miércoles, 3 de agosto de 2016

La noche traviesa del conde (Anne Scarlett)

Esta es una historia divertida con mucho romance y pasión situada en tiempos remotos. Espero que sea del agrado de todos los lectores y que disfruten las aventuras descabelladas de Hugh tratando de llevar a cabo sus planes.






LA NOCHE TRAVIESA DEL CONDE

PRELUDIO


Marzo, 1817
A: Sir Colin Dandridge
Powfowlis Manor,
Selkirkshire, Escocia.

Mi querido Colin:

Anoche, por fin llegué más mojado que pañal de recién nacido a la casa condal, ubicada en Riverton Park, en Londres, lo cual fue de agradecer porque por un momento pensé que la línea de mis nalgas iba a desaparecer, al permanecer tanto tiempo sentado en el interior del coche soportando los torrenciales aguaceros primaverales.

Me sorprendió el descuido y deterioro en el que se encuentra la casa, en cuanto puse un pie en el interior el olor a moho me dio una bofetada y encontré una capa de polvo de un centímetro de espesor sobre el escritorio del antiguo conde, así que lo primero que hice en la mañana fue ordenar a la señora March que se le hiciera una limpieza completa a la casa. Sabes que detesto la suciedad.

Llevo menos de veinticuatro horas de haber llegado y ya he causado revuelo en Riverton Park. Los vecinos me miraron espantados y se encerraron en sus casas. Me acaban de informar que Lady Serena Arden y sus hijas partieron al amanecer; no las culpo, aunque su abrupta salida podría obstaculizar mis planes, trataré de mirar el lado positivo: sabes que las mujeres siempre han tenido una tendencia extraordinaria al dramatismo y la exageración, ya veré como poner eso a mi favor.

Hoy es un día normal en Riverton Park. Los pájaros están trinan… Ah, no. No hay pájaros en las inmediaciones de la casa condal desde que los Lesseps trajeron lagartijas (vaya a saber de dónde) y las liberaron en el parque frente a la casa. Las lagartijas se reprodujeron y se comieron a las aves. Así que es un día normal en Riverton Park y los árboles frondo… No, siento decir que no hay árboles frondosos desde que los Lesseps le prendieron fuego a los abetos y duraznos de nuestro querido parque vecinal. Bueno, es un precioso día en Riverton Park y las flores perfuma… Lo siento Colin, sé cuánto te gustan las flores, pero no hay flores en Riverton Park desde que los Lesseps soltaron los caballos de los establos y estos se las comieron todas, incluidos los arbustos que embellecían el lugar. Entonces, voy a comenzar otra vez: Hoy es un día normal de primavera en Riverton Park y ya que no hay aves cantoras, árboles o flores, diré que el cielo azul es hermoso y que una nube con forma de bizcocho pasó sobre esta vieja y oscura casa de tres pisos mientras trataba de calmar los nervios destrozados de la señorita Lane, la institutriz, a quien los Lesseps aterrorizaron llenando su cama de orugas. Está de más decir que la mujer se marchó de inmediato.

Según un informe de la señora March las institutrices de los niños Lesseps vienen y van. Ninguna institutriz respetable quiere trabajar en la casa condal por los escándalos que han sacudido a esta familia y las pocas que llegan (además de su dudosa reputación), no resisten las travesuras de los niños. Después de conocer a los chiquillos me he dado cuenta que carecen de disciplina, cosa que no es extraña, teniendo en cuenta las circunstancias en las que se han criado. Por supuesto debo corregir esto de inmediato.

Las cosas se han puesto difíciles en Londres. Esta mañana cuando salía a mi cabalgata matutina encontré muchas lagartijas descuartizadas en la puerta de entrada de nuestra residencia y hoy, a medio día, el lacayo me informó que alguien envenenó a los dos mastines que ayudaban a custodiar los establos. Todo indica que no soy bienvenido y me han hecho una advertencia. Me quedaría a luchar esta batalla, pero me preocupan los niños, así que partiremos a Faerie Manor en Northumeberland.  

Parece que, contra todo pronóstico, nos encontraremos más pronto de lo que habíamos planeado. Es posible que vayamos a cazar urogallos a las highlands si tu esposa no te pone una correa de perro para atarte a la pata de su cama. Preferiría que te amarrara a la pata de mi cama, pero no creo que ella esté de acuerdo. Me detesta. Lo sé. Lo leo en sus ojos celosos y acusadores, en su mirada de: “Róbame a mi marido y te castro”.

Sobre el favor que me has encargado, aún no recibo informes que lleven al paradero de Leonel Ross, es como si la tierra se lo hubiera comido. A veces pienso que no sé qué haría si llegáramos a encontrarnos puesto que también tiene cuentas pendientes que ajustar conmigo (una herida de bala en mi muslo, ¿recuerdas?), pero como la ofensa a tu familia ha sido mayor que el hecho de que casi pierdo una pierna, por esta vez, te cederé el derecho a la venganza cuando atrapemos a ese canalla.

Cambiando a temas más agradables: envío con mi carta una botella del mejor brandy que he encontrado en Londres, es un obsequio por tu cumpleaños. Siento no haber estado ahí para festejarlo a tu lado como mereces.

Iré a visitarte una vez haya instalado a mis sobrinos, los Lesseps en Faerie Manor. Cuento cada día desde nuestro último encuentro ansioso por volver a ver tus ojos avellana, tengo en la mente el recuerdo vívido de tu cabello rojizo y despeinado agitándose al viento cuando cabalgamos aquella noche persiguiendo contrabandistas. ¡Qué romántico! Todos nuestros recuerdos están llenos de peligro.

Se despide, tu loco enamorado, el que está calado hasta los huesos por ti. El que no duerme pensando en este amor que lo consume y no sabe quién es porque se halla perdido en la incertidumbre de no ser correspondido y el mundo de fragmentos imaginarios de lo que pudo ser y nunca fue. El que se conforma con ser un mudo espectador de tus sonrisas, del fuego de tu mirada y de la pasión de tus palabras.

Tu amigo, más querido:
Lord Adam Terrrrrrrrrrrrrrr______________

Lord Adam Terrance Lesseps, Conde de Carrington,  interrumpió la escritura en forma abrupta cuando escuchó un estruendo que por poco lo deja sordo. Frunció el entrecejo y observó el gran manchón de tinta justo donde estaba plasmando la elegante firma. Apretó los dientes y dio un puñetazo al escritorio tan fuerte que las bolitas de papel sobre este saltaron. Tendría que volver a escribir de nuevo toda la carta, pero antes, debía poner fin a lo que quiera que sus sobrinos estuvieran haciendo.

Pensó en Colin y su perfecta familia donde los niños se comportaban con modales impecables, las niñas aprendían a tocar algún instrumento y las institutrices no huían aterrorizadas. Quizá necesitaba a Colin a su lado para que le aconsejara cómo tratar con los diabólicos niños Lesseps.

Descendió corriendo la escalera y entró en la sala. Tuvo que llevarse la mano a la nariz para evitar las náuseas. El gran ventanal de la casa estaba roto. Los trocitos de cristal esparcidos por el suelo y una bola apestosa de trapos ardía en llamas sobre la elegante mesita de té mientras la señora March corría como gallina con una jarra de agua en la mano para apagar el posible incendio.

―Yo no fui.

―Yo tampoco.

Lord Adam dirigió una mirada asesina a los dos niños que acababan de entrar por la puerta principal y estos palidecieron levantando el dedo índice para señalar a una niña despeinada y sucia que venía tras ellos arrastrando un palo.

―¿Y si en lugar de la bola de pañal sucio envuelta en pólvora usamos una pelota de verdad? ―Preguntó la chiquilla pasándose las manos sucias por el cabello.

Lord Adam miró a sus sobrinos con el rostro colérico. Podría decirse que estaba hecho un basilisco, y si su mirada matara, sus sobrinos estarían diez metros bajo tierra.

Necesitaba una compresa fría para quitarse el inminente dolor de cabeza y también una copa de whisky para calmar sus destrozados nervios. No. Antes que eso,  necesitaba un par de cadenas para amarrar a sus sobrinos donde no pudieran causar estragos. Pero también necesitaba una palmada en su espalda y la voz de Colin susurrándole al oído palabras de aliento.

Respiró profundamente, contó hasta diez. Se quitó el cinturón y señalando el desastre en la sala dijo a sus sobrinos con voz autoritaria:

―Si no limpian este desorden de inmediato sabrán cuantos pares son tres moscas.

La señora March y los otros criados se estremecieron puesto que el lord de la casa nunca levantaba la voz. En silencio palideció al ver el gesto de auténtica furia y encontrarlo tan parecido al viejo conde loco. Se persigno y murmuró asustada:

―Dios se apiade de nosotros. 



15 comentarios:

  1. Muchas gracias por la historia, parece muy divertida. un saludo

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  2. Hola Anne!!!
    Muchas gracias por compartir tus historias, me gusto mucho este primer capítulo, gracias nuevamente, lindo día!

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    1. Gracias por leer esta historia. Espero que la disfrutes y te diviertas mucho leyéndola, lindo día para ti tambien!

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  3. A que empezó entrete...los críos le darán gsrto que hacer...u jujuji....gracias por compartir.. Bss

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    1. mucho quehacer le van a dar, son un dolor de cabeza. Gracias a ti por leer

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  4. A que empezó entrete...los críos le darán gsrto que hacer...u jujuji....gracias por compartir.. Bss

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  5. Holaaa !!!! me gustoo mucho este comienzooo!!! se ve divertida!! gracias!!
    besos! buen viernes!!

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    1. gracias por leer, espero que les guste mucho. Buen fin de semana para ti también!

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  6. Fina. Hola se ve interesante, besos.
    hola que todos pasen un buen fin de semana, besos

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  7. Anne muchas gracias por compartir esta historia con nosotr@s.
    Que tengas un excelente fin de semana.
    Saludos.

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    1. buen fin de semana para ti también. Deseando que les guste mi estilo para narrar historias de pasión m/m

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  8. Me encanta, tiene una pinta increible, estoy deseando leer mas capitulos

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    1. gracias por el apoyo, me alegra que les haya gustado mi historia

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