martes, 21 de marzo de 2017

Cap 2_ El apareamiento del dragón.









Gael estaba furioso, en sus ojos verdes ardía una chispa capaz de incendiar bosques enteros aunque estos estuvieran sumergidos en un pantano. El joven heredero de esas tierras no era un chiquillo acostumbrado a llorar y esconderse bajo los arbustos, ver a su gente a un paso más allá de la histeria era demasiado humillante para un hijo de su padre.  
—Ese maldito murciélago alvino no se va a volver a salir con la suya— prometió el nuevo líder de la aldea. Luego de la muerte de su anciano abuelo había llegado desde las tierras de sus padres para tomar su lugar al mando de ese grupo de campesinos.
Con los puños tan apretados que parecían a punto de reventar trató de dominar su genio volátil en favor de la pobre pastorcita que parecía a punto de llorar.
—Lo siento, mi señor— insistió la dulce niña que apenas si llegaba a las quince primaveras— pero no sabía a quién más pedir ayuda. El invierno acabó con muchos de nuestros animales y ahora el dragón nos hizo perder dos de las que más leche daba.
Los aldeanos se habían reunido alrededor de la plaza. Los hombres adultos que temblaban a la sola mención de la peste plateada no serían de mucha ayuda para solventar la situación.
—Quejarse no nos va a ayudar en nada— advirtió Gael, su mirada dura era una advertencia de su caracter— Si seguimos corriendo como cucarachas cada vez que ese bichejo sobrevuele el poblado no tendremos oportunidad.
Los pobladores se miraron unos a otros buscando algún brote de coraje sin encontrar más que otras miradas desconfiadas.
Un niño, el hijo del panadero dio un paso al frente.
—Lo único que queda es que alguien suba a la montaña y le diga al Señor Dragón lo que el plateado está haciendo aquí.
Varias mujeres aplaudieron la idea del niño, solo los hombres adultos le dedicaron al mocoso miradas asesinas.  
—El plateado no nos dejará ni acercarnos al camino que sube por la montaña— el panadero advirtió antes de darle un cosco en la cabeza a su retoño hablador.
— ¿Quién dijo que iremos a lloriquearle al Señor Dragón sobre algo que nosotros mismos podemos solucionar? — Gael cruzó sus fornidos brazos sobre el pecho, era un hombre de metro noventa, su cuerpo acostumbrado tanto al uso de la espada como al trabajo del campo, definitivamente no estaba listo para admitir que un cachorro de dragón lo tenía en problemas.
 Una de las mujeres, una anciana que caminaba ayudada por un bastón de madera pulida caminó con pasitos cortos entre la multitud. Nadie se atrevió a decir nada más, todos esperaban para escuchar lo que tenía que decir la recién llegada.
La anciana se tomó su tiempo hasta llegar a unos pasos frentes al joven que le sacaba varias cabezas de altura.
—Hablar siempre es fácil—, los pequeños ojitos negros fijos en Gael— arriesgar la vida de otros es todavía más sencillo. Usted habla de cazar un dragón como si se tratara de atrapar a un perro rabioso que ha matado a una oveja.
Todos los presentes en la plaza tuvieron buen cuidado de reservarse sus opiniones. El nuevo líder de la aldea era hijo de una hechicera tan temida como respetada, su padre era el señor de las tierras que bordeaban las orillas del mar.
Siendo el segundo hijo había recibido en herencia las tierras de su abuelo paterno, mientras sus hermanos tendrían que administrar otros territorios cuando se ganaran ese derecho.
 Aunque Gael había llegado al pueblo acompañado por su caballo y algunos sirvientes, los aldeanos no podían negar que de querer ser déspota, este podría serlo sin temor a represalias. Nadie quería llamar sobre sí la furia de una hechicera o de un guerrero templado al fuego de mil batallas. Además de que el joven con su metro noventa de altura, su buen uso en la espada y sus inteligentes ojos negros, no dejaban duda de que podía muy bien valerse por cuenta propia.
Gael sonrío mostrando su dentadura blanca, en sus ojos se podía leer que maquinaba algo lo suficientemente siniestro como para borrar la anterior cólera causada por el dragón plateado.
—Cuando atrape a este dragón— colocó los puños sobre sus caderas— voy a hacer que él tenga que labrar las tierras que nos servirán para sembrar el trigo. Así comenzará a pagar por los daños que nos ha causado.
Un murmullo espantado se hizo escuchar entre la gente. Las mujeres tomaban a los niños abrazándolos como si se acercara la muerte montada en una mula. Los hombres movían la cabeza de un lado a otro en un gesto negativo, al parecer pensaban que el nuevo líder estaba más loco que una cabra.
Gael les dio un rato para relamerse en sus dudas, después de un tiempo prudencial decidió que ya estaba bueno de juegos. Si quería atrapar a ese dragón tenía que planear muy bien su jugada.
—De ustedes solo necesitaré algunas cosas— enumeró sin darle mucha importancia a la mirada de horror de sus aldeanos— Usaremos cadenas especiales de hierro para atarle, estas deberán forjarse de la manera que le indicaré al herrero. Las mujeres deberán cortar sus trenzas para  tejer con ellas las uniones que mantendrán la red unida. Las cuerdas de la red las haremos de lana de oveja reforzada con cera de abejas. Un cebo lo suficientemente tentador y les aseguro que para este fin de mes tendremos a un dragón dispuesto a ayudarnos con la siembra.
La anciana que había enfrentado al jovencito guardó silencio como si sopesara los pros y el contra de tan descabellado plan.
—Podría funcionar—, aseveró para sorpresa de todos los presentes menos de Gael— mi madre me había dicho que el cabello de una joven tejido de la manera correcta podía hacer que la magia reforzara un objeto. Los habitantes de las islas cazan grandes monstros marinos con esos trucos.
—Es hora de comenzar a trabajar— dio por finalizada la reunión Gael— si queremos tener todo listo a tiempo tendremos que dividir esfuerzos.
Dando a cada quién las instrucciones necesarias para llevar a cabo la cacería, Gael no pudo más que sonreír. Cazar un dragón era siempre una actividad vigorizante. El pequeño bichejo debía de ser todavía un cachorro ya que tenía menos de la mitad del tamaño de un dragón promedio. Todo ese asunto sería demasiado fácil, de eso estaba seguro el líder de la aldea.
***********
Moreth se había estado divirtiendo tanto que no pudo resistir la tentación de hacer una nueva visita al poblado. Baardok le había asignado algunos trabajos rutinarios que no le habían llevado demasiado tiempo terminar. Sus estudios sobre botánica le servirían de excusa esta vez. En teoría estaba recolectando algunas muestras para la colección de su Señor Dragón.
Desplegando sus alas de escamas plateadas sintió el llamado del viento para surcar el cielo. De pie en la entrada de la cueva se entregaría al vació para luego elevarse sobre las nubes. Era un dragón sin futuro ni esperanza, no había otro de su especie para comenzar un nuevo nido. Los dragones estaban condenados a no tener con quién compartir su corazón. Así que no tenía importancia si otros también sufrían por causa de su aburrimiento.
El cielo recibió a la bestia alada. Moreth estaba muy lejos de saber que las cosas esta vez serían muy diferentes. Sus travesuras habían desatado la furia de un hombre que era demasiado valiente o demasiado estúpido como para asustarse.
En el horizonte el sol comenzaba a bajar lentamente buscando su lugar para dormir. Usando la falta de luz para esconder su llegada el dragón voló con el astro rey a su espalda. Muchos metros abajo los campos verdes parecían una interminable alfombra adornada por el caudaloso río que bajaba de las montañas siguiendo su camino hasta el mar.
Moreth batió sus alas antes de encontrar la corriente de aire caliente que sustentaría su vuelo tranquilo. El sigilo era la clave. Si le notaban hasta que fuera demasiado tarde mejoraba por mucho el efecto. El bosque que bordeaba el campo sin arar fue su paso de entrada, disminuyendo la altura voló tan bajo que casi tocaba las copas de los árboles con su panza blanca. 
Todo transcurría con forme al plan, unos metros más y emergería de entre el bosque dejando ver su presencia a los aldeanos estúpidos. Abriendo su hocico Moreth casi podía saborear su triunfo. Definitivamente esa era la mejor manera de matar el tedio. Los humanos eran simplemente demasiado divertidos.
Acelerando la velocidad dio dos fuertes aleteos saliendo a campo abierto. Las ovejas que estaban pastando vieron la sombra que cubrió el prado, levantando sus cabezas asustadas identificaron un depredador al abalanzarse sobre ellas sin tocar a ninguna.
Como era de suponerse los pobres animales corrieron en desbandada en todas direcciones, el pánico era total entre el rebaño. Dos hombres que caminaban por el sendero se encontraron de frente con la estampida. La muerte a lomos de ovejas en pánico.
— ¡Padre! — gritó el más joven mientras halaba del brazo al hombre mayor que estaba a punto de ser atropellado por las ovejas. Subiendo a la rama de un árbol salvaron por muy poco el pellejo.
El alivio duró poco al ver la razón del desastre, el dragón blanco había regresado e iba directo al poblado. Según había ordenado el señor Gael  el más joven tomó el caracol y sopló dando la voz de alarma.
El jefe de la aldea estaba sentado cómodamente sobre un banco de madera en la entrada de su choza, frente a él  la plazoleta se abría como la promesa de cosas mejores. Su abuelo aunque había sido un buen hombre no había sido muy aplicado como administrador.
Las viviendas no eran más que chozas que necesitaban reparaciones antes del siguiente invierno, lo bueno era que  
según el último  recuento que había hecho: tenían un buen abastecimiento de pieles de oso, en el granero había semillas suficientes para la siembra y los campos estaban esperando la labranza. La cerveza tenía que ser su siguiente cosa a resolver, la que se servía en la taberna apestaba a agua rancia.
     Sin poder evitarlo Gael sonrió, aunque su heredad era basta, esta era pobre. Al menos así lo era por el momento, estaba decidido a convertirla con el tiempo en tierras dignas a los ojos de sus futuros hijos.
     Lo primero que debía hacer era ganarse el respeto de los dragones, demostrar que era un hombre digno de mirarlos de frente. Esas antiguas criaturas no cooperarían si pensaban que quién les llamaba no era más que cobarde.
     El sonido de la alarma recorrió el pueblo venido desde el Oeste. Al parecer el puto dragón estaba usando el sol para cubrir su llegada. La rata resulto ser un bicho listo. Mejor todavía, pensó Gael, asi no tendría que explicarle al dragón cómo funcionaba el arado. Ese sería un buen uso para la inteligencia del infractor.
      — ¡Preparen todo!—Gael apuró a los aldeanos que estaban a punto de entrar en pánico como si fueran el rebaño de ovejas.
     Los sirvientes que habían venido con él desde la casa de sus padres corrieron a hacer lo que estaba previsto. Al menos los aldeanos parecían naturales al correr y gritar despavoridos según el plan original.
     —Ya está todo listo con la red— le avisó a Gael el hijo del panadero. El mocoso era joven, pero eso solo lo hacía más ágil de piernas y casi tan loco como su jefe.
     — Cuando el dragón pase debes avisar a los hombres que deben asegurar las cuerdas en caso de que las primeras fallen.
     Gael sabía suficiente de dragones como para estar enterado de que aunque parecieran jóvenes eran mucho más viejos que las ruinas de la vieja capilla que había a las afueras del poblado. Tomando en cuenta eso, solo había una oportunidad de atrapar a la bestia. Eran demasiado listos como para caer dos veces en el mismo truco.
     La sombra del dragón se dibujó en la plazoleta al pasar volando sobre esta. Esa fue la primera vez que Gael pudo ver a la singular criatura. Al llegar al poblado había tenido que ir a presentar sus respetos al Señor Dragón que vivía en la parte más alta de la montaña. Las historias sobre el hermoso dragón blanco eran legendarias aunque pocos le habían visto en persona.
     Contrario a las formas grandes de los otros dragones, la joven bestia alvina era alargada y esbelta, el cuello largo y la hermosa cola. Era realmente una criatura que robaba el aliento. La envergadura de las alas era de al menos seis metros, la parte baja era tan blanca como las nubes en verano.
     Un hombre robusto de barba tupida llegó hasta donde estaba Gael— ¿Qué hacemos ahora?
     El aludido dejó de admirar como idiota a su enemigo alado que se divertía haciendo correr a todos como si se trataran de becerros.
     —Haremos lo que estaba previsto— Gael corrió con el arco y la flecha que ya tenía recostados junto a la entrada de su choza— ¡Qué comience la cacería de lagartijas!
     Moreth se divertía viendo correr a los humanos, eran tan asustadizos como ratones. Volaría dos veces más por sobre el poblado solo para recordarles que los dragones no eran criaturas para tomar a la ligera.
     Tal vez un poco de fuego aumentaría la gracia, tomando aire lleno sus pulmones expulsándolo luego en forma de grandes llamaradas anaranjadas. Eso solo le subió el tono a los gritos de las mujeres.
     Gael se movía rápidamente hasta el lugar donde la red estaba escondida, según había investigado el fastidioso dragón solía tomar siempre la misma ruta para salir de la plazoleta. Las llamas no estaban dirigidas a nada en particular, pero las chispas podían ser peligrosas si se tomaba en cuenta que los techos eran de paja.
     El enorme animal sobrevoló otras dos veces por sobre sus cabezas. Los niños lloraban escondidos tras las faldas de sus madres, el herrero y varios de los sirvientes trataban de mantener a la fiera alejada de donde estaban las mujeres y los niños.
     Gael llegó hasta donde estaban los otros esperándole, todos estaban listos, en posición. Tal vez si el dragón hubiera estado más al cuidado de lo que pasaba a su alrededor se habría dado cuenta de qué algo no andaba bien.
     Una última llamarada pasó demasiado cerca de donde estaban escondidos Gael y su gente.
     Moreth dio un giro en el aire, la fuerza del viento bajo sus alas  hizo que una carreta volara estrellándose contra una choza que estaba siendo utilizanda como bodega. La idea de jugar en la aldea ya no le pareció atractiva, era momento de regresar a la guarida.
     Gael aguardó sin delatar su posición. Escondidos él y su gente bajo unos cestos tejidos tenían las cuerdas en la mano listas para halarlas cuando el dragón usara la calle como ruta de vuelo que le llevaría rumbo a las montañas.
     La criatura dio un último giro antes de tomar la ruta de salida acostumbrada, grande fue su sorpresa al encontrarse de frente con una red que se extendía a su paso. Demasiado tarde para cambiar de dirección.
     Moreth reconoció la situación por lo que quera, le habían tendido una trampa.

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Para los que quieran leer los capítulos anteriores, los pueden
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Espero me puedan dar sus opiniones, necesito que ustedes me digan que parte les parece más interesante y en qué puede mejorar…
Al leer y comentar le ayudan de una manera invaluable a mi trabajo como escritora.

Con cariño:
Milagro Gabriel Evans


10 comentarios:

  1. De momento se esta desarrollando bien la historia Milagros, te envuelve y no puedes dejar de leer, solo comentarte unas faltas de ortografía, por si quieres arreglarlo (alvina es con b) y al final que has puesto "Moreth reconoció la situación por lo que quera", espero que no te moleste, muchos besos y esperando el siguiente.

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  2. Va genial solo el echo de que me quede con la duda si tiene los ojos verdes o negros? ya que en la primera parte dice que en sus ojos verdes ardía una chispa capaz de incendiar bosques enteros y después, su buen uso en la espada y sus inteligentes ojos negros. Gracias Gaby excelente capítulo estaré al pendiente.

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  3. Me encantó la histotia.... Quiero más ,gracias Mili. Saludos y espero saber más de esta historia.

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  4. Esta ves creo que no se te olvido lo de la edad del dragón... ¿Es una especie de suspenso verdad? (≧◡≦)
    Por cierto soy el anónimo del anterior capitulo (~ ̄▽ ̄)~
    Me gusto mucho este capitulo también... ME ENCANTA COMO ESCRIBES TUS HISTORIAS!! \(*0*)/
    No se si te sirva mi corrección pero en la palabra -Caracter- lleva asentó *carácter*
    En la parte donde sale esta frase: una choza que estaba siendo -utilizanda- como bodega. Hay una n demás en la palabra *utilizada*
    Eso es todo.
    Gracias por el Capitulo. (•̪◡•̪)

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  5. Hola Milagro, me ha gustado mucho el capi, y uniéndome a los comentarios, en la parte donde hablas de las vacas que mas leche daban, pusiste daba y como hablas de varios debe ser daban. Y en el caso de los guiones por ejemplo, en el párrafo donde dice: ―Podría funcionar ―aseveró para sorpresa de todos los presente, menos de Gael―, mi madre me había...
    Y en otro párrafo se fue un enter.
    Y en otro donde dice: ―Es hora de comenzar a trabajar ―dio por finalizada la reunión Gael―, si queremos tener todo listo...
    Bueno esos son algunos de mis comentarios, Saludos y espero haber podido ayudar, besos.

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  6. Muchas gracias por el cap--- Espero impaciente por el siguiente... Al parecer se va a poner bueno el asunto... ya quiero que aprenda la lección el pequeño dragón ... Fighting!!

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  7. mil gracias por publicar!! me encanto!! espero que Gael le enseñe a respetar!! jajaja Moreth va a recibir una buena lección y Gael seguro cae enamorado de el jajaja ya quiero leer mas!!!

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  8. Hola hermoso el capítulo lo resalto de nuevo no pierdes ningún detalle y eso es de agradecer porque al ser una historia ambientada en dónde? ese detalle me gustaría que lo pudieras ampliar un poquito.Puedo decir que ya me estoy enamorando de Gael jiji pobre Moreth lo atraparon besos hasta el próximo

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  9. Me encanto el capítulo ya quiero saber lo que le espera a Moreth por sus travesuras.

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  10. Jajaja me encantó, gracias por compartirlo con nosotros me encanta la parte del murciélago albino! Muy divertido! En mi mente hice que chocaran dos aldeanos y una aldeana gritara como soprano.

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