lunes, 20 de marzo de 2017

Capítulo 1_El apareamiento del Dragón






Capítulo I:  El tesoro del     Dragón Negro





—Esto es una cosa ridícula—se quejó por milésima vez el joven dragón. Aunque estaba en su forma humana los ojos grises fulguraban con el fuego propio de su raza.

Por otra parte el dragón más viejo sonrió con esa manera condescendiente que dan los años. Recostado en el arenero disfrutaba de los placeres sencillos que da el ser viejo y sabio.

—Eres demasiado joven—, el enorme animal de escamas tan negras como el ónix resopló levantando un pequeño tumulto en la arena frente a su hocico.

En la cueva el silencio solo era interrumpido por el silbar del viento que se colaba por la entrada de la bóveda principal. Allí era donde llegaban los visitantes o los humanos que por extrañas razones se animaban a escalar la montaña. Sobre el techo de esa bóveda había un boquete redondo que daba paso a otra bóveda privada en la cual dormía el Señor Dragón y su joven protegido.

Era en esa bóveda privada donde se encontraba el arenero que el enorme animal usaba para descansar o para pulir sus negras escamas con el constante frotarse. Una escalinata esculpida en la piedra, tan angosta que apenas si permitiría a un solo hombre caminar por ella a la vez, daba acceso desde la bóveda principal al segundo nivel. Estaba construida de esa manera porque era más sencillo encargarse de un invasor a la vez en lugar de todo un pelotón.

Moreth le dedicó una larga y estudiada mirada a su señor, conocía a ese viejo dragón desde que podía recordar, así que no se dejaba engañar por esa actitud desenfadada.

—Si fuera digno de una respuesta—, los ojos grises no se atrevían ni a parpadear, no fuera a ser que se perdiera algún detalle que le diera una pista de lo que ocurría— me gustaría saber por qué tengo que soportar que esos humanos pulgosos vengan a nuestra cueva. Me atrevo a decir que tostados a la brasas sería lo más recomendado.

Baardok sonrió mostrando dos hileras de dientes afilados como cuchillas de acero pulido. En los ojos rojos bailaba una chispa de diversión que rejuvenecía al imponente ser.

— ¿Es que acaso un Señor Dragón no puede ser amable con sus vecinos? —  provocó la escasa paciencia de Moreth. El chico era respetuoso y algo estirado, pero ¿paciente?; eso jamás. Viéndolo allí de pie, Baardok no pudo evitar recordar cuando le había encontrado hacía tantos años. Un pequeño dragón apenas capaz de sobrevivir sin sus padres, un nido atacado como parte de la terrible guerra que casi llevó a todos a la extinción. Tantas vidas perdidas.

—Somos dragones, mi señor— defendió su punto el hermoso joven de cabellos plateados y piel del color de los dulces duraznos, solo el enfado que se reflejaba en los ojos grises desmentían la delicadeza de ese ser— No tenemos por qué escuchar sus exigencias. Podemos muy bien vivir sin ellos.

El rugido que escapó del pecho del imponente dragón negro hizo que las paredes de piedra vibraran. En un rápido movimiento Baardok se puso sobre sus cuatro patas haciendo vibrar el suelo de piedra, de su hocico comenzó a escapar un humo gris.

—Ese pensamiento nos llevó a la guerra—, le recordó el mayor— una guerra que solo trajo grandes pérdidas para todos. Solo quién olvida está condenado a cometer los mismos errores. No caigas en la tentación de los necios.

Moreth conocía a su señor lo suficiente como para saber cuándo era mejor dejar las cosas por la paz.

—Disculpe, mi señor— dio un paso atrás he inclinó la cabeza desnudando la parte de atrás de su cuello. Ese simple acto hizo que la furia del dragón negro disminuyera lo suficiente como para aplacar el fuego que chispeaba en sus ojos.

—Ve a leer ese libro que te di hace unos días y del cual sé que no te has molestado ni en abrir— dando una vuelta sobre sí mismo el enorme animal se dejó caer nuevamente en el arenero— No quiero ver tu terca cara hasta el amanecer de mañana. Juró que estoy tentado a zurrarte el trasero como cuando eras un bichito molesto.

La mención del libro fue suficiente para hacer olvidar momentáneamente al chico de fingir cierto grado de sumisión. Levantando el rostro se atrevió a encarar a su señor.

   — Ese libro es enorme.

Antes de cerrar los ojos el dragón le dio un coletazo al suelo de piedra— Mañana te tomaré examen. Creo que el problema es que tienes demasiado tiempo para estar calentándote la cabeza con tonterías.

Moreth no pudo más que abrir sus ojos por la sorpresa, tanto fue así que temió tener que juntar sus globos oculares de las baldosas. ¿Cómo podía decir que perdía el tiempo? Tenía más deberes que el esclavo de un mercader tacaño.

—No voy a terminar a tiempo— se quejó aunque sabía que el viejo dragón ya estaba durmiendo para ese momento— Es un quehacer inútil.

Con la cabeza baja caminó lentamente hasta la pequeña abertura al fondo de la cueva, ese era el lugar donde  Baardok decía esconder su más grande tesoro. Antes de que alguien pudiera llegar hasta el lugar donde dormía Moreth, primero tendrían que pasar por encima del antiguo Dragón, cosa que era una mala idea por donde quiera que se le mirara.

Al ser un dragón más pequeño, su arenero no era tan grande como el del Señor Dragón. Además de su lugar para descansar en su forma animal, también tenía una cama propiamente dicha, la cual estaba cubierta por suaves pieles de oso. Desde que podía recordar Baardok le obligaba a dividir su tiempo en sus dos naturalezas. Decía que esa bipolaridad le hacía más fuerte que a otros de su especie. De lo único que tenía que tener especial cuidado era de no estar en su forma humana para la época de celo.

El mismo Baardok solía permanecer más tiempo en su forma  escamada que en dos piernas. Decía que por la falta de uso se podía perder dicha habilidad de cambiar.

La entrada a sus habitaciones privadas estaba cubierta por un tapiz bellamente bordado, no era el único que podía encontrarse en el sistema de cuevas, pero si era el más hermoso. En este se podía ver a un grupo de dragones negros volando hasta casi tocar el sol, las montañas muchos metros a bajo eran de un vivificante color verde.

Moreth corrió la pesada tela, del otro lado estaba su dominio lejos de los molestos humanos y del cascarrabias de su Señor Dragón. Lástima que el aburrido libro estuviera justo donde le había dejado tirado hacia unos días. Bonita lectura si uno quería una cura contra el insomnio.

       El chico le dio una rápida mirada a sus aposentos buscando alguna buena excusa para no tener que leer el puto libro. Todo estaba tan ordenado como siempre. El arenero que estaba en el centro estaba impecable, las pieles de oso estaban colocadas sobre su cama cuidadosamente, los libros en el librero estaban ordenados según nombre. Hasta las piedras de dragón seguían incandescentes llenando la cueva con un calor agradable.

       Con el libro entre las manos se dejó caer sobre la cama, acostado con sus piernas colgando y el pesado libro sobre su pecho, cerró sus ojos tratando de hacer memoria Con algo de suerte tendría algún otro deber que cumplir, algo de vida o muerte que lo librara de una larga noche de entretenida historia. Mala cosa, no tenía nada más pendiente. Hasta sus bonitas túnicas estaba colocadas en sus percheros, algunos humanos tenía la creencia de que él era el amante del Señor Dragón. Los ingenuos pensaban que trayendo caros regalos se ganarían su favor.

       Era triste ser el tesoro de un viejo dragón y que este te tratara lo mismo que a un sirviente, o peor aún, te tratara como un niño que necesitara ser castigado por pensar diferente. Qué culpa tenía él de que los humanos fueran seres inferiores propensos a matarse entre sí por cualquier nimiedad.



“La quinta guerra dragón”



Los dragones, señores de la tierra cayeron en la tentación que da el poder. Olvidando su lugar en el todo, decidieron ser el centro de todo…Dragón contra dragón, hermano contra hermano.

La guerra destruyó nidos y para detener al enemigo mataron tantas hembras que la tierra se tiñó de rojo de su sangre…

Los hombres aprovecharon ser mayoría, sus mujeres eran protegidas mientras parían hijos sanos. La fortuna estaba a favor de los hombres sabios dándole la espalda a los dragones necios…

La guerra fue ganada por el que sobrevivió, las pérdidas fueron tan cuantiosas que nadie celebró el triunfo, el precio había sido devastador…

 Los dragones estaban en peligro de  extinción, los hombres morían porque nadie había tenido tiempo de sembrar la tierra, la magia que sostenía el flujo de la vida de los seres mágicos se desvanecía matando sin hacer distinción entre lo antiguo o lo nuevo…

La quinta guerra trajo consigo un periodo de paz donde nadie confía en nadie y donde todos tienen miedo de traer la desgracia nuevamente sobre la tierra…



            A pesar del tedio logró terminar de leer el estúpido libro. Sin estar muy seguro de pasar el examen de su señor, se quedó dormido aún con la ropa del día puesta. Era una suerte que se hubiera quitado las botas antes de caer inconsciente.

            Por culpa del libro sus sueños fueron extraños. Imágenes de grandes dragones que surcaban el cielo tapando la luz del sol con sus enormes alas. Aldeas de hombres incendiadas, gritos de guerra y llantos desesperados. Todo esto envuelto en la bruma de lo irreal.

La suave luz de la mañana tocaba  la cima de las montañas. Los valles todavía no recibían la bendición del nuevo día. Moreth estaba en su forma de dragón sentado en una saliente rocosa. Como era lo propio de un dragón real, la parte alta de su dorso, cabeza y cola eran plateadas mientras las escamas de su panza, hocico y alas eran blancas como la nieve recién caída.

Desde donde estaba Moreth  podía observar lo amplio que era el mundo. El estúpido libro que había leído apenas dos noches antes le había dejado un dolor sordo, molesto, en su pecho. Los recuerdos de su nido de origen eran tan vagos que apenas si podía recordar las imponentes figuras plateadas de sus progenitores. Él también había perdido mucho en la “Quinta guerra”.

El Señor Dragón le había enseñado tantas cosas desde que le había encontrado perdido entre los escombros. Podía recordar el terror que le había provocado ver al imponente dragón negro volar hasta donde él estaba, aterrizando luego con la gracia elegante que da la experiencia. Le debía tanto, pero aun así le era difícil entender como alguien podía hablar de paz cuando en su corazón latía un corazón incompleto.

De los dragones ya poco quedaba, Baardok mismo le había dicho que los dioses habían castigado a su raza condenándolos a la extinción. La única salida para tal destino era que los dragones aprendieran la lección de humildad. Aceptar que eran parte del todo, no el centro de todo.

La luz del sol dominaba en lo alto del cielo cuando Moreth se sintió con ánimos de regresar a sus deberes en la cuerva del Señor Dragón. Un dragón compartía con su pareja la mitad de su corazón, Moreth jamás encontraría a un igual para hacerlo. Esa verdad lo entristecía, probablemente no había ya en el mundo otros que como él o Baardok estuvieran libres de la locura.

Un cambio en la dirección del viento le trajo los sonidos provenientes del valle. Una sonrisa malintencionada se dibujó en el hocico del dragón plateado. Aunque a su Señor Dragón le molestaban las travesuras infantiles de su tesoro, usualmente se las perdonaba en nombre de la juventud de Moreth.

Para alejar la tristeza que a veces ensombrecía su corazón, o tal vez porque simplemente era un malvado dragón que disfrutaba de fastidiar, Moreth se decidió a hacer una visita al pequeño poblado. Ver correr a los humanos se le hacía demasiado divertido como para negarse a dicha tentación. Luego podía poner como excusa que él simplemente estaba volando y que los humanos eran demasiado dramáticos.

Con la seguridad que da el saberse ágil en el vuelo, con fuego en el pecho, además de garras enormes y un malsano sentido de humor, Moreth extendió las alas.  Sonriendo como un desquiciado emprendió el vuelo a su diversión favorita. Esa era la tercera visita que hacía durante el mes y todavía los humanos cobardes no se decidían a subir hasta la cueva del Señor Dragón a lloriquearle.

El líder de la aldea había muerto de anciano, desde entonces ningún otro había tenido las agallas suficientes para presentarse ante  Baardok. Sus travesuras quedarían lejos de la vista del dragón negro.

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Gracias por visitarme…
Dime algo que me pueda ser útil acerca de esta historia para lograr mejorarla.

Con cariño:
Milagro Gabriel Evans
 

15 comentarios:

  1. Ohhhh será que conocerá a alguien especial en el pueblo está vez??? ❤️❤️❤️

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    1. Eso es lo que necesito, que me digas lo que te va interesando de la historia...

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  2. Hola Milagro me está gustando mucho la historia, con respecto a lo que comentas, noto algunos detalles con los guiones de diálogo, puntos, comas y acentos. Por ejemplo, en la palabra Juro que dice uno de los dragones, colocaste juró y por el sentido de la oración pienso que debería ser juro. Saludos y besos enormes.

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    1. Gracias, amiga... Eso es lo que necesito...
      Si vez más errores de ese tipo o de narrativa no dudes en decirmelo...porfa

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  3. Me gusto muco este caitulo,quiero otro (≧∇≦)/
    Una pregunta...
    Cuantos años tiene él joven dragón? No lo mencionas en este capítulo(^v^)

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    1. Gracias por hacerme notar esos detalles... Pronto te diré cuantos años tiene el dragón

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  4. Creó que es pronto pará hacer sugerencias pero ya estoy deseando más, aún que no es raro yo siempre me enganchó de tus historias con mucha facilidad, eres la mejor Gaby.

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  5. Un buen comienzo en el primer capítulo, algún detalle como una coma o algún guión, pero de momento va todo genial, besos!!

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  6. Me gusta la historia, me parece interesante y dramatica. Como sugerencia quisiera aportar algo, pues en todas las historias los protagonistas son siempre los pasivos, me gustaria mayor protagonismo del activo, que no sea solo complemento si no tambien parte, no se si me hago entender, mil disculpas.
    Es mi opinión sin ánimo de molestar, tus historias siempre me han gustado.

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  7. Debo decir que me sorprende tal inmadurez por parte del dragón plateado, entiendo que es un mimado eso si, aunque tenga sus obligaciones sus niñerías son perdonadas sin chistar y de ahí el problema... a ver que pasa con esta bromita, espero que lo lleve a recibir una lección.

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  8. hola!! jajaja me encanto!! que travieso es Moreth espero y conozca a alguien mas maduro que el!! gracias por publicar besos..

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  9. Hola Milagros muy bueno el capítulo,lo que me gustan mucho son las descripciones tan bien detalladas de las personalidades y la introducción muy bien tendenciosa de quién se hara cargo del pueblo aunque en lo personal quedó algo evidente no sé si me explico.Como dijo una de las chicas el detalle de la edad de los personajes sería un buen elemento a añadir porque por las travesuras de Moreth me parecio muy chico.Espero tomes nuestras palabras con mucho cariño y te ayuden gracias por compartir tus hermosas historias besos

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  10. Hola, me gusto el capítulo y los personajes son entretenidos espero que la historia vaya mejorando cada vez más.

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  11. Holis, preciosa.
    Buen capítulo, interesante historia. De momento puedo comentar sólo eso, y que estoy impaciente por leer el siguiente capítulo. Más adelante aportare con comentarios más elaborados (eso espero)

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  12. Me encanta!! Muchas gracias, seguiré leyendo a este revoltoso jejeje me encanta la idea del arenero y me los imagino como un gato con catnip jejeje.

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