mis colmillos se asomaron.

Laura me miró con horror, repugnancia y quién sabe más pasó por su mente en ese instante.

Solo vi su correr abrupto, solo dejando caer la arena que hacía tan solo un par de horas era nuestra compañía mientras nos amábamos, siendo solo la luna nuestra confidente.

Fue la última vez que la vi...

Ahora, después de más de un siglo, y veinticinco años fuera de mi lugar de nacimiento, me despedía de mi hogar adoptivo. Ese que jamás imaginé, pues a diferencia de mi madre, Victoria Grigorescu, decía que el calor, el verano y por sobre todo la luz era la vida misma. Esa dosis imperceptible que aún nos hacía respirar. El albor, la luminiscencia era la única forma que nos mostraba nuestro verdadero ser, a diferencia de la oscuridad, a pesar de ser tan necesaria, disfrazaba como ocultaba a cualquier ser que pisase la tierra, más si existía maldad, que no solo era parte de los que éramos perenne, sino, incluso en mayor escala a los que aún sus pulmones se llenaban de oxígeno.

Era mi última noche en la bahía, por lo que ni dudé en escaparme de la fiesta de despedida que mi madre había planificado con tanta rigurosidad. Vampiros de zonas lejanas se hacían presente. Algunos mostrando su desconsuelo ante nuestra partida. Otros, solidificando aún más la alianza entre sempiternos y humanos que sabían de nuestra existencia.

Corrí sin mirar atrás, escabulléndome entre los invitados para unirme al canto de las sirenas y el aroma salado que inundaba de forma tan placentera mis fosas nasales. Tenía la necesidad imperiosa de sacar mis ropas y hundirme en esas aguas cristalinas y sentir sus suaves caricias sobre mi blanquecina piel.

Enterré de lleno mis pies en la arena, acariciando con mis dedos cada diminuta partícula, haciéndolas mías, queriéndome llevar aunque fuera en ese tacto tan mundano, otro de los cientos de recuerdos como hija de la noche.

Comencé a despojarme con celeridad mis ropas, dejándolas esparcidas como un camino que me llevaría de vuelta a una realidad poco grata, para luego encontrarme con una serie de personajes que estaba segura nos traerían más problemas que soluciones, o al menos quietud. Pero no importaba. No al menos en este momento que era tan personal. Sentir mi piel desnuda que se abrazaba, que se unía, y mayor aún: era hacer el amor con esas aguas color cielo. Era recibir un bautismo, un sacramento de protección ante lo que me enfrentaría.

Empecé a nadar contra la leve corriente que me golpeaba mansa, haciéndome balancear, lo que comencé a dar vueltas y a nadar estilo mariposa, lo que de golpe el recuerdo de Laura se hizo patente. 

Pude sentirle de lleno sobre mi vientre, jugando con sus dedos y haciendo ondas con el agua como una niña caprichosa esperando que ningún espacio quedase sin su tacto.

¡Cómo no recordar nuestras noches que no eran solo de pasión sino del disfrute del verano y el calor de nuestros cuerpos!

Traté de hacer mis pensamientos volar y enfocarme en el placer que el mar me producía, pero ella, no se quería ir. Mis brazos comenzaron a moverse frenéticos, casi desesperados. Podía sentir el sabor salado de mis lágrimas fundiéndose con las del mar.¿Cuándo te dignarás a marchar, Laura, vida mía?

Te busco en cada mujer, en cada sirena y musa que me regala la noche, y aún me esquivas con tu presencia, no así de mis memorias.

No percibí que el alba se presentaría tan pronto. Pero era verano, lo que la ciudad se vestía de luz y calor para recibir sus constantes turistas que invadían sin cesar mi playa, ¡sí, mía! Esa playa que pudo ser tuya y mía sin importar sus estaciones y menos enemigos. Desde lejos, mi madre me hacía volver a mi presente mediante el movimientos de sus cabellos rojos, y que mentalmente me decía: es hora de partir, chiquilla mía.





Código: 1507274732228

13 comentarios:

  1. Me gusto , mantiene el interés de la lectura hasta finalizar.

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    1. Muchísimas gracias, Galatea (: Me alegra saber que disfrutaste de esta historia.

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  2. hola me ha gustado mucho describe como se siente el personaje y nos describe muy bien el entorno en que esta.
    Gracias por compartir tu relato suerte y adelante lo haces muy bien.
    besos y hasta pronto

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    1. Muchas gracias, Isabel (:
      Para mí es muy importante profundizar y llegar al alma del personaje, pues así puede llegar por sobre todo a quien lo lee.
      Gracias a ti por leer y comentar.
      Besos

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  3. Holaa holaa!! me gustoo muchoo como expresas los sentimientoss !!!!! gracias por compartir!!!!
    Beso!!

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  4. Muchas gracias, me ha gustado mucho, es una escritura muy fluida. un saludo

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  5. Fue un tipo diferente de narracion a la acostumbrada, fue refrescante e interesante. Gracias!

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  6. Hola nina un gusto en conocerte.... me gusto la historia....lástima k Laura no supo comprender el amor de simone.... besos y cuidate

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  7. hola esta muy hermosa la lectura muy descriptiva entretiene gracias esperando por mas

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  8. hola, un gusto enorme leer tu trabajo y bastante interesante, espero la continuación con ansias, abrazos

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  9. fue un tipo diferente de narracion del que estoy acostumbrada pero es interesante me gusto la forma en como expresa los sentimientos de los personajes lastima que la historia era muy corta para poder disfrutarla mejor aunque me queda una pequeña tristeza lo de laura y simone

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  10. Fina. hola que todos pasen un buen fin de semana, besos

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  11. hola!! Bueno primero que nada te doy la mas cordial bienvenida, y me alegra saber que estarás compartiendo tu trabajo con nosotros, así que de antemano gracias. Para continuar, me pareció interesante tu relato, aunque me perdí un poco en la cronología de la narración por que el personaje nos lleva del presente, al pasado, nuevamente al presente y después no sé si estoy leyendo presente o pasado... creo que soy medio burra para entender este tipo de narrativa. Pero me gusto la idea y los sentimientos que quisiste expresar. En fin, gracias y hasta la próxima. Chao :)

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