lunes, 9 de enero de 2017

Relatos: Cuidando, hombres trabajando.






Parte II





—Eres un estúpido puto de mierda— Dina se llevó las manos a la cabeza en un gesto dramático— Si ese tipo tuviera un solo átomo gay te juro que lo tiene bien enterrado en el fondo del armario.
La música era alta, las luces en el techo giraban llenando de bolitas de luz de colores, el lugar era simplemente una mierda, pero era una mierda divertida. Le mesera llamada Mey había subido a una de las mesas y estaba subastando su pequeña blusa que le dejaba al descubierto gran parte de su vientre. Varios tipos tenía tres billetes y otros se estaban sumando a la broma colectiva.
Dina y Leo estaban enfrascados en su pelea de todo el tiempo desde hacía poco más de un mes. Los hermanos Álvarez eran un tema delicado entre los gemelos Santiago.
—¡Hola! — Diego se acercó por detrás de donde estaba Dina, haciendo que esta se volviera sorprendida al encontrarse con uno de los llamados a la discordia en cuerpo presente.
—Invítame a un trago fuerte— hablo la chica Santiago sin darle tiempo al hombre de decir nada más, lo tomo del brazo y prácticamente lo arrastro a la barra. Si se quedaba un rato más terminaría por golpear a Leo y empezar una pelea de bar.
 Leo no pudo evitar dejar salir una carcajada, su hermana gemela era tan bajita y menuda como él, verla arrastrando a un tipo de metro ochenta como si fuera un niño castigado era para morirse de risa. Al menos con eso se había ganado un rato de libertad sin la molesta mirada de su hermana justo en la espalda.
El toque de alguien en su hombro hizo que Leo girara para ver si tenía que darle un golpe al desconocido o  invitarlo a una bebida en la barra. Perplejo se dio cuenta que no era otro más que el hermano mayor de los Álvarez.
—¡Creo que voy a tener que pagarle  a tu hermana, ella sí que sabe hacer milagros!— esta vez fue el turno de Leo de trastabillar, tenía a Marcos justo en frente. Su guapo obrero estaba tan cerca que podía distinguir el aroma de su colonia.
—Ella siempre disfruto de torturar bichos— Leo se encogió de hombros tratando de parecer casual. El ruido de la música hacía difícil hablar, la gente pasaba demasiado cerca ya que estaban estorbando el paso— Así que sácale un seguro de vida a tu hermanito.
—¿Una cerveza? — Marcos puso la mano en la parte baja de la espalda del chico Santiago guiándolo entre la gente para llegar a la barra. Poco le importó notar que Leo no parecía muy cómodo con eso.
—No es buena idea actuar así con un chico como yo— detuvo el paso para hablar sin que el ruido estorbase— Soy gay y aquí todos los saben.
—Eso quiere decir que tú y tu hermana vienen seguido aquí— habló Marcos sentándose en una de las sillas altas.
Leo esperaba alguna reacción por lo que acababa de decir, pero el hombre grande solo le siguió haciendo conversación. Sin estar muy seguro de si estaba haciendo lo correcto o no, se sentó en el taburete de junto—Por lo que veo es casi un hecho que seremos cuñados— señalo con un movimiento de cabeza el lugar donde Dina tenía a Diego con la espalda contra la barra mientras prácticamente le succionaba la vida por la boca.
—Creo que es lo que necesita mi hermano— en esa parte del bar la música no era tan alta— Una chica que le enseñe que no puede hacer siempre lo que se le pega la gana.
—Ella hará bien el trabajo— sonrió de buen humor el gemelo.
Marcos pidió al cantinero una cerveza para ambos e indico que  la pusiera en su cuenta— Diego es una mierda terca— le devolvió la sonrisa— Podríamos hacer apuestas...
—Yo no daría un centavo por tu hermano— comentó Leo mientras llevaba la botella de cerveza a su boca, luego de darle un par de tragos, continuó— Ella es mala.
—¿Y tú eres el gemelo bueno si les compara? — la mirada de Marcos recorrió la figura del hombre sentado junto a él. El esbelto chico no parecía de los que van a la iglesia los domingos, aunque podía equivocarse.
Leo tomo la botella bebió tratando de bajarse los malos pensamientos, estaba comenzando a pensar que esos ojos negros lo miraban con un interés que nada tenía que ver  con ser hetero.
—Hay quien dice que soy bastante bueno— Leo se jugó el pellejo sin importarle si era golpeado por estar coqueteando abiertamente con el tipo de metro noventa y músculos sólidos.
—¿Tú madre? — bromeo el mayor.
Leo no pudo evitar dejar salir una carcajada que mostró los hoyuelos junto a cada esquina de su boca— Mi madre piensa que parió a Satanás y a Lucifer el mismo día—, aclaro sin pisca de remordimiento— pero no te preocupes, no usamos nuestros poderes para el mal.
Marcos no necesitaba darle una segunda mirada al mocoso para saber que la madre tenía razón. El cabello corto peinado en puntas, el pequeño pendiente en la oreja, la mirada picara en sus bonitos ojos color caramelo, y ni que decir de esos labios llenitos que de seguro sabrían mamar que era un gusto—Voy a confiar en tus palabra, recorrió con la mirada el bar—creo que mi hermano me abandono a mi suerte  por irse con  tu hermana.
—Juraría que ella lo secuestró—, le dedico un guiño al constructor guapo—reza para que lo devuelva entero mañana.
Marcos terminó de beber su cerveza, sin saber en qué momento ya llevaba más de una hora hablando incoherencias con su, suponía, cuñado— Pongo mi fe en eso—, aclaro— mañana Leo tiene que ir a trabajar, nos queda mucho  para entregar a tiempo.
—¿Puedo llevarte a casa en mi auto? — pregunto esperando que el otro hombre no se diera cuenta de lo asustado que estaba, era una desgracia que el hombre más caliente del bar fuera un hetero. Trataba de convencerse de que aquello no tenía nada de malo, eran solo dos hombres hablando como amigos y tomando una cerveza. Eso era todo.
—Te lo agradecería— miró el reloj que llevaba en su muñeca— No entiendo como ha pasado el tiempo tan rápido.
Leo sintió curiosidad y se fijó en el suyo— ¡Diablos! — el reloj marcaba las once de la noche— tienes razón. Voy a matar a mi hermana. Ella tiene que ayudarme a cocinar en el camión mañana temprano.
—Si necesitas irte a casa de una vez— ofreció una salida Marcos— Yo puedo conseguir un taxi.
—De ninguna manera—, se puso de pie— yo te dejaré en tu lugar. No se hable más. Es por culpa de mi hermana que te quedaste sin transporte, llevarte es lo menos que puedo hacer.
Marcos sonrió al caminar tras el hombre delgado de culo respingón, verlo balancearse al caminar lo tenía de puntitas, no estaba bien que un hombre fuera tan bonito.
—Como ordene, jefe— bromeó Marcos. El chico no solo era sexy, sino que también tenía un no sé qué mandón que hacía que su pene tomara nota detalladamente poniéndose firme y a la orden.
Fuera del bar la noche era fresca, era casi un alivio escapar de los bajos que hacían vibrar las paredes de madera del antro de vicio y perdición como le llamaba la gente buena de la pequeña ciudad.
—Mi auto esta allá— señalo Leo un automóvil que estaba estacionado a uno cuantos metros— No es la gran cosa, pero hace el trabajo.
Sin esperar más invitación el hombre más alto entro al automóvil compacto de los gemelos Santiago. La luz de la lámpara que iluminaba esa parte del estacionamiento estaba quemada.
—No debiste poner el carro aquí—, cerró la puerta del pasajero— está demasiado oscuro y sería fácil que te robaran.
—Cuando estacioné la lámpara funcionaba— defendió— No soy idiota.
La mirada de Marcos era la de un hombre interesado— ¿Eres gay?
Leo estaba encendiendo el motor, la pregunta lo hizo devolver la llave a la posición de reposo en el encendido. Tragando el susto giró lentamente la cabeza para encarar al hombre que podría partirle el cuello sin sudar una gota— Lo soy—, jamás se había negado a responder con la verdad a esa pregunta— no sólo lo parezco. Hay algunos chicos que son feos como osos y también lo son. Así que supongo que es válida la pregunta.
Marcos no pudo menos que admirar la valentía con que el chico habló, bien era cierto que dentro del bar le había dicho a las claras que la gente del bar pensaba que él era gay, pero en lo personal prefería no dejar cabos sueltos.  Así que aclarado el punto, lo mejor era dejar de hacer el tonto.
—Todo un alivio—, el constructor sonrió con suficiencia— pensé que tendría que acosar a un hombre recto.
Leo tardó unos segundos en procesar la información y lo que esta implicaba— ¿Eres gay?
Los hombros amplios se flexionaron en un gesto despreocupado— Cuando era adolescente tenía la esperanza de ser bisexual, pero luego descubrí que las chicas eran solo buenas amigas y que no era divertido pasar de ese punto con ellas.
—Suele pasar— comentó Leo tratando de evitar que se notara en su voz lo interesado que estaba en eso de que su constructor fuera gay del tipo caliente y grande. Solo esperaba que la zona intima también fuera de buen tamaño.
Marcos le dio una mirada amplia al hombre que la acompañaba, la luz del tablero del coche dejaba ver el rostro bonito de Leo, el cocinero era de la manera justa en que a él le gustaban sus amantes. Era peligroso que el gemelo llegara a ese punto donde no podía pedir más, de esas historias solo se escribían desastres. Compañeros de trabajo, nada bueno podía salir de eso.
—¿Te gustaría beber un café en mi apartamento? — la verdad sea dicha, Marcos estaba demasiado duró como para no intentar pasarse de listo en la primera cita o lo que fuera esa situación.
Leo se lamió los labios en un gesto nervioso, todavía no se creía del todo que ese obrero de construcción fuera gay realmente. Había escuchado historias acerca de cómo un confiado había acabado hecho polvo por ir a un lugar solitario con un loco homofóbico reprimido.
—La verdad no sé si creerte eso de qué seas gay— Leo decidió que si iba a morir, al menos quería poner como excusa en el infierno que él había intentado no ponérsela fácil a su asesino.
—Creó que conozco la manera más rápida de conversarte— Marcos recostó su espalda a la puerta del automóvil.
Leo estaba tan excitado como asustado. Todo el mundo sabía lo que se decía de las historias que sonaban demasiado buenas para ser verdad.
—¿Te harás un test o algo así?— cuando se asustaba solía ponerse algo boquiflojo.
—Tengo una mejor idea que esa—Marcos se acercó lentamente hasta quedar a centímetros del rostro de Leo, colocando una de sus grandes manos tras la nuca del joven cocinero rozó los labios buscando tentarlo.
El aludido tuvo toda la intensión de responder algo ingenioso, decir algo, pero quién putas podía cuando una lengua tibia te estaba violando la boca de esa manera tan ardiente. Las explicaciones quedarían para después, por ahora su cerebro era dominado por la cabeza que estaba erecta sobre su cadera.
Marcos tenía demasiado tiempo sin echar un buen polvo, uno que al menos valiera la pena recordarlo una semana después. No es que fuera tan calienta camas como su hermano Diego, aunque había de admitir que tenía cierta experiencia con personas de ambos sexos.
—Creó que es una buena manera de defender tú punto — comentó Leo cuando el otro hombre le dejó algo de espacio para tomar aire.
—Por lo general soy del tipo de hechos más que de palabras— fue la replica antes de volver a besarlo como si no hubiera mañana.
Leo pensó que aquello era bastante peligroso, las manos grandes ya no se conformaban con acariciar su cabello, ahora estaban buscando su camino bajo la camisa— Esto parece bastante gay para mí— quiso razonar con el besador profesional que se lo estaba devorando vivo.
—Tal vez tenga que insistir solo para no dejar lugar a dudas—, la sonrisa juguetona de Marcos desmentía la seriedad de sus palabras.
—Alguien nos puede ver— chilló el más joven cuando una de las manos callosas por el trabajo en la construcción comenzó a zafar el botón de la cinturilla de los pantalones ajustados.
—No hay suficiente luz—, aclaró Marcos— además, soy lo suficientemente grande para partirle la cara al que se pase de simpático con algún comentario idiota.
—En el trabajo— jadeo Leo cuando sintió como el constructor tocaba lo que ocultaba su pantalón— Aquí vienen muchos compañeros a pasar un buen rato… ellos podrían.
—Buscar a alguien que bese tan bien como tú— termino la frase— Por ahora solo quiero saber si tienes algo en contra de que juegue con esto—apretó el miembro erecto que se encontró bajo la tela— Según lo veo yo, venir sin ropa interior a un bar habla de muchas cosas.
Leo casi se desmaya cuando un leve mordisco pellizco la piel justo bajo su oreja. Ese era el exacto lugar que lo ponía tan caliente que estaba perdido—Si nos ve alguien del trabajo esta será una noche que nos joderá enserio—, la verdad era que nadie en su sano juicio se metería con Marcos, pero en su caso sería otra historia.
—Ya veremos— reto Marcos mientras sacaba de su confinamiento el pene del chico.
—¿Qué diablos pretendes? — apenas si logró controlarse lo suficiente para no gritar. El constructor había dejado de jugar con su cuello para inclinarse justo en el vértice de sus caderas.
—Probar si sabe tan bueno como se ve— se burló sin compasión mientras lamía la carne caliente.
Leo tomo entre sus manos el volante del auto negándose a ayudarle al tipo en lo más mínimo. Luego no quería que al día siguiente le recriminaran nada— Los hombres heteros no hacen eso—, intentó hacer bajar la tención con algo de humor.
Marcos solo sonrió justo antes de meterse el sexo del cocinero hasta el fondo de su garganta. Leo por lo general no era un amante silencioso, era más del tipo de dar presentaciones pornográficas auditivas a sus vecinos en el edificio, con un esfuerzo sobre humano trato de mantenerse callado.
—Ya no puedo— las palabras se le atascaban en la garganta— Alguien nos va a descubrir.
Si Marcos escuchó o no, eso fue algo de lo que Leo no tuvo muchas pistas, el hombre seguía haciendo su magia con esa boca caliente. El paso de un grupo de jóvenes escandalosos poco hizo para desconcentrar a Leo de lo que le estaban haciendo. Si Marcos seguía a ese ritmo Leo se iba a venir de la manera más cruel posible. En el momento justo en que el orgasmo apretaba sus bolas, Marcos se apartó.
—¡Qué demonios! — grito importándole poco que alguien pudiera escucharle en el estacionamiento.
—¿Tú casa o la mía? — preguntó el constructor mientras se enderezaba en el asiento— Esto no lo podemos continuar aquí. Quiero tu culo esta noche.
—Realmente te arriesgas a que todo el mundo se enteré de que te gustan los penes— gimió frustrado Leo— Se te olvida el lugar donde trabajamos, es una puta constructora.
El mal humor de Leo fue producto de la frustración. Realmente no le gustaba la idea de tener que empezar a pelear con los obreros en lugar preparar los almuerzos. Por otra parte, su pene estaba tan duro que no creía justo dejar las cosas así.
— Si quieres mantener las cosas entre nosotros— propuso Marcos— vamos a un lugar más privado. Esta noche vamos a tener sexo, tú escoge el lugar.
—Eres un…— estaba dispuesto  a enviarlo al 5° infierno antes que la boca de su acompañante le callara con un beso hambriento. El obrero de manos grandes realmente sabía besar tan bien como pegaba las baldosas.
—Luego me maldices todo lo que quieras—, propuso Marcos— por ahora solo quiero estar dentro tuyo.
Aquello tenía que ser un sueño loco o alguna broma de cadena de televisión o algo así. Si Leo hubiera estado pensando con otra cosa que no fuera su frustrado pene, pero esa posibilidad estaba más allá de discusión.
—Tú casa—, jadeo más que hablar— quiero conocer tu casa.
—Veras más que eso— sonrió con malicia el hombre más alto, dándole su espacio a Leo lo dejó acomodarse la ropa para comenzar a conducir.
El llegar de una pieza al departamento fue todo un logro. Antes de que Leo pudiera sacar la llave del encendido ya Marcos lo tenía listo para caramelo. Después de unos cuantos besos y tener los pantalones colgado de sus rodillas nuevamente, las cosas estaban demasiado calientes como para ser caballerosos.
— Adentro debe de haber una cama— le recordó Leo antes de que se lo acabaran cogiendo dentro del coche.
—La hay—, estuvo de acuerdo Marcos— y creo que allí te verías muy bien.
Con prácticamente los pantalones en la mano Leo corrió tras Marcos hasta llegar a la escalera que les llevaría hasta el segundo piso— Bonito lugar— comentó el más joven cuando la puerta era cerrada  a su espalda.
—Ven aquí— extendiendo los brazos Marcos— Te haré gritar mi nombre mientras te vienes.
Leo estaba caliente y a cada momento estaba peor, realmente le estaba gustando ese lado pervertido de su obrero.
—Promete que en la mañana no intentaras golpearme— el comentario hizo que Marcos dejara de manosear el trasero de Leo bajo la ropa interior, los pantalones ya estaban en el suelo.
—Explícate— apartándose un poco del cuerpo de Leo dejó que el aire pasara entre ellos. El chico en sus brazos era bajo de estatura y de no mucha masa muscular, si alguien estaba lastimándolo él podría enseñarle al tipo lo que era realmente el dolor.
—Cuando un hombre de tu tipo se pone juguetón con un chico como yo—, trato de parecer casual— en la mañana sufre de amnesia selectiva y me acusa de pervertirlo o algo así cuando sus amigos empiezan a hacer bromas en el trabajo.
—Yo no juego así—, llevo las manos grandes hasta las mejillas ahora pálidas de Leo— tengo una excelente memoria. Te vi en la construcción en la que trabajaba el mes pasado, eras el chico que hacía los almuerzos para las cuadrillas de trabajo que llevaban las metas al día.
—Estaba con mi hermana—, trato de sonreír sin estar seguro de haber sido convincente—papá nos dio ese camión para que trabajáramos en nuestro propio negocio. No sé gana como para ser millonario, pero paga las facturas.
—¿Hablas mucho cuando estas nervioso? — le dio un beso rápido, al ver que él asentía, sonrió con suficiencia— Me gusta saber que te pongo así.
—Dame otro beso— enredó sus brazos alrededor del cuello del hombre más alto.
—Te daré más que eso, bebé— Marcos advirtió.
Leo deseo que todo ese asunto no terminara como la historia del idiota que se enamoró del chico malo y terminó con el corazón roto. Su enamoramiento platónico estaba por clavarlo sobre el colchón, esa era demasiada suerte.
—Eso espero— gimió Leo al sentir como Marcos terminaba de sacarle la camiseta, dejándolo tan desnudo como el día en que nació. Su pobre ropa estaba tirada en un montón junto a la puerta.
Marcos dio un paso atrás, dejando a su invitado de pie en medio de su apartamento— Eres la cosa más sexy que he visto en bolas en toda mi vida.
Leo abrió la boca como un pez fuera del agua, portándose como un capullo puso las manos sobre su pene, de pronto se sintió demasiado expuesto. El constructor estaba totalmente vestido mientras él estaba allí con su culo al aire.
—Tienes un apartamento bonito— sonrió tratando de parecer casual para un tipo vestido en su traje de Adán.
Marcos no mordió el anzuelo, él quería follar malamente. Sin quitarle la vista de encima al bocadito que tenía a menos de dos metros, se comenzó a desnudar dándole todo un espectáculo. Sabía que el trabajo rudo bajo el sol le había dado un cuerpo tonificado y una piel de un tentador color dorado, era hora de sacarle algo de provecho. Ese cocinero iba a saber lo bueno que podía estar debajo suyo.
Libre del pantalón y ahora con su camiseta tirada en algún lugar sobre el piso, estaba listo para dejar su erección al descubierto. El pene dio un respingo al sentirse fuera de la tela que le aprisionaba, un par de gotas de pre-semen resbalaban de su falo.
Leo se pasó la lengua por sus labios resecos, su gemela no sería la única que follaría esa noche. El pene que se le mostraba en toda su gloria era toda una oda a lo que tenía que ser un hombre. Él definitivamente era un chico gay afortunado.
El cocinero no pudo evitar chillar sorprendido cuando las manos grandes del hombre abarcaban las mejillas de su culo. El tipo era fuerte, en un solo movimiento lo levanto en vilo haciendo que enredara las piernas alrededor de su cintura. Leo podía sentir la dureza del pene amenazando la tierna entrada de su culo. No era virgen ni mucho menos, pero llevaba tiempo sin el ejercicio y esa herramienta era de temer si no se estaba lo suficientemente dilatado.
—Ten cuidado—, gimió al sentir el roce en su botón— ha pasado tiempo.
—Seré delicado— prometió Marcos disfrutando de humedecer con sus fluidos el valle entre esas dos redondeces tentadoras.
Leo podría haberle creído, pero la mordida en la base de su cuello dejaría marca, estaba seguro de eso.  Un dedo humedecido con saliva se enterró en su intimidad. El cocinero gimió asustado, la sensación era poderosa, el calor de su cuerpo quemaba, podía sentir como su piel se sonrojaba en cada lugar que ese hombre marcaba como suyo. Estaba siendo violado por un dedo cuando sus piernas no tocaban el suelo. Nunca había tenido un amante como ese hombre.
Dos dedos y su cuerpo advertía que aquello era demasiado erótico para soportarlo por más tiempo. Sus formas  esbeltas entre los brazos fuertes de un hombre totalmente desnudo, piel contra piel, el sudor mezclándose mientras su pene humedecía el vientre de su constructor.
Lo único que podía hacer Leo era sostenerse y luchar con todas sus fuerzas para no soltar la carga como un adolescente sobre excitado. Le encantaba sentirse a disposición del fornido obrero, era delicioso saber que estaba a merced de un tipo que no se tomaba a la ligera ese hecho. Tres dedos entraban y salían haciendo tijera, la sensación entre el dolor y el placer era embriagante. El muy hijo de puta rozaba la próstata prometiendo el cielo para luego alejarse en un vaivén tan decadente como cruel.
—¿Lo has hecho de pie? — Marcos le dio un beso húmedo a la sensible tetilla izquierda. El tipo podía levantarlo o bajarlo de su posición con una facilidad irreal. De saquear su boca ahora lo sostenía contra la pared mientras succionaba una de sus tetillas.
—Jamás…jamás de esta manera— chillo Leo cuando ahora fue la tetilla derecha la que sufrió la dulce tortura. El tipo estaba succionando como si pudiera sacar algo de allí— Amo el que puedas levantarme tan fácilmente. Realmente me gusta que puedas manejarme así.
—Y eso que apenas estamos empezando— advirtió el hombre mientras dejaba de acariciar con sus dedos el interior de Leo— Ahora pasaremos a lo bueno.
Antes de que el chico pudiera quejarse del abandono a su culo, sintió el miembro grande de su hombre penetrarlo con firmeza hasta el fondo.
—¡No puede ser! —chilló como una puta de puerto— La tienes enorme.
—Y la sé usar, bebé— mientras hablaba levanto el cuerpo del chico y luego lo volvió a penetrar sin contemplaciones.
El cocinero gritó, el ardor fue terrible aunque no le dañó realmente, las cosas se salieron de control cuando en ese primer golpe Marcos dio justo en su glándula de placer.
—Demonios—, gritó nuevamente Leo. Demasiado intensó, demasiado, simplemente demasiado cuando Marcos calló sus gritos con un beso tan fiero como la penetración anal.
Leo jamás había sentido algo como aquello, en esa posición podían sentir el miembro de su amante hasta el fondo de su entrada. Sosteniéndose de los hombros de su contraparte decidió que ya que estaba montado el  padrote, no le quedaba más que aguantar el paseo. Marcos era de los tipos que no tomaban prisioneros. Leo solo esperaba estar a la altura.
El constructor le demostró a su chico por qué se consideraba a sí mismo un hombre. Penetrar y salir, apretar las mejillas firmes del culito caliente, morder la piel del cuello y acabar explorando con su lengua la boca que chillaba gustosa.  Intenso en demasía como para que cualquiera  pudiera  soportara.
—Ya no puedo más— grito más que hablar Leo— Voy a venirme…voy venirme.
Como si de una señal se tratara, Marcos aumento el ritmo hasta que el semen de su amante se liberó ensuciando su camiseta favorita. El ajuste perfecto del culo, los masajes que el pasaje le hacía a su miembro llevaron al hombre más grande a descargarse también. Temiendo por su estabilidad después de semejante orgasmo, Marcos les llevó junto a la cama dejándose caer en ella.
—Eres bueno— tuvo que reconocer Leo.
—Lo sé— abrazó el cuerpo más delgado sin importar la humedad causada por el semen. Recordando su buena educación, decidió ser un buen anfitrión— ¿Quieres tomar un baño?
—Solo si dan servicio de masaje de espalda— se atrevió a bromear cuando por fin su corazón recuperaba su ritmo normal.
—También se ofrecen mamadas— le siguió el juego al cocinero que calentaba su cama.
—Me encanta la idea— sonrió al hombre que le observaba con interés.
—Vamos— levantándose Marcos decidió que por esa noche sería sexo, al amanecer vería si aquello sobrevivía a la luz del sol.
El baño juntos fue más de lo que Leo hubiera imaginado, el hombre dentro de la cabina de la ducha realmente le dedico tiempo. Las manos grandes eran geniales al lavar el cabello mientras el pene se encargaba de lavar desde dentro su cuerpo. Aquello era una maravilla.
Después de dos o tres orgasmos más y de un culo bastante usado, Leo cerró los ojos mientras un brazo fuerte se apoyaba en su cintura y un pecho amplio le daba calor a su espalda. Casi temía la llegada del amanecer.
—¡Diablos! — chilló Leo al escuchar la segunda alarma de su teléfono. No había escuchado la primera vez diez minutos antes.
Marcos se sentó de golpe asustado por el escándalo. No estaba  acostumbrado a que sus amantes se quedaran toda la noche.
—¿Qué pasa? — pregunto pasándose las manos por la cara tratando de espantar el sueño.
— Voy a llegar tarde al trabajo— chilló Leo mientras corría por el dormitorio buscando su ropa.
Eso sí que termino de despertar a Marcos, él no era partidario de llegar tarde— ¿Qué hora es? — Apartó las mantas encontrándose desnudo bajo la tela. Su erección mañanera se despertó más sólida de lo normal, tal vez era por el bonito culo que estaba siendo vestido por un sacrílego pantalón.
—Para ti no debe de ser tarde— explico tomando la camiseta y pasándola por su cabeza— Yo debo de llegar a mi casa e ir por las cosas. Tengo que tener todo listo en el camión y eso lleva tiempo.
—¿Quieres un café? — ofreció mientras se vestía con un bóxer que encontró en un cajón.
—No tengo tiempo ahora— Leo tomó las llaves y salió por la puerta que amablemente le abrió su anfitrión— Luego hablamos.
En el patio delantero a Leo le pareció que sobre el césped estaba su automóvil como una esposa celosa. Casi le parecía ver unos ojos inquisitivos en los faros y la figura de una boca en el parachoques delantero, se estaba volviendo loco. Al acercarse pudo notar que de seguro iba a dañar el jardín por dejar el carro allí en la noche, aunque no podía sentirse mal por eso, no estaba en sus cabales para ese momento. La luz del sol apenas comenzaba a hacerse presente, el frio del amanecer lo hizo arrepentirse de no haber pedido un abrigo.
Al subir al coche y poner la llave en el encendido fue consiente del rumbo que tomaban sus pensamientos, se estaba tomando enserio su asunto con el constructor, como si el hombre fuera a reconocer que alguna vez habían intercambiado más que un saludo con él. Ese era el problema de sentirse atraído por los hombres grandes de aspecto rudo, se creían demasiado machos para tener gusto por los culos, aunque en el dormitorio bien que sudaban por uno. Maldita fuera su suerte. Una cosa era que Marcos fuera gay y otra cosa que la gente a su alrededor lo supiera.
Llegar a su casa no fue un problema, tan temprano en la madrugada el transito era casi inexistente. Lo primero que notó al entrar a su casa fue que su hermana todavía no llegaba, hasta podía fingir que había dormido en casa. No quería escuchar el sermón de su hermana otra vez.
“Búscate un chico lindo que sea como tú—, le había dicho ella repetidamente después de cada cita fallida— alguien que sepa cocinar y combinar el color de las cortinas con el de los cojines”
En más de una ocasión lo había intentado, pero después de la tercera cita descubría que eraba aburrido. Estaba por pensar que era un gay con algún tipo de trastorno, tal vez si era verdad que su madre lo había dejado caer cuando era bebé. Se lo había escuchado tantas veces decir a su hermana que se lo estaba creyendo.
Apenas entrar abrir la llave del agua en el baño cuando escuchó como su hermana entraba a la casa como una estampida, por lo visto la noche resulto un éxito si logró que su hermana se quedara dormida. Sonriendo satisfecho se dio una buena lavada, no quería que su hermana sospechara que no había sido la única que había dormido fuera.
—¿Dejaste el coche afuera? — escucho la pregunta de su hermana desde el pasillo.
—Lo saque para revisar que no tuviera una llanta pinchada—, sabiendo que su hermana sospecharía, agrego— anoche soñé que se reventaba una llanta en plena hora pico.
—Es lo último que necesito hoy— grito Dina entrando a su propia habitación— Se bueno y prepara un café.
La mañana estuvo tan loca como Leo se imaginó que sería. Estacionar el camión el día antes había sido un éxito de idea. Ahora solo tenían que llevar los comestibles para comenzar a preparar los desayunos y los almuerzos. Si todo salía bien tendrían dinero suficiente para pagar la renta de ese mes y hasta darle un avance al préstamo del horno que habían comprado.
El exceso de trabajo tenía sus ventajas, apenas si había tenido tiempo de pensar en el por qué le dolía un poco el culo. Al ser las nueve de la mañana ya tenían todo listo. El aroma de la comida había hecho su magia, cuando sonó el timbre que marcaba la media hora de descanso, pronto el camión tuvo una fila considerable de chicos hambrientos. Los trabajadores pagaban la mitad y la otra parte la pagaba el jefe, según entendía, era la manera en que se les motivaba para terminar el trabajo con la calidad requerida y a tiempo.
—Allí está tu hombre— le dio un codazo a Dina señalando con un movimiento de cabeza a uno de los hermanos Álvarez— El pobre se ve algo desvelado.
La sonrisa de la chica era amplia— Y tuvo razones de sobra para no pegar un ojo en toda la noche—pellizcándole el trasero a Leo, agrego— Adivina que me dijo Diego.
De pronto a Leo el parecía que la cocina tenía poca ventilación a pesar de tener los vidrios corridos— No tengo la menor idea de qué hablan mientras están follando.
—Diego me dijo— le habló pegando la boca al oído de su hermano gemelo— que a Marcos a veces le gusta jugar con chicos.
Leo por poco y es el primer ser humano en casi ahogarse con el oxígeno que estaba respirando—¿Él te dijo eso así sin más? — comenzaba a pensar que ese tal Diego no era de fiar, él jamás contaría los secretos de su hermana sin importar el buen orgasmo que hubiera compartido con un chico.
—En realidad no— sonrió Dina con malicia— Yo le dejé claro que no quería que su hermano le estuviera viendo el culo a mi hermano cada vez que este salía del camión a hacer alguna diligencia.
Estaba por decirle a la chica que se metiera en sus propios asuntos cuando vio que los hermanos Álvarez estaban hablando muy acaloradamente mientras lanzaban miradas preocupadas hacia el camión.
—Él me dijo que parece que tú le gustas a Marcos— la voz de Dina saco a Leo de su observación.
—Mejor deja eso ya—, su rostro se ponía del color de los chiles que estaba rellenando— por ahora nuestra única preocupación es que a ellos les guste nuestra comida.
Dina le dio un golpecito en la cabeza al cocinero mientras con la otra mano ponía en el mostrador una orden de huevos revueltos y tocino.
—Ese es el último de la fila— anunció Dina mientras comenzaba a acomodar la bajilla para lavarla.
—Tu noviecito no vino a desayunar— habló aprovechando que estaba de espaldas a su hermana. La carne tenía que estar lista para freír en menos de una hora.
—Me dijo que tienen que terminar de adoquinar una sección y que no podrían ni respirar antes de hacerlo— explico mientras colocaba los vasos en su lugar— Ellos no son como los otros chicos de la construcción, tienen un contrato a parte y todo. Son algo así como la división de lujo.
Leo tuvo que dejar de cortar la carne para tomar aire, jamás había visto a su hermana portarse tan así con un hombre. Ella hablaba de las cosas de Diego como si supiera todo del hombre, él apenas si sabía el largo del pene de Marcos. Aunque tampoco es que se quejara por la manera en que había obtenido ese conocimiento.
—¿Ocupados? — Marcos pregunto tomando por sorpresa a Leo. Dándose la vuelta vio a Diego siendo amenazado por Dina con un cucharón del otro lado del mostrador.
—Un poco— no pudo evitar tartamudear como un mocoso — ¿Quieres algo de comer? —se limpió las manos en una toalla de papel. La mirada caliente del hombre más grande tomo por sorpresa a Leo, ni siquiera esperaba que Marcos le hablara en público.
—Lo que quiero no me lo puedes dar ahora— se acercó hasta pegar el pecho al mostrador—Así que tendrás que darme una cita esta noche.
Leo estuvo seguro de escuchar su quijada golpearse contra el piso del camión. Diego y Dina estaban todavía enfrascados en sus discusiones tontas, pero de todos modos sabía que podían escuchar la conversación sin ningún problema.
— No le dije nada a mi hermana de lo de… ya sabes, de eso— trato de darle una salida limpia al constructor— Así que no tienes por qué ser amable— Se acercó a la barra para hablar sin ser escuchado.
—Yo se lo dije a mi hermano— sonrió Marcos mostrando unos dientes blancos y parejos— Así que no tengo nada que quiera ocultar. Ahora que si no quieres salir conmigo basta decir: no.
—Si quiero— se avergonzó a si mismo por la rápida respuesta— Quiero decir, bueno… Lo que pasa es que yo pensé que…
La mano grande que lo tomo del delantal doblándolo sobre la barra lentamente, hablaba cruda y descarada posesión— No pienses tanto, bebé. Tú solo se lindo— habló antes de darle un beso sobre la boca testaruda.
Los silbidos y las pullas de “vallan a la bodega”, fue suficiente para que Leo fuera consciente de lo que estaba pasando— ¿Qué hiciste? — se llevó las manos a la cara justo antes de notar que Diego había hecho exactamente lo mismo con Dina.
—Mi hermano— sonrió Marcos— busca que lo maten. Yo solo quiero que todos sepan que me interesas y que eres terreno vedado para cualquier valiente que quiera probar suerte contigo.
El ruido de algo al caerse hizo que Marcos y Leo dejaran de mirarse uno a otro como si pensaran que el sexo en público no era una cosa mala. Diego estaba con el culo sobre el sucio suelo mientras Dina le miraba como si sus ojos pudieran matar— Ponte en plan de macho alfa y te cortó las pelotas.
Aunque era temprano para hablar de amor eterno, Leo estaba seguro que los hermanos Santiago estaban en la lista de comestibles  de los hermanos Álvarez por un largo tiempo. Así de simple.






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Este es una de varios relatos homoeróticos (pasados de golosos) que publicaré en una colección. Habrá una entre el capataz y el nuevo joven arquitecto. Entre un aprendiz y el jefe de electricistas…
La idea es que sean divertidos, románticos y muy sexys.

La colección se va a llamar:

“Cuidado, hombres trabajando”

y estará toda en un solo libro.


Con el cariño de siempre:
Milagro Gabriel Evans.





12 comentarios:

  1. Me encantó Milagro. Muy buena la idea de una colección de historias cortas.
    Besos.

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  2. me encanto definitivamente esta hermosa esta historia corta
    esperando la proxima
    besos

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  3. Holaa! me encantann las historias asi jee!!
    y estuvo fascinanteee estare a la espera de mas historias asi!!!!!
    Gracias Milagros!! Besos!!!!!

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  4. Me ha encantado, esta muy bien, es divertidisima. un saludo

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  5. Me encanto, esta muy bien, quiero mas relatos de estos.

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  6. fueee intensooo, muy bueno lo amee en especia cuando Marcos dice:"No pienses tanto,bebe. Tu solo se lindo"

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  7. Muy bueno Me encanto eres fabulosa espero el siguiente con ansias

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  8. 🔥🔥🔥🔥🔥🔥🌡🌡☕☕.. Así de caliente se pone el libro... Gracias princesa por este regalito... Se viene.. Se viene.. Hombres sexies. Se vienen.... 😎. Jaajajajaja..

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