sábado, 7 de enero de 2017

Relatos_Cuidado, hombres trabajando




Creo que estoy desarrollando cierto gusto por los obreros sexys…Así que aquí les publico mis desvaríos calentorros sobre ellos…
Recuerden que somos niñas buenas, aunque algo traviesas. La idea es divertirse leyendo…
Necesito de sus comentarios para que me digan que les parece la historia… Sus opiniones hacen que sepa si mi trabajo vale la pena para seguirlo o mejor me retiro a buscar una idea mejor…
Si tienen amigas o amigos a los que también les gusten las historias de este tipo, invítenlas. Somos pocos en el mundo, pero somos calidad…ja…ja…ja


Con el cariño de siempre:
Milagro Gabriel Evans


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Asuntos entre el constructor y el cocinero.

 Parte I

En la construcción el trabajo estaba en marchas forzadas, los periodos entre el pedido y la entrega eran casi imposibles de cumplir, eso si es que deseaban un trabajo de calidad.
—Mira lo que viene allí— Diego sonrió como el gato de Alicia en el país de las Maravillas.
Marcos escucho a su hermano, pero como el hombre inteligente que era simplemente lo ignoró y siguió con su trabajo de pegar baldosas. El arquitecto había dejado claro que ese detalle en la construcción le daría un aire de elegancia a la mole de granito.
—Estoy ocupado— recalco Marcos cuando su hermano le silbó a quién fuera que estuviera caminando por allí, su hermano Diego no necesitaba mucha motivación para andar haciéndolas de conquistador.
—Tú te lo pierdes— dijo Diego con una sonrisa de oreja a oreja. Dejando de lado la mezcla de cemento que estaba haciendo le dedico toda su atención al par de hermanos gemelos que venía  subiendo por la escalinata provisional. La chica era una cosita menuda de cabello largo negro, un culo de fábula y sonrisa radiante. El hermano tampoco estaba tan mal, si eras de ese gusto.
—Déjala es paz— llamo a la cordura Marcos— si sigues poniendo cara de pervertido cuando ella pasa te va a golpear las pelotas.
—Ella puede golpearme lo que quiera— aclaró como todo un calavera—El mocoso no se ve tan mal, algo diva, pero tiene buen culo—, Diego observó hasta que los hermanos entraron a la oficina del jefe— digo, si eres gay ese sería un buen bocadito para pasar el rato.

Marcos simplemente gruño, colocando la última baldosa en la posición perfecta sintió que el universo se alineaba a su favor— Terminé—, se puso de pie— creo que merezco un refresco.
—La verdad es que la chica Santiago me gusta—,  Diego tocó con la mano enguantada la consistencia de la mescla para las baldosas— me la voy a quedar.
—Estás loco— Importándole poco las payasadas de su hermano fue al lugar donde había dejado su mochila y la hielera, el día estaba soleado y la brisa fresca no hacía nada para aliviar el calor. Ese era el clima perfecto si se estaba trabajando en exteriores. Las remodelaciones del edificio eran complicadas, iban desde reforzar vigas hasta cambiar los detalles decorativos. 
Marcos vio por el rabillo del ojo la sonrisa de come mierda de su hermano Diego, el muy cabrón estaba tratando de adivinar si él estaba interesado en la parte masculina de los gemelos Santiago. Qué esperara sentado, él no se consideraba tan idiota como para jugar a las manitas calientes en el trabajo.
El jefe no era un homofóbico de mierda, al contrario, en algún momento había despedido a varios tipos por dar opiniones que no venían al caso. Les recordaba a todos que allí estaban para trabajar, no para dar sermones de iglesia de los domingos.  El hombre era un tipo duro que no le admitía mierdas a nadie, aunque también era de los que cumplían a cabalidad lo que prometía. En la última reunión había dicho que si se cumplían las metas diarias, traería un servicio de almuerzo a la construcción. Por cosas como esa era que la cuadrilla era mítica ya que jamás se retrasaban con los plazos.
En la sombra donde había dejado la hielera, se sentó sobre una roca que había sido puesta allí para decorar el pequeño jardín. Dentro del contenedor estaba su botella de agua fría, era un regalo de los dioses cada pequeño favor.  Estaba por levantarse, cuando Marcos vio la causa de los desvelos de su hermano salir de la oficia del jefe, la chica era bonita. Tras ella venía  Leonardo, el otro gemelo. El chico cargaba varias cajas una sobre la otra. Los Santiago eran parte de una familia emprendedora que tenía negocios relacionados con alimentos. Los conocía ya que los había visto en otras construcciones cuando cocinaban en uno de esos camiones que estacionaban allí para eso.
Marcos tuvo el impulso de ayudarle con las cajas, pero sabía que la mirada de Diego estaba sobre él listo para recolectar información acerca de su vida privada. No le daría el gusto de saber que no solo a él le gustaba uno de los hermanos Santiago.
Leonardo  era todo un bocadito, eso saltaba a la vista. El pantalón ajustado, la camiseta sin mangas, el trasero que se contoneaba más de lo que dictaba la virilidad. Solo esperaba que la empresa de comidas no los enviara a ellos. Diego no avanzaría en nada por estar viendo a la chica y él por su parte perdería el tiempo haciéndole mala cara a todo el que comentara lo bueno que tenía el culo el cocinero. Mierda. 
—¡Hola! — lo tomo por sorpresa la voz de una mujer, al ponerse de pie para ver quién le hablaba descubrió a la chica Santiago.
—Hola— respondió desconfiado, ella era linda pero tenía fama de golpear donde duele.
—Solo quería dejar  en claro un punto— el pantalón de la chica era tan ajustado que Marcos temió que le pudiera dañar la circulación en las piernas, antes que él pudiera replicar algo, ella continuo— Ten cuidado con molestar a mi hermano, el chico es lindo, pero yo sé usar un arma.
Marcos vio como ella se dio la vuelta y tomo el rumbo que antes tomara su hermano. De pie mirando irse a la chica pensó que necesitaba hablar seriamente con  Diego. Esa damita no parecía ser de las que amenazaban en vano. Ninguna mujer podía entrar a una construcción y trabajar allí sino no era una hembra de armas tomar. Pobre de Diego, la tendría difícil si pretendía follar y sobrevivir a eso.
Con cuidado de no hacer un desastre, guardó la hielera bajo la sombra del arbusto, encaminándose a donde le esperaba su hermano, decidió que tendría que adelantar todo el trabajo que pudiera, mañana Diego sería más idiota que de costumbre.
—¿Se puede saber por qué no nos podemos ir a casa todavía? — protestó por milésima vez Diego— Ya solo quedamos nosotros y el vigilante.
— Tengo mis razones— gruñó Marcos sin querer compartir información con su dolor de cabeza personal.
—Hoy es viernes— termino de guardar las herramientas el más joven— El bar donde Chelo nos está esperando.
Marcos se tomó su tiempo para colocar la pieza que le hacía falta a la pared. Enderezando su espalda se puso de pie, dando un paso atrás le dio una última revisión al resultado. Los trozos de cerámica formaron figuras geométricas de colores, le había llevado tiempo pero el esfuerzo había valido la pena.
—Quedó bien— Diego le dio un golpecito juguetón a su hermano en la espalda— Mañana toca lo de la pared donde estará la fuente de agua. Si seguimos a este ritmo terminaremos antes del plazo.
Por un momento Marcos tuvo toda la intención de decirle a su hermano menor que su fantasía sexual favorita probablemente vendría a trabajar al día siguiente, dándole una rápida mirada al inocente, solo sonrió guardándose la información para sí. Esa chica le iba a poner la montura y el freno a Diego, él por su parte simplemente se sentaría a ver mientras bebía una cerveza.
—Termina de guardar eso— ordeno el mayor de los Álvarez— Luego ponte a hacer planes.
Diego se veía demasiado feliz tomando en cuenta que habían trabajado como mulas todo el día. Llevando sus cosas a la vieja camioneta comenzaron su viaje de regreso a la casa. El lugar probablemente no era el ejemplo de diseño y elegancia, al fin y al cabo era solo una vieja bodega que poco a poco habían acondicionado separándola en dos niveles. El primero era de Diego, el segundo era de Marcos. Junto a la bodega estaba otra pequeña construcción donde guardaban la camioneta y las herramientas.
Sin esperar a ver que loca idea tenía su hermano, Marcos subió las escaleras hasta su apartamento, necesitaba un baño urgentemente. Tirando los zapatos junto a la puerta, fue por su ropa al viejo mueble pegado a la pared. El departamento era sencillo, todavía le faltaba algo de trabajo a las paredes, el techo pretendía dejarlo así, las vigas desnudas tenían cierto encanto. Las ventanas grandes y el piso hecho de la vieja manera era lo que más le gustaba a Marcos.  Entrando al baño se desnudó por completo, el agua de la ducha limpiaría toda la suciedad del día.
Lo primero que hizo fue lavarse el cabello, el aroma del champú lleno sus fosas nasales, dejándose llevar comenzó a imaginar cómo olería la piel del chico Santiago. Todo en el mozalbete se veía limpio siempre, aun cuando cocinaba en el camión se le veía tan fresco y feliz. Era como un vaso de agua fresca en un duro día en la constructora.
La sola imagen mental del chico desnudo era suficiente para que su pene se endureciera hasta el punto que doliera. Su mano tibia sobre el miembro le provocaba espasmos deliciosos desde el principio de la columna llegando hasta el final. ¿Cómo se escucharía su voz cuando gimiera bajo suyo? ¿Sería de los escandalosos?
Marcos era un hombre bien construido, manos callosas por causa del trabajo rudo, hombros anchos y  piel dorada por el sol, su vientre de lavadero  y sus piernas como dos columnas que sostenían su metro noventa de estatura. Nada en él era suave, aún los ángulos de su rostro y su cabello alborotado tenían cierto aire rebelde. Él iba en contra de todos los estereotipos, era gay del más puro talante. No podía contar a cuántos tipos les había partido la cara por llamarlo mariquita, los muy imbéciles pensaron que por que le gustasen los de su mismo sexo había olvidado como usar sus puños.
Marcos tomó la pastilla de jabón entre sus manos e hizo la suficiente espuma, ya que no podía meterla mano al gemelo Santiago, al menos se entretendría con su recuerdo. El chico era justo de su gusto, nacido para estar bajo su cuerpo, para darle calor a cualquier cama fría. Sabía que sus pensamientos no eran muy caballerosos, pero al diablo con eso, realmente deseaba meterse en medio de ese glorioso trasero respingón.
La imagen de Leonardo era suficiente para hacer que sus bolas se apretaran contra su cuerpo, recostando la espalda a la fría pared sintió como el semen caliente amenazaba con escapar de su cuerpo. Estaba seguro de que el chico era de los gritadores. Lo que daría por estar enterrado hasta el fondo entre esas dos mejillas rellenitas. Sin poderlo evitar dejo salir un gemido profundo mientras la crema emanaba de su sexo sobre excitado.
Con la espalda recostada a las baldosas  trato de sostenerse sobre sus piernas, tomando aire se centró en recordar que era mala idea jugar a las manitas calientes con gente del trabajo. Leo estaba fuera de sus límites, tendría que conformarse con pajas ocasionales en su nombre.
— ¿Te falta mucho? — gritó Diego desde las escaleras.
Marcos no pudo más que agradecer el haber puesto llave a la puerta, su hermanito era una mierda entrometida, el respeto a la privacidad jamás lo había detenido para aparecerse en los momentos menos indicados. Una vez estaba follando con una chica, la única puta vez en su vida, y el muy desgraciado de Diego entró como si fuera su propia casa, saludó y luego tomo prestado un abrigo y salió como si nada.
—¡Ya voy! — le grito mientras se terminaba de quitar el jabón y los restos de la corrida.
—Pareces una mujer—, se escuchó la voz de Diego— si quieres te ayudo a secarte el pelo.
—Vete a la mierda— le grito molesto. Puta la hora en que le prometió a su madre cuidar al chico. Cuando salió del baño se vistió rápido, por pura terquedad no se secó el cabello con la secadora como siempre hacía. Casi le parecía ver a su hermano tras la puerta esperando el momento justo para burlarse. Un pantalón de mezclilla azul desgastado, una camiseta polo negra y una chaqueta serían buena cosa, vistiéndose rápidamente se preparó para salir.
Al pie de las escaleras encontró a su hermano que le esperaba con las llaves en la mano— Ya saqué el coche— avisó.
—¿En qué negocio andas? — no pudo evitar sospechar Marcos. Lo peor estaba en que su hermano tenía el automóvil honda fuera en la calle, eso quería decir que estaba poniendo todo de su parte para tener suerte. Hasta se había puesto gel para acomodar el cabello, el perfume que pensaba que le gustaba a las chicas, una camisa nueva de las caras, todo daba pistas de sus intenciones.
—¿No puedo querer pasar un buen rato con mi hermano?— Diego puso todo de su parte para parecer casual— Es viernes en la noche, nos hará bien tomar una cervezas  y bailar un rato.
Marcos se sentó en el lado del pasajero, él era unos cuantos centímetros más alto que su hermano, así que meterse en el honda no era su parte favorita del viaje—¿Vas a decirme que pretendes? —insistió en el asunto.
—De verdad que a veces eres molesto— se encogió de hombros Diego. Su metro ochenta y su físico de constructor le daban cierto aire de chico rudo, aunque la lucecilla que bailaba en sus ojos negros echaba a perder el efecto
El paseo hasta el bar fue tranquilo, aunque el lugar estaba fuera del pueblo en la autopista, este tenía un buen espacio para estacionar.  La música podía escucharse alta desde el estacionamiento, gente entraba y salía, el lugar estaba animado esa noche.
—Hemos llegado, hermanito— prácticamente salto del auto el menor—¿Vienes? — pregunto al ver que Marcos parecía dudar.
Con un gruñido el otro respondió, estaba demasiado cansado como para estar haciendo el tonto, pero que se le iba a hacer. Arrastrando sus pies tras su demasiado feliz hermano, Marcos dejó el estacionamiento. El Bar de Chelo estaba tan lleno como todos los fines de semana, la edificación no era la gran cosa, apenas si cumplía con las normas básicas del Departamento de Salud.
Después de saludar al encargado de la entrada, ambos hermanos caminaron hasta la barra del bar. La música estaba alta, la construcción de madera era del estilo rústico, mesas y sillas alrededor de una pista de baile improvisada. Aunque era temprano ya había un buen número de clientes bailando, chicas sirviendo en las mesas y algunos sedientos gastando buena parte de su sueldo.
—¿Quieres un trago? — pregunto Diego mientras se sentaba en uno de los bancos de la barra.
Marcos se quedó allí de pie, realmente tenía que haberse quedado durmiendo, no estaba de humor para fiestas. Siguiendo a su “pon-mi-paciencia-a prueba” se sentó a su lado—Una cerveza— le pidió al cantinero—Él la paga— señalo con un gesto a Diego.
—Entonces será una de las caras— sonrió el hombre de la barra mientras le alcanzaba a Marcos lo que pedía.
—Por supuesto— bromeo— Este perro es un tacaño. Hay que aprovechar hoy que esta de buenas.
Diego estaba por replicar, cuando simplemente abrió la boca como pez fuera del agua. Marcos al ver el efecto, se volvió para ver qué estaba en la puerta que puso a su hermano en ese estado tan lamentable —Diablos—,fue lo único que acertó a decir.
Los hermanos Santiago estaban allí, la chica traía un pantaloncillo tan corto que debería ser ilegal, la camiseta se le pegaba al cuerpo como una segunda piel. Tras ella venía su hermano gemelo, él que al final de cuentas hizo que también Marcos pusiera cierta cara de idiota.
El chico vestía un pantalón negro de cuero que parecía pintado, la camiseta de manga corta era de una tela delgada que permitía ver la bonita construcción del dorso masculino. Los brazos tenían los músculos suficientes para demostrar que era un chico que sabía trabajar. Era algo bajito de estatura, pero lo compensaba con una actitud de sino-te-gusta-tragatelo-de-todos-modos.
—Así que por eso estabas como perro en fiesta de gatos— puso Marcos la mano en el hombro de su hermano para llamar su atención.
—Búscate en que irte a casa— Diego parecía estar demasiado seguro de que iba a hacer una anotación— Esta noche ella y yo llegaremos tarde a casa.
La carcajada de Marcos se escuchó por encima de la música— Suerte con eso—, no era burlarse de su hermano, era más bien cosa de describir un hecho—pero luego no vengas  a quejarte cuando te arranquen las bolas de un solo tajo.
—Envídiame— dándole un último trago a la cerveza el menor de los hermanos se marchó como un soldado en busca de la victoria o la muerte.
Marcos se dio la vuelta quedando de frente a la barra, la verdad es que no quería ir de testigo cuando la policía le preguntara la posible causa de la muerte de su hermanito. A veces admitir ante otros que tu pariente es bastante idiota, es algo difícil.
Leo deseaba bailar hasta que el cuerpo no diera para más, su hermana Dina solo deseaba beber gratis a costa de algún chico con más pene que cerebro. Acomodando el auto lejos de la entrada, ya que siempre había algún borracho que buscaba donde mear sin ir a los baños.
—Llegamos— Leo salió del auto, quedándose de pie espero que su hermana le pusiera los seguros al vehículo— Realmente necesito pasar bailar hasta que me duelan los pies.
—Tú lo que necesitas es una buena follada— Dina le dedico un guiño a su muy gay hermano. Nadie que lo viera esa noche podría dudar de  su buen gusto en camisas y que sus botas eran de buena marca.
—Recuerda que no podemos quedarnos hasta tarde—, Leonardo trató de ponerle algo de sentido a su hermana. Sabiendo que ella al final haría su no tan santa voluntad, se encaminaron juntos hasta la entrada— mañana tenemos que trabajar en el puesto de comidas en la constructora.
Dina simplemente negó con un movimiento de cabeza, tenía una buena idea de por qué el chico quería estar lindo y fresco para el día siguiente. En la entrada el portero les sonrió al verlos acercarse, él sabía que ese par  podía hacer que la noche se pusiera interesante en el bar.
A los gemelos les encantaba ir a ese lugar de mala reputación y buenos bocadillos para acompañar la cerveza . Era uno de los pocos bares donde ambos podían divertirse, allí iban tanto gays como heteros, y hasta  uno que otro que querían explorar la acera contraria. Algunos polis realmente deseaban cerrar ese sitio y hasta algunas iglesias habían recolectado firmas para lograrlo. Lástima que no había nada ilegal en el lugar que ayudara a ese causa de esos frígidos y fanáticos religiosos.  
Apenas pasar la puerta el sonido de la música los golpeo, aunque era apenas las nueve de la noche las cosas se veían lo suficiente movidas como para ser interesantes.
—¡Esta lleno! — gritó Leo junto a la oreja de su hermana Dina— Al menos podremos pasar un buen rato antes de irnos.
—Voy a ir por una cerveza— respondió a gritos también Dina— ¿Quieres una?
Leo estaba por responder cuando vio justo lo que no era bueno para él ver. El hombre de la construcción estaba allí, aunque se veía un poco diferente sin todo el polvo de cemento encima y el sudor que hacía brillar su piel bajo el sol. Aunque estaba de espaldas a él, hablando con el cantinero, Leo no podría jamás confundir esa espalda ancha, ese culo firme y esos brazos de cargador.
Una mano delgada pero firme se posó en su hombro haciéndolo volver a la dura realidad— Ni se te ocurra— le habló Dina por encima del ruido de la música— ¿Tengo que recordarte por qué papá nos envió a clases de karate?
—¿Para que viéramos chicos lindos? — trato de hacerse el simpático.
—No—, la chica no se dejó engañar por esos grandes ojos color caramelo—lo hizo por ese puto gusto que tienes por los hombres de más de un metro noventa que tienen actitud de desayunar cachorros y patear culos gays como el tuyo. Solo por eso.
— Si tienes algo que decir deja de darle vueltas y dilo ya— cruzándose los brazos sobre su pecho se preparó para lo que venía.
—Me refiero a que has estado babeando por ese constructor tan grande como una torre de culo bueno que esta por allí en la barra— dando un paso al frente Dina invadió el espacio vital de su hermano, picando con su dedo el pecho masculino, aclaró— Ese hombre es hetero, te lo recalco, es hetero. Más te vale que no me hagas tener que irte a salvar.
Leo no pudo evitar desviar la vista nuevamente hasta el lugar donde estaba el mencionado sueño húmedo, había intentado con todas su fuerzas que no se notara lo mal que quería a ese hombre. Esfuerzo fallido si se podía adivinar por la expresión de su hermana.
 


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Ahora les toca a ustedes dar su opinión....
¿La sigo o la dejó hasta aquí?

Si les gustó, el lunes subó la siguiente parte que me falta. En este momento la estoy corrigiendo para subirla al blog




15 comentarios:

  1. Si siguela por favor.. que pasara ahora entre esos dos

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  2. Milagro me encanto, esos gemelos son de armas tomar,sobre todo Dina y Leo creo que no a tratado bien la vida en cuestión de amores,Marcos y Diego que par de hermanos,esperando el siguiente capitulo :)

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  3. Por favor por favor no lo podes dejar así! Quiero saber que sigue!!!!

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  4. Oh por favor siguela esta quedando buenísima.

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  5. Me encantan tus historias siguela por favor

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  6. Siguelaaaaaaaaaa (/*v*)/ por favor <3 <3

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  7. Gaby tu nunca debes parar, si lo haces me da algo, sin exagerar, sigue esta buenísima y apenas es el comienzo.

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  8. Hola!!! sigue con la historia ya me tiene bien enganchada y apenas es un capitulo.

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  9. Hola, me ha encantado, lo has dejado en lo mas interesante.
    un saludo

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  10. Oooo, esta super buenoo e interesante y se pone intenso,ya quiero saber q siguee, como siempre todo lo q escribes me encantada :)

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  11. Hola Milagroo!! me encantooo esta primera parte quiero leer mas!!! quedo en lo mejor!!! je!! gracias gracias!! besos!

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  12. Milagros, esto se ve muy bien, quiero continuación yaaaa!!!!!!!!! jajaj, ya me quede enganchada. Saludos.

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  13. Hola querida milagros eres fenomenal sabes en que momento dejarnos con ganas de mas sigue sigue

    gracias

    besos

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  14. MILIIIIIII!!!!!!!... no se si odiarte o amarte ....o mas que eso...odio amarte..ajajaa...toy en lo.mejor y ZAZ!!!!!. El capítulo terminó.. a esperar se ha dicho...duele mas que un parto sin anestecia....ajaaaajajja...que decir pues zikilla...esta de.lujo.... Tienes que puro darle pa delante.... Yo te agancho....un beso y un abrazo... Xaucin

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