miércoles, 22 de marzo de 2017

Capítulo 3_El apareamiento del dragón







Capítulo 3: La caída del Dragón Real

El rugido del dragón peligraba escapar de su pecho, eso era algo que debía evitar. Si su Señor Dragón se enteraba de la travesura las cosas podían ir bastante mal para él.
Para Moreth la cercanía con la red hacía imposible cambiar el curso del vuelo de colisión con la maldita cosa. Los humanos habían resultado ser más listos de lo que él había pensado. Alguno de esos cobardes había tenido las bolas suficientes para poner en marcha una cacería.
Más les valía a los humanos tener la fuerza suficiente para sostener a un dragón en pleno vuelo.
Con la cabeza en línea perfecta con el resto de su cuerpo, con las alas en posición de colisión las protegió de salir lastimadas, estaba decidido a llevarse por delante a todos esos imprudentes aprendices de cazador.
Una veintena de humanos se dejaron ver, todos ellos muy seguros del inminente resultado de la partida. Moreth les demostraría lo grande de su error.
El choque con la red fue violento, las cuerdas que estaban clavadas a estacas en el suelo se reventaron por el impacto y otras lo harían en cualquier momento. Algunos humanos fueron arrastrados varios metros hasta que vieron que sostener al dragón era imposible, soltando las amarras que mantenían a la red en posición dejaron solo a un único humano que parecía no enterarse del fracaso del plan.
Moreth sonrió como solo un dragón puede hacerlo. Por el impulso que llevaba arrastró el enredado cumulo de nudos, cadenas y sogas llevándose consigo a un idiota que no cesaba en su cometido de evitar su escape.
Gael plantó sus piernas en el suelo con la arrogante idea de vencer a la alvina criatura. El ruido de las cuerdas al reventarse delató el falló de sus plantes. Los gritos de los hombres y el arrastre de la red dieron todo por perdido. Las cadenas se convirtieron en peso muerto.
El dragón estaba enredado en la maraña, aunque Gael estaba seguro que eso no seguiría así durante mucho tiempo. Como supuso, la feroz bestia exhaló fuego quemando los nudos que le retenían.
La última cuerda que ataba al animal a una estaca clavada en el suelo se reventó dejando al jefe da aldea solo en su esfuerzo. Con el efecto de un arco al disparar una flecha, ambos, humano y dragón fueron impulsados hacía a delante junto con un cúmulo de desechos.
Los aldeanos olvidando su terror corrieron hasta donde la trampa se convirtió en un enorme enredo. El dragón apenas les vio acercarse expulsó fuego por su hocico abierto, advirtiendo que pasaría de seguirsen acercando.
Extendiendo las alas acabó con los restos chamuscados de las cuerdas, estas aunque estaban destruidas se mantendrían unidas a ciertos puntos aunque la lógica dijera que eso era imposible. Moreth no tenía que ser un genio para saber que allí había alguna especie de truco. Alguien en esa aldea no era precisamente un ignorante campesino.
Gael fue el primero en salir arrastras de entre los restos de los canastos que se vieron halados junto con el dragón y la red hasta dar a las afueras del pueblo. Buscando el arco no lo encontró a su espalda, no había restos de este. La única opción que quedaba era la espada.
Los aldeanos habían escogido un pésimo momento para demostrar valentía. El dragón estaba en tierra y se podía notar que estaba furioso, si es que el fuego daba alguna pista de eso. Los despojos de la trampa no le permitían liberar del todo las alas para poder levantar vuelo.
El dragón al ver a los humanos acercarse con palos y piedras dejó salir otra llamarada de sus fauces. Lo que en un principio fue un juego iba a acabar convirtiéndose en una masacre.
Gael se decidió a tomar la espada que había traído consigo colgando del cinto. El arma estaba tirada a unos metros sin su cubierta. Aunque le dolía la pierna derecha corrió frente a donde estaba la fiera, lo último que necesitaba era que el dragón se le fuera encima a la gente desarmada que corría en su defensa. La idea de aceptar la oferta de su padre de traer soldados se le hizo muy buena en ese momento.
Los dragones no eran tan de confianza como había pensado en un principio.
—Lárgate de una puta vez— ordenó Gael de pie frente al animal— Entraste aquí como un vil bandido y de esa manera te marcharas.
Moreth dejó de mostrar los dientes y gruñirle a los humanos que se acercaban hasta el lugar donde habían ido a dar cazador y presa. Un vil campesino con espada se atrevía a amenazarlo blandiendo el metal, prestándole atención notó que el hombre no parecía alguien ajeno al uso de las armas.
— ¿Cómo te atreves cucaracha insolente? — las palabras del dragón apenas si eran entendibles al salir de las fauces que estaban hechas para romper huesos más que para diálogos poéticos.
Gael por un momento quedó prendado de los extraños ojos del animal. Los ojos grises estaban surcados por vetas verdes, tenían una apariencia más hermosa que las gemas del collar que su padre le había regalado a su madre hace ya tantos veranos. Los gritos aterrados de las mujeres que quedaron rezagadas tras los hombres despertaron al jefe de la aldea del embrujo del dragón.
Soe, el chico que era hijo del panadero, un rubio de ojos claros corrió junto al jefe de la aldea.
—Usted prometió que él haría la labranza— reclamó sin importarle estar tan cerca del furioso animal— Él ha causado muchos daños en la aldea, él debe de ayudar a reparar las cosas.
Si en todos sus años de existencia Moreth había escuchado algo tan atrevido como las palabras de ese mocoso, le gustaría que alguien se lo recordara, porque algo como eso era inaudito.
El fuego que ardía en su pecho subía por su largo cuello hasta poder saborearlo en su lengua, sus ojos grises ardían con la leña del orgullo ofendido.
—Si tan seguro estas de poder doblegarme ven e inténtalo— habló sin dejar claro si se dirigía al guerrero de la espalda o al bichejo bocón que le miraba desafiante sin apenas medir más de un metro y medio de alto—Por qué juro que devoraré al primero que venta a probar suerte.
—No tientes a la dama fortuna— advirtió Gael— porque ya ella te hizo morder el polvo par causa de la trampa de simples humanos.
El rugido de Moreth hizo que el aire vibrara a su alrededor logrando que varios de los campesinos dieran un paso atrás. No estaba en su naturaleza la templanza en la que tanto insistiera el Señor Dragón.
Los gritos de los humanos, el olor ha quemado del fuego al consumir los techos de las casas cercanas al prado donde el dragón estaba sitiado, comenzaron a ser difíciles de ignorar. Las personas dejaron de vigilar los movimientos del animal furioso para comenzar a tomar conciencia de qué había una emergencia más inmediata.
Moreth aprovechó la confusión para remontar el vuelo sin importarle que todavía tuviera cuerdas alrededor del cuerpo, se llevaría con él lo que tuviera que llevarse. El golpe seco de las cadenas al golpear el suelo fue la despedida de la bestia alada.
Con gran dificultad el animal logró remontarse apenas unos metros cuando su ala derecha protestó por el esfuerzo. Con el único objetivo de llegar a la guarida poco le importó la punzada en la unión entre el hueso del ala y su dorso. Mala suerte. No había logrado alejarse mucho del poblado cuando se vino abajo golpeándose contra los árboles que bordeaban el prado.
Moreth apenas si fue consiente del dolor del golpe y del crujido de los árboles al quebrarse contra su peso. El juego ya hace mucho había dejado de ser divertido. La oscuridad le rodeo hundiéndolo en la inconciencia.
Gael vio como el dragón se elevaba justo antes de lanzar una bocanada de fuego sobre las casas que estaban a las afueras. La fiera malagradecida pensaba causar el mayor daño posible antes de marcharse.
De la trampa de red solo quedaban algunas cuerdas, varias de ellas seguían enredadas en el dragón. Gael vio en ese detalle la oportunidad. Tomando la cuerda más larga que estaba unida a una enorme roca, la anudó a una que todavía colgaba del dragón. Aunque el animal se había separado de la tierra, el vuelo no parecía tan ágil y rápido. Era como si el esfuerzo de mantenerse en el aire fuera casi insostenible.
Justo cuando la cuerda se tensó porque el dragón se había alejado, el bichejo haló con más fuerza reventándola de golpe. Como consecuencias el dragón se estrelló contra la arboleda que marcaba el final de los prados de labranza.
El rugido del dragón y el estruendo de los árboles al quebrarse llenó de horror al poblado. Los campesinos sabían que el Señor Dragón, con algo de suerte, perdonaría a los campesinos por querer darle una lección al más joven, pero jamás si le causaban un daño permanente.
Gael estaba lejos de entender las razones de los rostros de pánico de los campesinos. A él lo movían razones que no podía entender del todo. Tal vez era simplemente que el hecho de ver morir a una criatura tan bella era una injuria contra la naturaleza.
Sin preocuparse por nada más, acomodó la espada al cinto y corrió ignorando a propósito el molesto dolor de su pierna que seguía resentida, ya luego se ocuparía de eso. El dañino dragón blanco no podía morir sin antes haber ayudado a reparar los daños que había causado a los campesinos de sus tierras.  Eso era todo.
Una vez en el lindero del bosque, Gael se dedicó a seguir el rastro de árboles quebrados y tierra removida. El golpe había sido bastante fuerte por lo que podía notar.
Con cuidado de no llamar la atención de una fiera herida caminó escondiendo su cuerpo entre los troncos caídos. Después de ver el estado en que estaba la maravillosa criatura, Gael supo que andarse escondiendo no tenía sentido ahora.
La noche era todavía joven, unas cuantas estrellas alumbraban tímidamente desde el ennegrecido cielo, una brisa fresca mecía las hojas de los árboles que todavía seguían en pie.
El dragón estaba tirado sobre el suelo del bosque tan largo como era su cuerpo, la cola reposaba sobre un tronco destrozado, el estilizado cuello descansaba sobre un montículo de tierra causado por el arrastre.
Gael salió de entre los troncos, saltando entre unas rocas llegó hasta donde estaba el animal inconsciente. Las escamas de plata parecían brillar al ser tocadas por el lejano brillo de la luna. De todos los dragones que había visto en las páginas de los libros de su madre, jamás pudo apreciar a uno tan hermoso.
Sucio y lleno de tierra, Gael hijo de Beirhar, por primera vez en su vida deseo haber dejado las cosas por la paz. Como ya su madre le había advertido mil veces: el orgullo siempre era la antesala de la caída.
En la aldea los pobladores estaban más preocupados por apagar los incendios que por cerciorarse de la muerte del dragón, eso sería algo de lo que todos se preocuparían al amanecer.
Gael estaba solo sin saber muy bien lo que hacer con un animal tan grande, no era como que pudiera llevarlo a su choza y tratar de curar las heridas. Sabía que vivía aún, porque al atreverse a tocar el pecho pudo sentir como este se extendía y contraía halando aire. El problema es que por más que le dio golpecitos sobre la nariz la criatura no hizo ningún intento de abrir los ojos. Definitivamente esa era una mala noticia.
Las sombras de la tarde habían dejado el paso a la noche cerrada, en menos de una hora la oscuridad era total. La belleza de escamas plateadas descansaba sobre el desastre de tierra revuelta y troncos cercenados.
—Dragón idiota—, le dio un golpe algo más fuerte de lo aconsejado en la cabeza—dijiste que te comerías al que intentara hacerte morder el polvo. Aquí estoy…al menos deberías intentarlo.
Gael no quería admitirlo ante sí mismo, estaba preocupado por el imprudente animal. Los dragones era tan escasos que algunos se atrevían a llamarlos leyendas, ni que decir de uno del color de la plata.
Ver a la criatura allí tirada era tan triste como ver a un noble rey caer en desgracia.
—Todo esto por el capricho de hacer daño— se lamentó Gael— ¿Tenías que venir a la aldea para destruir lo que con tanto esfuerzo ha costado levantar?
Tomando aire el noble se decidió hacer algo, lamentarse nunca le ha redituado ganancia a nadie. Con cuidado recorrió el cuerpo del animal con sus manos y vista, buscando de esa manera si este tenía alguna estaca clavada que pudiera complicar las cosas. Si se desangraba no habría mucho tiempo para salvarle la vida.
De lo que pudo ver no encontró daño, posiblemente lo que tuviera el bichejo sería interno, por que a simple vista no podía determinar que heridas tenía tan graves como para no despertar.
Tendría que ir al poblado, dejar las cosas organizadas he ir luego personalmente hasta la parte alta de la montaña y buscar ayuda para el dragón.  Baardok sabría qué hacer con otro de su misma especie. Bien era cierto que había planeado un castigo para la lagartija alvina, pero jamás fue su cometido matarle.
Estaba por partir rumbo a la aldea, cuando sintió más que ver a una sombra que se cernía sobre él. Al levantar la vista distinguió las formas de un poderoso dragón negro que doblaba en tamaño al más pequeño tirado sobre la tierra del bosque. Dos giros más en el aire y el enorme animal aterrizo suavemente a unos metros del desastre.
La voz grave, gruñente del dragón, se hizo escuchar.
— ¿Qué ha pasado aquí? — Exigió saber Baardok— ¿Por qué el tesoro que protejo esta tirado sobre el lecho del bosque?
Los ojos rojos del dragón refulgían con la furia apenas contenida.
Gael se alejó del cuerpo inconsciente, sin bajar la vista ni inclinar la espalda se posiciono frente al Señor Dragón. Era hijo de su padre, guerrero de mil batallas, era hijo de su madre, una hechicera que jamás había entendido la delicadeza de su género. No podía rebajar su nombre en menosprecio del de su familia.
—Señor Dragón—, habló sin dejar ver ni un ápice de preocupación— aquí observas el resultado de no vigilar a tu protegido.
El rugido del dragón bien pudo escucharse hasta las tierras que llegaban al mar.
— ¿Te atreves a decir que le has hecho daño a propósito? — las escamas del dragón negro se erizaron ante la soberbia del hombre—¿A caso rompes nuestra tregua con esto?
—Este dragón—, ignorando a propósito la amenaza, Gael señaló al animal caído — vino a nuestra aldea en al menos tres ocasiones. Mató a varios de nuestros animales de trabajo, acabó con dos ovejas e incendió varias casas. Eso sin mencionar el terror que le ha causado a nuestras mujeres y niños. Se divirtió aterrorizando sin preocuparle consecuencias.
Baardok, conocedor de la naturaleza humana, tenía razones de sobra como para desconfiar de la mayoría de los de esa raza.
—Acusas de cosas graves a Moreth— el dragón negro no se atrevió a defender del todo a su protegido. Desde hacía un tiempo tenía ciertas sospechas, aunque jamás pensó que las travesuras llegaran a tanto— ¿Estas seguro de lo que dices?
Gael sabía que los dragones no eran seres fáciles de engañar, había algunos que tenían entre sus dones el distinguir la verdad de la mentira. Las consecuencias de enfadar a un dragón eran legendarias.
—Lo sostengo— se cruzó de brazos el joven guerrero. Su metro noventa erguido, sus ojos negros sin retirar la mirada de su interlocutor— Aunque, Señor Dragón, el daño causado por este que llamas Moreth ha sido grave, por ahora lo único que pido es que le salves la vida. Luego hablaremos de la justa retribución a mi gente por los daños sufridos.
El dragón negro inclinó su cabeza en un gesto de concentración, el joven humano era noble. No pedía venganza, sino justicia. Eso era algo que él podía respetar.
—Yo haré justicia—, hablo el dragón.— Por ahora solo márchate y déjame cuidar de mi protegido. Luego te avisaré cuándo y de qué modo retribuiré el daño.
Gael debía de saber que la prudencia en ocasiones no es tan mala de practicar— Yo pido en cambio de los daños algo que beneficiará de manera oportuna a mi aldea. Este dragón usará sus fuerzas para otra cosa que no sea causar mal.
Baardok achicó sus ojos rasgados tratando de leer en el hombre si este se había vuelto loco— ¿Y tienes ya pensado como mi protegido usará sus fuerzas?
—Lo tengo pensado— Gael levantó el rostro encarando al dragón cuya cabeza se había acercado hasta casi respirar el mismo aire que el humano.
 —Escucho— repuso el dragón.

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Gracias a todos los que con sus opiniones me ayudan con el trabajo
a realizar en esta novela…
Valoro cada uno de sus comentarios, la ayuda que me brindan
es invaluable para mí.



Recuerden que en la columna izquierda está el enlace de los otros capítulos de esta novela.



Con cariño:
Milagro Gabriel Evans
 


15 comentarios:

  1. Muchas gracias por el cap. La verdad espero que no le haya pasado nada grabe a Moreth pero lo que sea que le impongan como castigo creo que será lo justo... teniendo en cuenta su arrogancia, pero bueno, solo es cuestión de esperar y ver.

    Gracias por el esfuerzo y Fighting!!

    Esperare el próximo cap con impaciencia.

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  2. Milagro tiempo si pasarme por tu blog y sorpresa me encuentro una historia nueva de dragones,huelo romance entre Moreth y Gael ya imagino el castigo que le impondran

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  3. QUE INTEDEZANTE SE PONE LA COCHA.....ME ENCANTÓOOO...DALE DALE...Y NO PARES!!!!!...BSS

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  4. Hola!!!
    Muchas gracias por este capítulo, que historia tan buena. A esperar la continuación !!!!

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  5. Se me hizo corto el capítulo, me encanta Gaby no pares.

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  6. Es un buen capitulo,amiga sigue escribiendo, espero con ansias el siguiente

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  7. Hola me ha gustado mucho el capi, besos enormes y mil gracias por seguir compartiendo con nosotros tu trabajo.
    PD: hay un detalle en lugar de poner de pusiste da en un parráfo

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  8. Muchisimas gracias Milagro !!! amo todas y cada una de tus historias , besos.

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  9. Hola! Me encanto....jajajaja pobre moreth de esta no se salva jajaja vamos a ver que trabajo le dan....mil gracias por compartir...saludos

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  10. Hola divina me encanto el capítulo siempre dan ganas de leer más y más.Hay algunos errores como era que va eran porque el verbo para la oración va en plural pero son cosas de cuando uno escribe apurado.Por lo demás muy bien estructurado y todo muy natural en su desarrollo.Pobre Moreth esta en el horno jiji besos

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  11. Hola.....Amo las historias de dragones.....Y los capítulos que has publicado me encantan. Gracias por compartir tu trabajo.... Saludos

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  12. me encanto y me recordo la escena de una pelicula creo que se llama El Corazon del dragon.. hay una escena en el pueblo y vaya si me la recordo..
    graciaas por esta nueva historia

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  13. Gracias! Todavía estoy tratando de adivinar el tamaño de la lagartija ehem, del dragón albino

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