miércoles, 21 de diciembre de 2016

Capítulo final



Parte 2

Alejandro sabía que era algo injusto alegrarse por que su madre no estuviera allí, pero ella solía ser del tipo curioso. De seguro le haría preguntas que él prefería evitar responder. Justo cuando comenzaba a pensar que estar allí sentado era una mala idea, el chico comenzó a moverse, despertaría en cualquier momento.
—¿Qué paso? — pregunto el paciente desde la cama.
—Hasta que por fin preguntas algo de verdad importante— se puso de pie, caminando hasta la cama le dedico al chico una de sus deslumbrantes sonrisas.
Nico abrió los ojos, le llevo un tiempo enfocar la mirada. Lo primero que vio fue al guapo oficial que estaba junto a su cama. En ese momento calló en la cuenta de lo que le había preguntado cuando despertó la primera vez, desde hace tiempo no sentía como sus mejillas ardían por la vergüenza. Se preguntaba si era delito decirle semejante barbaridad a un oficial —¡Dios! — gimió llevándose la mano derecha a la cara, cubriendo sus ojos— siento haberlo ofendido con lo que dije…yo solo….— La risa clara del tipo, alto, uniformado y guapo lo hizo apartar la mano de su rostro.
—No te preocupes— encogiendo sus anchos hombros, logró verse todavía más sexy a los ojos de Nico— me han dicho cosas peores.
Sin poderlo evitar, Nico se encontró respondiendo a su sonrisa— Imagino que ese uniforme inspira algo de molestia en algunos irresponsables.
—Así es—, en el mismo ambiente cordial Alejandro quiso hacerle más fácil las cosas al chico lindo— aunque hoy juraría que la señora que detuve antes de tu accidente tenía ganas de pellizcarme el trasero.
De pronto Nico recordó que no estaba bien darse de bromas con un hombre que no conocía— ¿Mi suv quedó muy mal?— la carita de susto del paciente era algo poética.
Alejandro se llevó la mano al cabello y comenzó a pasarse los dedos en un movimiento nervioso— ¿La querías mucho?
— ¿Así de malo? — Nico estaba comenzando a pensar que las cosas no estaban muy bien que digamos.
Alejandro no sabía que decirle a un hombre que había perdido una belleza de vehículo — Digamos que deberías estar agradecido con que solo tengas una pierna rota y varios golpes que aunque duelen…
—Ya entendí— lo interrumpió Nico mientras trataba de acomodarse mejor en la cama de hospital.
Como por acto reflejo Alejandro le ayudo a subir la camilla, una vez estuvo a la altura correcta le acomodo la cabecera hasta asegurarse que el chico estuviera en una cómoda posición sentada— ¿Así está bien?
Nico estaba francamente confundido, casi no podía recordar la última vez que alguien había sido tan deferente para con él— Gracias… supongo— bajando la mirada trato de recomponerse a sí mismo— Y el otro conductor… ¿Cómo está?
—Digamos que tiene más golpes, se quebró más cosas— fingió no ver la turbación en el chico— pero al menos está vivo. 
— ¿Yo tuve la culpa? — Nico estaba seguro de haber hecho las cosas correctas, aunque desde la muerte de su pareja de vida, ya no se sentía seguro de nada. 
Alejandro vio en los ojos verdes  del chico verdadera preocupación, así que le respondió en un tono profesional— Estaba terminando de hacerle una multa a una mujer cuando  vi como un auto no pudo frenar en el cruce de calle golpeando a la suv arrojándola contra el poste telefónico.
— ¿Estaba ebrio tan temprano? — fue la pregunta lógica — Ni siquiera pasaba la hora del almuerzo cuando ese tipo me golpeo.
— Una llanta delantera exploto—, le explico a Nico que ya comenzaba a enfadarse— se pierde el control del vehículo cuando eso ocurre.
—Supongo que fue cosa de mala suerte— acepto Nico.
— Exactamente— estuvo de acuerdo el oficial. Cambiando de tema prefirió preguntar por algo que tenía tiempo dándole vueltas — ¿Hay alguien a quién quieras que se avise que estas aquí?
Nico bajo la mirada, de pronto sus manos se convirtieron en algo demasiado interesante como para dejar de verlas — Nadie— poner en palabras una verdad tan definitiva como esa, dolía.
Alejandro se sintió molesto, quién podía dejar solo a un chico que se notaba todavía debería estar en el regazo de su madre — Pronto será navidad— se encontró comentando sin saber muy bien porque le daba tanta importancia a la indefensión del muchacho —Alguien debería atenderte cuando salgas de aquí. Con esa pierna vas a necesitar quién te ayude.
Algo dentro de Nico se activó, algún mecanismo de auto preservación, lo que fuera, lo único que tenía claro era que debía parar ese asunto de una buena vez— Le agradezco la preocupación— arrugando el ceño le miró directo a los ojos— pero estoy bien solo… No soy un niño perdido que busque una niñera, vine a vivir a este pueblo para tener algo de privacidad y quiero mantenerla así.
Nicolás espero que el pueblerino se despidiera enfadado por su falta de tacto, jamás imagino ver el guiño que el alto señor músculos le dedico— Te dejaré tranquilo por hoy— hablo viendo la hora en su reloj de muñeca— tengo que ir a casa para descansar un poco. Hoy tendré que patrullar en el turno nocturno— al ver la carita de estupefacción del chico, agrego— Es la política con los solteros, mantenernos trabajando en lugar de dejarnos ir a buscar acción por allí.
El oficial se despidió sin darle tiempo a Nico de replicar nada, el hombre simplemente se dio la vuelta y salió por la puerta. De todo el asunto lo que dejó al pobre chico con taquicardia, fue ver lo bien que se acomodaba ese trasero bajo la delgada tela del pantalón del uniforme.
—¿Qué me pasa?— metió la mano bajo las mantas para descubrir que alguien allí abajo parecía realmente interesado en lo que podía dar ese cuerpo macizo de hombre que recién se marchó.
Acomodándose mejor en la cama cerró los ojos, dándose un masaje en la frente con las manos trato de reacomodar las ideas. Quizás todo era cosa del síndrome de abstinencia, o como dirían algunos versados: del caso de las bolas azules. La idea de follar con algún desconocido, en otro momento, en medio de su desesperación fue algo que hizo, causándole aún más daño al final. Por ningún motivo quería andar ese camino otra vez, al menos ahora se sentía dueño de su vida. Después de un largo proceso había aceptado que él no regresaría, que todo aquello era parte de un pasado que no podría hacer volver ni con todas las lágrimas del mundo.
Alejandro salió de la habitación, pero en lugar de marcharse se quedó detrás de la puerta por un momento, como si algo le dijera que debía escuchar atentamente. Estaba por marcharse pensando que se estaba volviendo loco, cuando unos suaves sollozos se hicieron escuchar tras la madera. El bonito muchacho con ojos de hierba regada por la lluvia, estaba llorando como un niño. Por puro impulso puso la mano en el llavín, estaba justo por abrir cuando cambio de opinión, lo dejaría desahogarse en soledad por ahora.
Apenas llegar a la Estación de Transito, cuando escuchó a sus compañeros quejarse del viejo miserable que gozaba con patear sus culos por simple diversión.
—Mis respetos, hombre— fue el saludo que recibió Alejandro apenas llegar a la sección de casilleros— vivir con tu padre es cosa de valientes.
Alejandro no sabía si enojarse o reírse con sus pobres compañeros, el jefe de la estación había dado orden de que los oficiales de tránsito debían ir a entrenamiento para evitar que se convirtieran en un montón de holgazanes. Lo que nadie tomo en cuenta es que el ex-militar Baldelomar, condecorado tantas veces que nadie llevaba ya la cuenta, les fuera a tratar con todo el rigor que el servicio militar exigía.
— Y eso que dijo que los trataría con la deferencia propia que se le dedica a un motón de señoritas de buena familia— decidió burlarse de lo pobres desgraciados. Los infelices tenían la apariencia de haber sido masticados por un dragón y luego regurgitados.
— Ya veremos cómo quedas después de que tu padre te entrene delicadamente— respondió uno de los oficiales más viejos.
Alejandro se encogió de hombros— Digamos que él puso especial atención en el entrenamiento de sus hijos— abrió el casillero y acomodó su bolso— no creo que nos lance algo que no podamos manejar.
Entre refunfuños y quejas los oficiales del siguiente turno acabaron de prepararse para comenzar con el trabajo. El día estaba nublado, aunque la lluvia desde la mañana había dejado de caer, no se podía confiar en eso. La patrulla había sido lavada y se le había hecho los cambios de aceite, la chica estaba lista para el turno nocturno. En una ciudad como esa no solía pasar cosas graves, por lo general no se pasaba de abolladuras, el accidente más grave en días había sido el caso de Nicolás García, el pintor que vivía a en las afueras.
La noche estaba algo fría, dejando claro que la navidad se acercaba con pasos gigantes. Estacionado en el cruce de calle veía como los pocos automóviles que transitaban a esas horas de la noche lo hacían dentro de los limites establecidos, por lo visto no podría matar el aburrimiento haciendo boletas.    Sin poderlo evitar sus pensamientos se fueron otra vez al delgado chico de tristes ojos verdes que de seguro dormía en la cama de hospital, era injusto que alguien tuviera que pasar la navidad solo, y lo que era peor, con una  pierna rota. Una sonrisa algo malévola se formó en los labios del oficial, era hora de usar sus influencias asegurándose que le informaran cuando al chico le dieran la salida.
En el hospital Nico estaba dolorido, al parecer al día siguiente las cosas dolían más, de no ser por los analgésicos de seguro le dolería hasta respirar. La amable doctora que le atendía le había dicho que en un rato le darían la salida, que solo estaban esperando un último trámite antes de dejarlo libre. Sentado sobre la cama, cansado de ver las paredes blancas, no pudo evitar recordar al guapo oficial de tránsito. Realmente era increíble que un hombre así no fuera un bailarín exótico, era alto, hombros anchos, un dorso esculpido en piedra, vientre plano, piernas largas, un culo de infarto, pero de todo ello lo que le daba ese toque fatal, eran sus ojos color miel. Era como mirar a un niño grande, su sonrisa era abierta, sin trampas, su manera de hablar era desenfadado, se movía con la gracia de un felino grande, un hombre así era material pornográfico.
— ¿Cómo van las cosas? — una voz conocida le saco de su ensimismamiento. Al levantar el rostro se encontró con los ya conocidos ojos color miel. — Espero que estés mejor.
Sin poderlo evitar, Nico se encontró devolviéndole la sonrisa al ladino vestido de uniforme— ¿Ahora el transito vigila la conducción de sillas de ruedas?
El chico tenía un sentido de humor retorcido. Alejandro lo encontró caliente como el infierno, ese chico debía de ser del tipo tierno en la cama, eso era seguro. Era de esas  personas con la que no era aburrido quedarse allí sentado conversando por horas.
—Solo vine a vigilar que un paciente no se escape en una silla de ruedas sin permiso—,le dedico un guiño—dicen que hay uno que no deja de quejarse por la comida del hospital.
Nico tomo aire, dejándolo salir lentamente trato de recordarse a sí mismo que no era del tipo de bromear con desconocidos—  De verdad— trato de encontrarle a todo el asunto algo de sentido— ¿Por qué esta aquí?...¿Estoy en algún tipo de problema?  
Alejandro se tomó su tiempo para contestar— Solo quería ver como estabas—,se encogió de hombros— ayer estabas desvariando un poco—El rojo encendido de las mejillas del paciente le dejo saber al oficial que había dado en el blanco—creo que me preguntaste si trabajaba en alguno de esos bares nudistas.
El chico abrió la boca, casi podía escuchar su propia quijada dar contra el piso— Lo hace a propósito— jadeo más que hablar.
—Tal vez— se puso de pie dejando de lado la silla— por ahora voy a casa a darme una ducha, más tarde vendré a buscarte para cuando te den la salida.
—¿Y quién dijo que me iría con usted, oficial? — achinando los ojos estaba listo para dar pelea. Los que le conocían sabían bien que cuando se ponía de ese modo era más fácil mover una montaña que hacerlo cambiar de opinión.
—Solo te informo— busco la puerta de salida— Nos vemos luego.
            Nico quería tener algo a la mano para arrojárselo, ese hombre era insufrible. Cruzándose de brazos enderezó la espalda, arrugando el ceño decidió que nadie lo haría cambiar de opinión.
            Tres horas después se encontraba sentado en un automóvil 4x4 modificado rumbo a su preciada cabaña— Mamá te mando pastel— hablaba Alejandro mientras conducía, ignorando olímpicamente el ceño fruncido de Nico.
            —Me importa una mierda— se encontró el pintor diciendo. Usualmente era del tipo tranquilo, su pareja, él sí que era mecha de cartucho de dinamita, encendía con cualquier cosa. Nico amaba el hecho de que con solo darle un beso se calmaba con la misma facilidad con que se enfadaba, lo amaba tanto.
             —¿En qué piensas? — En ese momento fue consiente qué el auto estaba detenido a la orilla de la autopista.
            Nicolás se llevó las manos a la cabeza, un dolor comenzaba a formarse tras sus ojos— No es nada— su tono de voz era cansado— ¿Podemos continuar?
            Alejandro no hizo ademan de encender el vehículo nuevamente, en el horizonte el sol estaba cubierto por un cumulo de nubes negras, de seguro lo que quedaba del día no terminaría sin ver una tormenta. —No eres buen mentiroso— hablo sin dejar de observar el cuerpo menudo que estaba sentado en el asiento del pasajero.
            El pintor se masajeo la cien— Me va a doler la cabeza— se quejó. Desde hace demasiado tiempo no tenía con quién hacerlo.
            —Espera— el sonido del cinturón al desabrocharse hizo que Nico levantara la vista— Mi papá me enseñó como aliviar esa molestia antes de que se convierta en algo insoportable.
            Nicolás tenía toda la intensión de decirle que por él se podía ir a meterse en sus asuntos y dejarlo en paz, pero las manos grades que le acariciaban cada lado de la frente lo hizo gemir de gusto— ¿Qué haces? — apenas si pudo preguntar. El hombre tenía unos dedos largos, su aliento golpeaba la mejilla del pintor.
            —Voy a desabrocharte el cinturón— advirtió justo antes de hacerlo— Ahora siéntate de manera que me des la espalda.
            Los masajes de los que era víctima lo hicieron dócil, obedeciendo quedó de cara a la ventanilla del pasajero. Alejandro comenzó a masajear la nuca, para luego irse hasta los hombros delgados, presionando justo los músculos correctos—Se siente increíble— tuvo que reconocer. La risa picara que escucho a su espalda le dijo  que había inflado el ego de un hombre.
            El oficial de tránsito no podía negar el estar disfrutando de su momento de altruismo, sentir esos hombros delgados, la espalda esbelta, la redondez que comenzaba al final de la espalda, todo esto le estaba ocasionando una cierta tensión en su sexo. Cuando supo que de seguir así iba a acabar haciendo algo realmente loco, prefirió dejarlo por la paz— ¿Ya te sientes mejor?
            Un suspiro fue su respuesta, su paciente estaba dormido. Con cuidado de no ocasionarle dolor en la pierna rota, lo acomodo en el asiento y abrocho el cinturón— Descansa.
            En media hora más llegaron a su destino. Entrando a la propiedad estaciono en el patio de enfrente. Tomando las llaves de la cabaña, las que estaban en el bolsillo de la chaqueta de Nico, fue a abrir y encender las luces. Al entrar descubrió algo increíble, al tocar uno de los encendedores de la pared, la casa se ilumino con diminutas luces de colores. El aroma a pino recién cortado inundo su olfato, la pequeña cabaña era como la casita de un cuento de navidad, lo único que necesitaba para ser perfecta era el aroma del pastel de manzana.
            Recordando que tenía a Nico dormido en el auto, dejo la puerta abierta para ir a buscarlo. Dentro de su 4x4 estaba el chico todavía dormido— Hora de llevarte a casa— levantando en brazos el cuerpo delgado lo llevó hasta dentro.
            La cabaña era pequeña, un solo ambiente, una puerta separaba el dormitorio de todo el resto. Así que Alejandro solo tuvo que empujar con el trasero la puerta para poder entrar con su carga al dormitorio. La cama era de dos plazas, un armario cubría una pared, al otro lado una cómoda con espejo, el piso estaba cubierta con una gruesa alfombra beige, era algo lindo de ver. Estaba seguro que la cabaña se parecía a su dueño.
            Acostando al chico entre las mantas, le quito el zapato que traía puesto en el pie sano. Le soltó el broche del pantalón y lo arropo con una manta gruesa que encontró en una esquina. Sentándose en la orilla de la cama observó su obra, el joven se veía demasiado guapo y demasiado solo, cosa que no creyó posible  en una sola persona. Después de un rato de estar viendo al chico decidió que ya era hora de marcharse. Tenía varios días libres que disfrutar, ahora sabía que los invertiría en venir a cuidar al guapo huraño.
            Al ponerse de pie camino hasta la ventana, en ese momento fue consiente que fuera estaba lloviendo como si al cielo se le hubiera roto una tubería— ¡Diablos!— conocía lo suficiente del clima de ese lugar como para saber que ese fin de semana no habría sol. Era mejor bajar hasta el pueblo e ir a casa. Con cuidado de no despertar al bello durmiente, salió casi de puntillas del dormitorio.
            En el patio la zona verde estaba totalmente llena de agua, aquello parecía el Diluvio Universal, corriendo hasta el 4x4 trató de no mojarse demasiado. Estuvo a punto de llorar cuando vio que la llanta del lado del conductor estaba ponchada, y lo que era peor, en la mañana había sacado la llanta de repuesto para sacudir un poco. Entrando a la casa nuevamente, se recostó al marco de la puerta— Estoy jodido…
            —Lindo vocabulario para un chico de uniforme— se mofo Nico desde el marco de la puerta de su dormitorio. La verdad era que tenía cierto encanto el ver al “sonrisa de dentífrico” apunto de sentarse a llorar.
            —Eres malo— se cruzó de brazos sin dejar su lugar junto a la puerta de entrada.
            —Yo no te pedí que vinieras— se defendió Nico.
            La sonrisa regresó en toda su gloria— Ahora tendrás que darme posada aquí— entró como si fuera el dueño de la casa, sentándose en el cómodo sofá.
            El pintor observó cómo su casa era invadida— Ni en tus sueños— tomo la muleta y cojeando logro llegar a la silla junto al lugar donde estaba sentado el invasor.
            Alejandro estaba en sus calcetines— Tienes una camisa o algo que pueda quedarme— hablo ignorando por completo el ceño fruncido de su anfitrión.
            Nicolás a duras penas logro llegar a la parte de enfrente de la silla, dejándose caer se sintió tan cansado como si estuviera acabando de correr un maratón— Eres demasiado grande— se quejó sin dejar de mostrarse molesto— ¿Cómo piensas que algo mío pueda quedarte?
            —Tienes razón— se encogió de hombros— aunque no te preocupes, ya me aseguraré de que dejes de estar tan flaco.
            —Te quedarás—, se sentía apunto de morderse la lengua— pero no te creas que vas a durar aquí más tiempo del necesario.
            El oficial fingió no escuchar al malhumorado muñequito, poniéndose de pie  decidió que lo mejor era quitarse la camisa para ponerla a secar por allí.
            Nicolás estuvo a punto de tragarse su propia lengua,  su molesto invasor de moradas estaba desnudo de la cintura para arriba. Si por encima de la ropa se adivinaba que las cosas prometían estar buenas, ya sin nada puesto aquello era más de lo que se podía admitir como real.
            —Creo que me puedo quedar así— se encogió de hombros con tanta naturalidad que rayaba en el descaro— Voy a poner la camisa a secar tras la refrigeradora— mientras caminaba al lugar donde estaba la zona de cocina, agregó— en cosa de dos horas estará totalmente seca.
            —¡Ah!— ironizó molesto Nico— ¿Y los pantalones?
            El oficial  hacía parecer, con su metro ochenta de altura, el espacio de la cocina como algo demasiado pequeño— Creo que tienes razón— puso su mejor cara de inocencia— es mejor no andar con la ropa mojada.
            Nicolás agradeció no padecer de males cardiacos. Alejandro estaba poniendo las manos en la cinturilla de los pantalones y comenzaba a bajarlos lentamente. El desgraciado tenía unos hombros anchos, una cintura estrecha, y como a propósito, un culo en el que si tiras monedas estas rebotan.
            —¿Qué haces? — chilló horrorizado el pintor— Estas desnudándote en mi cocina.
            Alejandro se dio la vuelta, acomodando el pantaloncillo que hacía las veces de ropa interior, le dedico un guiño travieso— No estoy desnudo…—señaló sus caderas— Además, los dos tenemos lo mismo…No seas melindroso.
            Nicolás estaba totalmente sin palabras. Si se analizaba objetivamente, había que admitir que había similitudes, pero viéndolo desde la perspectiva en que estaba el pintor, la diferencia era de varios kilos de musculo, piel bronceada y algunos centímetros de más en el paquete que se dibujaba bajo la tela apretada. 
            —Creo que hay algo que tienes que saber— trago grueso el pintor, era su única oportunidad — Soy Gay.
            La carcajada que se le escapó al oficial de tránsito nudista era algo ruidosa— Si es un ofrecimiento— hablo tratando de tomar aire— lo tomo.
            El pintor tuvo toda la intensión de decirle que no era lo que pensaba, que aquello era todo un mal entendido, que lo que había dicho era para que supiera que no era correcto andar por allí desnudo delante de él, pero todas las palabras murieron cuando Alejandro se agachó delante de donde estaba sentado Nico.
            —¿Pero, qué? — un besó interrumpió cualquier intento de defensa. Lo normal sería que Nico le apartara, cualquier contacto físico demandaba mucho esfuerzo para él. Gran sorpresa fue el encontrarse así mismo devolviendo el beso, todas sus neuronas se fueron a paseo, dejándolo solo con los deseos que se fraguaban en la parte baja de su cuerpo.
            El oficial le besaba sin perder el control, algo le decía que a este joven había que llevarlo con paciencia. Las manos grandes acariciaron las mejillas delgadas con la delicadeza que se le dedica al cristal más fino — Eres hermoso— le susurro contra el oído.
            Nicolás dejo salir un gemido, hace demasiado tiempo no sentía lo que eran las caricias de un hombre— Si te lo pidiera— se apartó para mirar a los ojos del joven que arrodillado entre sus piernas— ¿Te acostarías conmigo?
            El oficial se mordió los labios, en sus ojos un brillo de travesura se hizo presente— Si no me pateas en la noche—, el tono de voz no delataba segundas intenciones—se podría arreglar algo.
            —Hijo de p…— no pudo terminar porque la boca de Alejandro estaba tomando por asalto la de Nico.
            —Me gusta ese carácter tuyo—, le dio un mordisquito en el labio superior—solo espero que no  me aruñes demasiado, gatito.
            Tomando aire el pintor trato de recuperar la cordura—Será cosa de una noche— advirtió, no quería malos entendidos.
            —Quizás logre convencerte de repetir— se encogió de hombros— Soy bueno en eso.
            —Lo digo enserio—, Nicolás no se dejaba engañar, una cosa era el deseo y otra muy diferente el compromiso— yo no quiero complicarme la vida con cosas…
            Un beso le interrumpió otra vez— No pienses tanto—, Alejandro le beso otra vez— mejor sígueme la corriente.
            Algo en esa sonrisa tan honesta lo hizo confiar, los ojos color miel le miraban prometiendo  travesuras de adolescentes— Estas loco—, se encontró sonriéndole al oficial— lo peor de todo es que parece que se contagia.
            —Creo, jovencito— encogió los anchos hombros— que es hora de irnos a la cama.
            Fuera se escuchaba como si el cielo estuviera azotando la tierra a punta de agua. La pequeña cabaña era un refugio acogedor en medio de la tormenta. La luz de un rayo iluminó todo el primer piso de la cabaña, el ruido del trueno y luego todas las luces de la casa se apagaron.
            —Diablos— chillo el pintor aferrándose con las uñas a los brazos de su pronto a ser amante.
            —¡Ahy! — se quejó el hombre más alto al sentir como por muy poco le sacaba sangre—Está bien que te asustes, pero no me arranques la piel.
            —¿Aquí siempre es así? — Pregunto Nico comenzando a arrepentirse de comprar esa cabaña en ese lugar donde las tormentas eran tan terribles.
            —Pocas veces en el año— se explicó mientras levantaba en brazos al chico con cuidado de no lastimarle la pierna enyesada—Mejor sigamos justo donde lo dejamos, así se te olvida el asunto del clima.
            Gracias a los rayos que iluminaban la tierra, Alejandro logro llegar con solo algunos pequeños contra tiempos hasta la habitación.
            —Esta tan oscuro— comento el pintor mientras era acomodado sobre la cama— Esto es extraño si vives en  la ciudad.
            —Lo sé— le respondió el oficial de tránsito mientras se acomodaba junto al cuerpo menudo de Nico— Cuando mi padre se casó vino para acá con mi madre, luego nacimos todos sus hijos. He vivido en la ciudad, fue divertido por un tiempo, pero luego extrañe a todos aquí. Así que regresé.
            Nicolás se había acostado con uno o dos tipos después de la muerte de su pareja de vida, pero no recordaba haber tenido esas charlas con ninguno de ellos— Eso quiere decir que eres un chico de campo— se mofó.
            La carcajada de Alejandro lleno la oscuridad de la habitación— Pues este chico de campo te va a enseñar un par de cosas— explicó mientras metía una mano bajo la camisa de su anfitrión.
            El pobre Nico jadeo al sentir como una de sus tetillas eran tomadas entre los dedos del invasor de casas— Vas bien— logró hablar antes de que sus labios fueran seducidos por la boca experta del oficial— Si sigues así, tal vez me acuerde de tu nombre mañana.
            Ahora era el cuello del pintor el que era mordisqueado sin piedad— Y tu culo también me va a recordar— sentenció mientras con la otra mano que no torturaba las tetillas del hombre, se fue a apretar los globos redonditos del trasero.
            —Algunos solo saben usar la lengua para hablar— se defendió tratando de acallar los gemidos que amenazaban con escapársele.
            —Eso se puede comprobar fácilmente—De un tirón Alejandro hizo salir del juego a la camisa de su amante, dejando al descubierto un dorso delgado.
            Nicolás no podía creerlo, ese sinvergüenza sí que sabía lo que estaba haciendo.  Con la lengua comenzó a juguetear con cada una de sus tetillas, luego las mordisqueaba y cuando las cosas rallaban en lo doloroso, las volvía a consolar con su lengua. Para ese momento fingir que no sentía nada era algo estúpido, apuñando las mantas bajo sus manos, trato de tener un lugar de donde asirse.
            —¿Cómo lo estoy haciendo? — pregunto mientras continuaba con su trabajo en la oscuridad de una noche tormentosa.
            —Digamos que no sé si ya dejó de llover— bromeo Nico como desde hace tiempo no lo hacía.
            Alejandro se incorporó quedando entre las piernas de Nicolás, siempre con cuidado de no causar más daño a la pierna rota— Ahora voy por la fase en que vas a sentir que la tierra tiembla.
            —Tal vez puedas hacerlo—, reto dejándose hacer— tal vez no.
            —Así que me tocó en suerte un caso difícil—, acarició el pene del chico por encima de la tela del pantalón corto— esto solo se pone mejor.
            Nico no podía decir en qué momento exactamente las cosas se habían salido de control de tal forma, podía sentir el frescor de la noche sobre su sexo desnudo, aunque no podía ver por la falta de luz, al menos podía imaginarse el deseo en los ojos de su amante.
            —Hace mucho tiempo que no hago esto— quiso dejarle en claro— Ten cuidado.
            Alejandro llevo una mano hasta el cabello desordenado de Nico, acariciándole con cariño— Cuidaré de ti.
            —No quiero olvidarle— sin poderlo evitar y como un verdadero idiota, comenzó a llorar como un niño.
            Alejandro estaba listo para tener sexo con el chico bajo él, sabía que este le deseaba. Era una gran suerte que su padre fuera un exmilitar y que les hubiera enseñado a sus hijos un par de cosas sobre la guerra, mientras su madre les explicaba otras tantas sobre el amor. Como resultado final aprendió que en el amor y la guerra todo se vale. Es mejor una retirada estratégica que un ataque que lleve como resultado a la derrota.
            —Si algo vale la pena— se recostó junto a Nico que no dejaba de llorar, abrazándole con cariño— no se olvida…así de simple…Háblame de él.
            Nicolás, en medio de una noche donde los rayos no dejaban de golpear la tierra, comenzó a hacer lo que no hizo en los meses que lo obligaron a ir a terapia por lo del intento de suicidio, habló de él. Alejandro abrazó el cuerpo menudo que entre sollozos le habría el corazón, sin poderlo evitar sintió como también sus mejillas se humedecían al escuchar esa historia tan larga y llena de amor. Otro día podrían tener sexo, pero otra noche de estas quizás no la volverían a tener, porque hay cosas que se cuentan una sola vez en la vida.
            Lentamente la mañana llegó con su luz molesta, esa que pega justo en la cara cuando se está en lo mejor del sueño. Al moverse sintió la molestia en su pierna, era fácil olvidar que la tenía rota. Con cuidado se sentó, encontrándose solo en la enorme cama. Sin poderlo evitar sonrió, qué podía esperarse si en lugar de una fulgurante noche de sexo le dabas a un chico la patética historia de tu vida. Sintiendo los ojos hinchados y con la cabeza que dolía por pasarse toda la noche llorando como alma en pena, no tenía muchos deseos de averiguar que más mierda le arrojaría el nuevo día.
            El sonido de la puerta al abrirse puso en alerta a Nico, lo que jamás se hubiera esperado estaba entrando con una bandeja en las manos— ¡Buenos días! — Saludo Alejandro entrando con la soltura de alguien que está en su propia casa— es una suerte que nos guste la misma marca de café…eso es el destino.
            —Supongo que soy afortunado— se encontró devolviéndole la sonrisa. En los ojos del otro hombre no vio lastima ni molestia, solo era un chico descarado tomando posesión de la cocina del dueño de casa.
            —Traje suficiente para ambos— se sentó junto a Nico, recostando la espalda contra el cabecero de la cama se dispuso a compartir el desayuno.
            Al ver las dos tazas de café, más el tocino, los huevos revueltos, el pan tostado con mantequilla, y sin olvidar las dos manzanas, no pudo más que encogerse de hombros—Supongo que alcanzará.
            —Ves—, le robó un beso rápido a Nico— te conviene quedarte conmigo…Hago buenos desayunos.
            De pronto el apetito se le fue al pintor— ¿No te molesta lo que te conté anoche?
            Alejandro dejó la taza que recién había llevado a sus labios, sobre la bandeja— Solo voy a decirte que eres un tipo afortunado…Encontraste un gran chico para enamorarte la primera vez, ahora resulta que encontraste a otro. Es como pegar la lotería nacional dos veces.
            Nicolás no pudo aguatar, si no es porque Alejandro puso a salvo la bandeja, de seguro todo habría ido a dar al suelo, las carcajadas eran tan fuertes que sus ojos estaban lagrimeando.
            —Señor Nicolás García—, su expresión era seria— jamás pensé que se fuera a reír de mí.
            —Creo que si no te vas a tiempo—, se limpió las lágrimas con el dorso de la mano— voy a acabar enamorándome de ti.
            Poniendo la bandeja sobre la mesita junto a la cama, se volvió para mirar a los ojos verdes de Nico—Voy a hacerte el amor—, le advirtió— eres un chico maravilloso como para pasar las noches solo— Luego dedicándole un guiño travieso, agregó— Eso hablaría muy mal de este pueblo.
            —Claro que sí—, le siguió el juego el pintor— lo entiendo…Un guardián de la ley jamás podría permitir una barbaridad como esa.
            —Ya me estas entendiendo— fue lo último que dijo antes de seguir con su juego de seducción.
            Nicolás no pudo evitar sonreír, tenía su sonrisa de nuevo, la que había perdido tres navidades antes. Las manos grandes del oficial le acariciaron, le estrujaron y se metieron donde hace tiempo nadie entraba. El pintor abrió las piernas con cuidado de su pierna herida, su amante entendió el gesto y entre beso y beso llego al pene que le esperaba con fuertes fugas de presemen.
            La luz de la mañana bañaba cada rincón de la habitación, los cuerpos desnudos de dos hombres disfrutaban de múltiples caricias. Nicolás gemía como un animal en celo, Alejandro centímetro a centímetro introducía su miembro en la entrada estrecha de su amante. Después de unos minutos prodigándose besos cálidos, Nico se sintió preparado para la acción enserio.
            —Has lo tuyo, bebé—  animó al hombre más alto que sobré él se contenía para no dañarle.
            —Esta vez seré cuidadoso—, se excusó— pero cuando te quiten ese yeso no tendré piedad de ti.
            Nico quiso decirle algo ingenioso, una lástima que se le hubiera olvidado hasta de respirar cuando sintió el embiste del miembro de Alejandro dentro de su culo— ¡Maldición! —gimió.
            —Eres de los que maldicen— hizo la brillante observación el oficial de tránsito—Veamos que más sabes dices cuando llegas.
            El pintor podía jurar que estaba viendo estrellas de colores, casi tan lindas como las de su árbol de navidad, su amante sabía usar el pene como pocos en el mundo podrían hacerlo así de bien. De seguro se enamoraría de ese hombre, era como sí Javier le hubiera dado su bendición para comenzar una nueva vida, por primera vez no se sentía como un traidor por entregarse así a otra persona.
            Unos golpes certeros en la próstata de Nico y todo estaba perdido, con un grito se vino tan fuerte que casi podía jurar que su cerebro se le fue diluido en el semen. Alejandro todavía dio unos cuantos empujones más y llegó llenando el condón con su semilla.
            —Tengo la noche de navidad libre— anuncio el oficial mientras se dejaba caer junto a Nico— Cenaremos en la casa de mis padres.
            Nico justo en ese momento recupero la cordura, se incorporó a tiempo para ver como su amante se deshacía del condón en el basurero cercano— ¡Estás loco!
            Poniéndose de pie dejo que el pintor le viera en toda su gloriosa desnudez— Quizás estoy loco— le mostró un guiñó travieso— pero solo por ti, bebé.
            Sin poder creer todavía en el lío que se había metido, Nicolás vigiló cómo su desnudo invitado se diría hasta el baño— No iré— recalcó, aún a sabiendas que posiblemente acabaría en esa cena. Con el poco tiempo que tenía de conocer al oficial Baldelomar, tenía la certeza que cuando metía cabeza en algo, no se rendía hasta que lo conseguía, muestra de eso era que todavía tenía su vientre manchado de semen y el culo abierto por un tipo al que juró no saludar una segunda vez.
            Nicolás estaba sonriendo nuevamente, tenía su sonrisa como regalo en esa navidad. Recordando al angelito de porcelana de su árbol, decidió que lo colocaría en la cajita donde guardaba la estrella que había comprado junto a Javier. La vida estaba llena de momentos felices que coleccionar y él pensaba vivirlos con la esperanza que daba la llegada de la Navidad. 

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Para este año estoy escribiendo una nueva historia para esta navidad.

La idea es que se diviertan y de paso me den una razón para seguir escribiendo…
Gracias por su amistad de siempre.

Con cariño:
Milagro Gabriel Evans


18 comentarios:

  1. Estuvo linda l historia.. Cortita pero preciosa...que tengas una excelente fiesta...y que la disfrutes en familia....bss..

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  2. Me gusto mucho, Felices Fiestas y Prospero Año nuevo para todos

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  3. HERMOSO TIERNO ROMANTICO TE PASASTE QUERIDA
    QUE PASES HERMOSO EN ESTAS FIESTA Y QUE EL PROXIMO AÑO SEA DE MUCHAS BENDICIONES

    BESOS

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  4. Hola!! Me encanto!!! Muy divertido Alejandro...mil gracias por compartir tenia tiempo que no visitaba tu blog....besos y amo tus historias...Feliz Navidad!!!

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  5. Holaa me re gustoo Milagross!!! gracias por compartirlo!! estuvo bueno!!!!
    Feliz navidad que lo pases muy bienn!!!!!
    y en familia con mucho amor!!
    gracias! Besos!!

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  6. Muchisimas gracias por regalarnos esta historia. Me ha gustado mucho. Feliz Navidad a tod@s.

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  7. Milagro muchas gracias por compartir tu tiempo y tus historias con nosotr@s, espero que esta Navidad este colmada de bendiciones para ti y tu familia.
    Te envió un cálido abrazo y muchas Felicidades .

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  8. Hola Milagro,
    Feliz Navidad.
    Ainda não li a segunda parte do teu livro. Me encantou a primeira parte. Gracias por compartilhar teus tesouros.
    Felices fiestas. Besos.

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  9. Hola Milagros..... Me encantó tu relato.... Mis mejores deseos en estas fiestas navideñas...

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  10. Feliz Navidad ¡¡
    Muchas gracias por tu historia de Navidad.
    Muxus
    BOL

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  11. La ame! Espero ansiosa otra historia tuya 😘😍!

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  12. Muy tierna la historia, me encanto��������������

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  13. FELIZ AÑO NUEVO !!! me encantan tus historis, besos.

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  14. FELIZ AÑO NUEVO MILAGROS!! LO MEJOR PARA TI!!!! QUE EL 2017 SEA UN AÑO MUY BUENOO PARA TI!!!!!!!

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  15. Feliz año nuevo Milagros y gracias por esta segunda parte, que tengas un 2017 lleno de alegrías y nuevos desafíos. Saludos.

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  16. Hola feliz año muy bela historia gracias esperando tengas muchas mas para ompartir en este nuevo año muchos exitos

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  17. que bella historia, espero que este año venga cargado de nuevos exitos!!

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