viernes, 25 de noviembre de 2016

Cap 1_La primera pareja cuervo





Capítulo l
2060
La noche desprendía sonidos que nada tenían que ver con dulces sonatas nocturnas de verano. El recuerdo de eso hizo reír a Meyson. A su padre siempre le habían gustado esas cosas cursis para con su madre. Después de tantos años, ahora entendía perfectamente que esas cursilerías salían de manera natural si se estaba en un estado lamentable como en el que él se encontraba. En definitiva, enamorado. Ese era el diagnóstico.
Un gruñido bajo se escuchó cerca de la entrada de la alcantarilla, alguna criatura mutante estaba buscando algo que llevarse a la barriga. Meyson no se preocupó mucho por eso, cosa que en sí era bastante triste si se pensaba bien. En la entrada había una reja que aseguraba que nada pasara sin ser invitado.
—No podremos seguir viéndonos —susurró el mayor después de un largo silencio. En sus diecisiete años, Meyson era alto, desgarbado como solo un adolescente podía serlo, el rostro curtido por el constante ir y venir entre las callejuelas de la ciudad en ruinas, el cabello negro como la noche y sus ojos oscuros como un carbón.
—Ya no me quieres —gimoteó Gianfranco. Aunque ya podía considerarse un jovencito, todavía le quedaban muchos rasgos de niño. Sus ojos verde hoja todavía conservaban el brillo de la inocencia que no había logrado manchar la desolación— ¿Es eso? —insistió el más joven.
Meyson obligó a Gian a sentarse junto a él dentro de la alcantarilla seca. Aunque era bien entrada la noche, en ocasiones la luz de la luna era demasiado entrometida para su gusto. Sentados dentro del espacio cilíndrico abrazó contra sí el cuerpo delgado del menor, a sus quince años era demasiado lindo para vivir en un lugar tan deprimente como esa ciudad.
 —Eres mi mejor amigo en el mundo —Meyson trató a propósito de salir por la tangente sin decir nada que le comprometiera. Era verdad que habían compartido algunos besos inocentes, y dormido abrazados a escondidas de ojos curiosos, pero no era estúpido, sabía que todo ese asunto ponía en riesgo a Gian.
El más joven se apartó del abrazo protector de Meyson.
—¿Amigos? —no se molestó en disimular lo ofensiva que le parecía esa palabra para describir lo que tenían ambos— ¿Desde cuándo los amigos se dan besos como los que tú me das?
—Baja la voz —le apremió Meyson temiendo que alguien les descubriera—, si tu padre se entera que estamos juntos, seguro nos manda a matar, eso si no lo hace él mismo.
Gian siguió allí sentado junto a Mey, pero se negó a dejarse abrazar otra vez.
—Mi padre jamás haría algo como eso —lo defendió— Está enojado contigo porque no aceptaste tener hijos con mi hermana mayor. A él le preocupa que no haya muchos hombres jóvenes solteros que puedan engendrar niños dentro de nuestro grupo.
Meyson tomó aire y lo expulsó lentamente, era increíble que Gian todavía creyera en la bondad de su progenitor.
—Entonces, ¿hubieras preferido que yo me comprometiera a formar una familia con tu hermana? —le recriminó sin ningún miramiento— Porque tienes que saber algo, a ella no le desagradó la idea cuando tu padre se lo comunicó.
Gian era impulsivo por definición, harto de tener que estar defendiendo a su padre, se puso de pie.
—Me voy. Nos veremos cuando dejes de hablar mal de mi familia. Si mi padre supiera que te quiero, dejaría que estuviéramos juntos. El secreto lo guardamos porque tú insistes en eso.
Meyson dejó salir una corta carcajada.
—No seas ingenuo —acusó—, seguimos vivos por el simple hecho de que nadie en nuestro grupo sabe lo que hacemos a escondidas.
Gian se negó a escuchar a su mejor amigo, saliendo de la alcantarilla se dirigió con paso firme hasta las instalaciones de la antigua escuela. El edificio era lo suficientemente grande para albergar a varias familias y a los pocos hombres solteros que formaban parte del grupo. Caminar solo durante la noche no era algo bueno, así que Gian no perdió tiempo en rumiar su enfado pateando piedras.
—Si sigues saliendo a dar paseos solo en la noche, le diré a papá —habló Sonia desde su puesto de vigilancia, una ventana en el segundo piso que daba al patio de la escuela.
Gian levantó el rostro para encarar a su hermana que sonreía desde su escondite.
—En este basurero somos los únicos vivos que quedamos.
—Sabes que a papá no le gusta que corramos riesgos estúpidos —lo regañó—. Más te vale que entres antes que dé la voz de alarma.
El menor sabía que su hermana era demasiado mandona para su propio bien. La chica tenía veinte años, alta y con el cabello rubio rojizo había sido una princesita en su tiempo en la escuela. Lástima que la Gran Desolación había llegado a su ciudad borrando cualquier resquicio de civilización.
Con cuidado de no llamar la atención de algún otro miembro de su grupo que estuviera vigilando, se escabulló entre unos arbustos que estaban recostados en una de las paredes del edificio. Alban, su padre, había ordenado que se taparan todas las ventanas del primer nivel, curiosamente una de las pequeñas del sótano estaba sin asegurar. Por allí se escabullía Gian cuando se citaba con Meyson.
Cubierto por los arbustos, entró al sótano sin ser descubierto. Usando una caja de madera que había dejado dispuesta para el caso, saltó para luego llegar al suelo. La camisa que llevaba puesta era una de las mejores que tenía, lástima que la hubiera dañado con uno de los cristales rotos. De ahora en más tendría otro remiendo para la colección.
Gian caminó hasta la escalera que le llevaría sobre el nivel del suelo. Con cuidado de no tropezar con los cúmulos de basura llegó de una pieza a una puerta tras la gradería del gimnasio.
El sonido de un balón rebotando contra el piso le dejó claro a Gian que a esa hora de la noche todavía había chicos que aprovechaban la luz de la luna llena. El enorme boquete en el techo dejaba que la dama de plata les diera iluminación natural.
—¡Gian! —la llamada de uno de los niños hizo que se supiera descubierto.
—¡Hola, chicos! —corrió hasta donde estaban los jugadores en su juego de futbol con una pelota de voleibol.
—¿Quieres jugar con nosotros? —preguntaron los mocosos que no pasaban de los diez años. Cinco chicos en total, necesitaban un jugador más para que los de dos equipos quedaran parejos.
—Está bien —aceptó Gian, al menos sería una buena excusa por si le estaban buscando los adultos.
El juego duró un rato más, hasta que la voz de una de las madres de los chicos dio por terminada la diversión.
—Es tarde —les avisó—, deben buscar a sus familias e ir a dormir.
Gian caminó tras los chicos, asegurándose que todos llegaran bien hasta la mujer que sostenía una lámpara de aceite en la mano.
—Al menos se divirtieron un rato —le dedicó una sonrisa inocente a la mujer.
—Tú ya no estás en edad de perder el tiempo con los más pequeños —refunfuñó la anciana—. Deberías estar junto a tu hermana ayudándole a tu padre.
—Me toca vigilar durante la mañana —aclaró Gian—, por ahora soy dueño de mi propio tiempo.
La señora Lorca había sido maestra de escuela durante el tiempo que la ciudad todavía funcionaba como tal, era temida por ser una mujer estricta, algunos decían que de seguro sería ascendida a directora en cualquier momento. Esa era otra historia truncada por la Gran Desolación.
La señora Lorca le dedicó una mirada evaluadora al chico de quince años, el mocoso era demasiado pequeño para su edad, el cabello rubio cenizo largo hasta los hombros, la piel pálida manchada por la suciedad que se pegaba en todos.
—Tú padre tuvo que tomar una dura decisión hoy —las voces de los niños se perdían alegres por el pasillo—. Los recién llegados se marcharon llevándose parte de nuestras provisiones. Dejarlos irse tan tranquilos va en contra de mi mejor juicio.
—¿La pareja de chicos que llegó la semana pasada? —preguntó Gian. La noticia se le hacía rara, los recién llegados tenían la apariencia de estar demasiado contentos de haber encontrado un lugar seguro para estar.
—Esos mismos —encogió los hombros la delgaducha mujer—. Al parecer no les gustó nuestro estilo de vida y decidieron marcharse.
Gian quedó de pie un rato viendo cómo la antigua maestra iba tras los niños. Algo no le gustaba en esa historia, los muchachos se veían demasiado cansados y asustados cuando les habían encontrado ocultos dentro de un camión volcado a tres calles de la escuela. Marcharse era peligroso.
Sin querer complicarse con lo que no tenía remedio, Gian decidió caminar por donde el resto se había marchado. De seguro todos debían estar en el patio central. La luna estaba hermosa en el cielo, dándole a la noche más luz de la acostumbrada. Era una suerte que la escuela donde se refugiaban fuera de diseño antiguo, de allí que tuviera un espacio central protegido por las aulas que formaban un cuadrado alrededor. Para fines prácticos era una pequeña fortaleza.
Gian llegó hasta el patio, como imaginó, todos parecían estar allí esa noche. El verano estaba en pleno apogeo, después de un día infernal, era agradable sentir la fresca brisa nocturna.
La madre de Gian estaba sentada contando una historia, en teoría eso era para niños, pero sin otra cosa que hacer, hasta los adultos disfrutaban de un buen cuento. Era casi cómico ver a hombres hechos y derechos encogerse ante los inventos de la mujer de mediana edad.
Gian por su parte se sentó en una de las bancas que fueron puestas allí cuando todavía la escuela era un lugar donde los chicos eran enviados a estudiar. El tiempo había hecho mella en el edificio, las bancas estaban astilladas en parte, hasta el césped había muerto hacía tanto tiempo que ya no quedaba ni brotes.
Sentado a una prudente distancia, Gian se concentró en escuchar la voz de la esposa del líder del grupo. La historia ya la había escuchado cuando menos cien veces, pero aun así le daba siempre los mismos escalofríos.
—…cuando la Dama Cuervo siente que te estás dando por vencido, ella viene a comerse tu alma —tal vez no era una historia que hiciera dormir plácidamente a los niños, pero al menos les dejaba claro que el mundo era un lugar peligroso.
Uno de los niños mayores, un chiquillo de once años que no había estado jugando a la pelota con los demás, se atrevió a interrumpir.
—Eso es mentira, esa mujer no existe. Mi papá dice que lo que causó todo el desastre fue un virus creado por el gobierno.
—¿Has visto un virus alguna vez? —La esposa del líder era supersticiosa, así que no se molestó en escuchar la respuesta del chico— Yo que tú tendría cuidado con la Dama Cuervo. Si alguna vez te la topas, tienes que correr tan rápido como den tus piernas.
Una de las niñas, cuyo pelo largo de mechones irregulares apenas le tocaba la línea de la cintura, levantó su mano como a la señora Lorca le gustaba que hicieran. A la madre de Gian el gesto la hizo reír.
—¿Qué quieres saber?
—¿Cómo es la Dama Cuervo? —preguntó susurrando como si temiera que la terrible criatura estuviera por allí merodeando— Así sabré cuando correr.
—Eres una chiquilla inteligente —felicitó—. Solo por eso te diré como es —los otros niños se acercaron un poco más para escuchar la explicación de la mujer—. Ella es una criatura oscura, solo camina durante la noche por el mundo de los vivos. Viste un largo vestido negro cuya cola arrastra, los tacones de sus zapatos hacen eco en la soledad de las calles. Su rostro esta surcado por las cicatrices que se ha hecho con sus propias garras.
Gian se cansó de escuchar la trillada leyenda urbana de su madre. Cuando era pequeño recordaba las muchas pesadillas que le había causado ese relato. Tenía que admitir que aún a sus quince años se sentía desfallecer cuando escuchaba el eco de pasos en alguna calle vacía.
La Dama Cuervo era una historia que se contaba insistentemente entre los pocos seres humanos que todavía eran dueños de sí mismos. La ciudad era como un gran animal muerto que lentamente se convertía en polvo. Gian una vez se había atrevido a preguntarle a su padre el por qué no se marchaban a campo abierto. La sola mención de la idea le ganó una bofetada de parte del hombre grande. Jamás volvió a hablar del tema.
—Giancarlo —la voz de su madre lo detuvo cuando trataba de escabullirse del patio.
—Madre —dio la vuelta dibujando una sonrisa—, iba a dormir.
—¿Has visto a ese joven callejero, Meyson? —Gian tuvo que morderse la lengua para no responderle mal a su madre. Cuando había luchado codo a codo con los adultos del grupo, arriesgando el pellejo para conseguir comida, entonces Meyson era un miembro más. Ahora que tenía todas las conservas guardadas, entonces Mey volvía a ser basura.
—No lo he visto desde que padre lo hecho de aquí —respondió lo que sabía su madre quería escuchar.
—Más te vale que sea así. Tú padre está muy decepcionado con ese ingrato —la mujer no se molestó en disimular lo que pensaba del crío en fuga.
Los mocosos sentados alrededor de su madre sonrieron burlándose de Gian por ser reñido como si fuera un bebé.
—¿Quieres que trate de buscarlo? —preguntó tratando de que su voz no lo delatara.
—Él no podrá regresar aquí hasta que asuma su responsabilidad como un adulto más en este grupo —la mujer no le perdonaba que hubiera rechazado a su hija.
—A mi hermana no le importó que él no quisiera comprometerse con ella —trató de abogar por Meyson, aunque él ya le había advertido que mantuviera la boca cerrada respecto al tema.
La madre de Meyson se puso de pie, despidiéndose de los niños los dejó marcharse rumbo a sus dormitorios. Cada aula en la escuela había sido ocupada por alguna familia. Los hombres solteros vivían cerca del patio de recreo, junto a la pared que daba a la calle. La mayoría de ellos no eran elegibles para tener su propia familia, ya que de alguna manera los había afectado la Gran Desolación.
Enfermos o un tanto locos, esos hombres ayudaban con la seguridad del perímetro. Eran leales a Alban, ya que comprendían que no había otro lugar a donde ir. El líder del grupo sabía aprovecharse muy bien de ese hecho. Había humanos para procrear familia y otros para que arriesgaran el cuello buscando alimento por entre la ciudad. Todo era tan mecánico que a Gianfranco le parecía inhumano reducir a alguien a su capacidad e dar descendencia.
Meyson no tenía familia, solo era un chico que había aparecido vagando por la ciudad. Alban le había encontrado y le llevó hasta la vieja escuela, justo hasta allí había llegado todo acto de caridad. Meyson, siendo casi un niño, había tenido que salir a explorar junto con los adultos solteros, peleando y matando descerebrados.
La madre de Gian llegó hasta la esquina del patio donde su hijo seguía de pie esperándola.
—Estos tiempos son difíciles —explico la mujer—, como los han sido en esta ciudad desde hace más de cinco años. Todos estábamos seguros de que nuestra ciudad sería la única que quedaría de pie. Nos equivocamos terriblemente.
Gianfranco escuchó pacientemente la diatriba de su madre, era curioso cómo el mundo podía venirse abajo, pero las madres jamás dejarían de sermonear. Vestida con un sencillo vestido sin mangas, con costuras y parches de tela de varios colores, el cabello recogido en una coleta, era difícil verla como la esposa de un alcalde. Tener comida y un techo seguro era algo que se podía considerar un lujo por esos días.
—Ya lo sé, madre —Gian quiso que abreviara—. Así que no tienes por qué decirme que debo tener cuidado.
 —Lo que trato de decirte es que todos tenemos obligaciones —continuó la madre—. No podemos gastar recursos en alguien que no va a aportar nada a nuestro grupo. Si alguien va a quedarse aquí, es porque está dispuesto a hacer lo necesario para que sigamos vivos y progresando.
—Meyson ayudaba a buscar comida y muchas veces le tocó defendernos de los descerebrados —trató de ganar terreno para su mejor amigo—. Así que echarlo fue desperdiciar un buen elemento.
La madre de Gian arrugó el ceño. La sola mención de ese chico arruinaba su digestión.
—Meyson no es más que un vagabundo que recogimos. Él no quiere hacer lo que le toca, por eso tu padre decidió que ya no es necesario entre nosotros.
Gian en ese momento dejó de escuchar la charla de su madre, ya no le importaba. Realmente habían tirado fuera a un miembro de su grupo solo porque este no quiso comprometerse con una mujer. ¿Qué pasaría cuando llegara el día en que fuera él quien tuviera que formar una familia a la fuerza? La idea lo aterró. Su padre no podía ser capaz de condenar a muerte a alguien solo por no gustarle las mujeres. Él no era así.
Sin saber muy bien cómo, llegó hasta su cama para dormir antes de que le tocara su turno de vigilar. Su padre, el antiguo alcalde Alban Mainam era un hombre que sabía lo que hacía, no era un loco prejuicioso. De seguro con el paso de los días las cosas se calmarían. Meyson regresaría otra vez y todo sería como antes. 

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Espero lo de siempre… Sus comentarios… Es importante para un escritor conocer que piensan los lectores de la historia.

Recuerden que en la vida no hay nada gratis… Se engaña el que lo piensa.

40  comentarios subo el siguiente capítulo.
Inviten a sus amigos a este blog… Todos somos bienvenidos.

Con cariño:
Milagro Gabriel Evans

27 comentarios:

  1. querida es bueno saber de ti jijiji y como siempre engachas desde el primer capitulo me encanta lo que escribes
    besitos

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  2. me alegra que regresaras..con nueva novela 😍😍

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  3. aHHHHHH que buenooo es saber de ti y con una historia nuevaa !!!
    Se ve de lo mas interesanteee!!!!! gracias!! Aqui me tendras para leer!!!
    Besos!! Buen domingoo !!

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  4. Que alegría saber de ti.. Y esperandonque todo haya resultado impeke con tu tesis...sin mencionar que tu siempre enganchas con tus escritos...a esperar se ha dicho... Jaajajakak...un abrazo..

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  5. lo ameeee, con el primer capitulo ya me engancheee, ni bien pueda voy a omprarloo, gracias por compartir

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  6. Me imaginaba muchas escenas de Resident Evil o the Walking Dead, me gusta ése género tipo apocalíptico. Me gustaría saber cómo se va desarrollando el personaje del líder, aparentemente como lo va describiendo Meyson no pinta cómo un ser benévolo y justo. Me parece que Gian va ir descubriendo cosas del padre que van a cambiar su perspectiva. Todavía se lo pinta cómo un joven ingenuo y Mayson todo lo contrario a pesar de la vida que llevan y la cirscunstancias qué les toca vivir. Por cierto, en una parte si no me equívoco relata cómo Alban lo encuentra de pequeño, Mayson recuerda su vida pasada,sus padres y como llegó allí? Mueroooo x saber masses!!!! Gracias por compartir esta historia que promete

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  7. Hola, extrañaba tus historias. Me gustan las historias apocalípticas. Pobre Giancarlo. Esperando actualización. Un abrazo.

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  8. Y mi mayor intriga es porque son la pareja cuervo.

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  9. Me encantó. Mucho tiempo sin saber de tí. Como siempre, un abrebocas excelente. Deja con ganas de más.
    Besos

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  10. Tiene una pinta genial, deja deseando ver la continuación. Gracias

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  11. Hola Milagro.
    Estoy muy feliz de que regresaras y con una nueva historia.

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  12. Me encantó, ya me dejaste con la intriga de que viene después. Me alegra mucho que regresaras, siempre estoy esperando con ansias tus actualizaciones.

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  13. Hoal a todos, vi la entrada hace unos dias y no pude escribir, me ha encantado y enganchado el primer capitulo porque los personajes atraen verdaderamente. Tengo que decir que me ha extrañado y de alguna manera molestado que a estas alturas solo haya unos pocos comentarios cuando seguro que somos muchos los que leemos el blog.Me gustaria animar a todos, yo incluida, a participar MAS. Se debe agradecer el trabajo y dedicación del autor/a, como mínimo. GRACIAS

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  14. Muchas gracias por el capitulo me a gustado mucho como todo lo que escribes espero el proximo con muchas ganas.Besosss

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  15. hola mili... me encato el primer capitulo... espero seguir disfrutando de tu nueva novela... besos y cuidate

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  16. hola excelente historia quiero seguir disfrutando de ella muchas gracias por tu tiempo para escribirla

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  17. holis me encanta tu forma de escribir disfruto mucho con tus historias siguela

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  18. Hace mucho que no leo algo de ti, así que estoy muy feliz de poder hacerlo...esta muy interesante!

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  19. INTERESANTE,
    Muy agradecida por poder leer tu trabajo,
    Muxus

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  20. muchas gracias esta muy interesante besos

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  21. Esta súper bien la lectura y ya no puedo esperar a que se cumplan las cifras de comentarios para poder disfrutar del siguiente capítulo. Sinceramente es un milagro que haya encontrado este blog, se me habían acabado los recursos donde leer la homoerótica así que te agradezco muchísimo por tu trabajo. Saludos y besos.

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  22. Hola ! Si , por favor , el 2do capitulo! Gracias por tu trabajo! Abrazos fuerte y bendiciones.

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  23. me parece interesante aunque no me queda claro si es una novela de cambia formas, gracias por tu trabajo :)

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  24. me gusta la temática rápida pero rica en detalles, en ocasiones los escritores caen en mucho preámbulo, gracias.

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  25. Milagro aviso que para leer este capitulo el link directo me envía a una nueva hoja en la cual nunca puedo entrar pobre con los demás links y me ocurre lo mismo,para que lo revises cuando tengas tiempo, gracias.

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